Los líderes abocan al país a otro bloqueo tras el 26-J por su dificultad para pactar

Mariano Rajoy solo contempla dos alternativas para después del 26-J: la gran coalición con el PSOE y, eventualmente, Ciudadanos o un Gobierno suyo en solitario y siempre, claro está, que los demás le dejen. Ambas salidas parecen ahora mismo improbables: Pedro Sánchez rechaza de plano el pacto con el presidente en funciones o con otro candidato del PP y ni él ni los demás candidatos están dispuestos a que prime el criterio del partido más votado sobre el de aquél que tenga más apoyos parlamentarios, gracias a sus acuerdos con otras fuerzas, para formar el futuro Ejecutivo. Todos aseguran que no desean unas terceras elecciones pero, a cinco días de que se celebren las segundas, esa parece ser la única opción.

lideres-448El presidente del Gobierno en funciones ha participado este martes en un desayuno informativo en Barcelona, organizado por El Periódico de Cataluña, en el que ha vuelto a insistir en que ofrecerá de nuevo la gran coalición si los resultados del domingo son parecidos a los de diciembre. Si no hay pacto, él está “dispuesto a gobernar en solitario” ya que considera que se debe permitir gobernar “al que tenga más votos”. “Voy a hacer lo mismo que el 20 de diciembre”, ha dicho.

Enric Hernàndez, director de El Periódico, ha replicado entonces con una pregunta: ¿Eso significa que rechazará de nuevo el ofrecimiento del Rey para ir a la investidura si no tiene apoyos? “¿A qué vamos a ir a la investidura? La investidura sirve para investir”, se ha preguntado a su vez Mariano Rajoy. Es decir que, si no se produce un giro de 180º en la postura de quien puede tener la llave de la gobernabilidad -honor que, según las encuestas, recaerá en el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez- el panorama postelectoral será una repetición casi idéntica del que se produjo tras el 20-D.

Sánchez no está obligado a facilitar un Gobierno de Rajoy pero entonces, y siempre según lo que avanzan las encuestas, solo le quedará la posibilidad de pactar con Unidos Podemos. Pero el líder socialista tampoco quiere hacer presidente a quien frenó su propia investidura en el caso de que obtenga más escaños que su partido. Tanto si es así como si el PSOE queda por encima y sigue siendo la segunda fuerza política, a Sánchez le va a costar reconstruir los puentes que está dinamitando durante la campaña al atacar constantemente a Unidos Podemos, seguramente con el convencimiento de que es su única estrategia posible para evitar la fuga de votos y quedar relegado al tercer puesto de la tabla.

De hecho, Sánchez lo ha vuelto a hacer este mates cuando ha acusado a Iglesias de estar engañando a la gente con el referéndum de Cataluña al decir en un sitio que es una línea roja y en otros que está dispuesto a negociarlo. Lo cierto es que el líder de Podemos ha dicho en una entrevista en la Cadena Ser que no renunciará a defender la autodeterminación pero que está abierto al diálogo con el PSOE si pone una propuesta sobre la mesa. Sánchez, sin embargo, se ha quedado con el trazo grueso de la declaración y ha clamado contra él en un acto con jóvenes socialistas celebrado en el Centro Cultural Tomás y Valiente del municipio madrileño de Fuenlabrada: “Le digo a Iglesias que frente al derecho de autodeterminación que él defiende, los socialistas defendemos el derecho a convivir unidos en la diversidad. Todos los socialistas defendemos lo mismo”.

El PSOE se centra en atacar a UP: referéndum, programa económico, comunismo…

El candidato socialista también ha reprochado a Iglesias que no diga la verdad con su plan económico, que prevé un aumento del gasto público de 60.000 millones. Con este aumento “desproporcionado y desorbitado”, ha advertido, no se puede resolver el problema del déficit y la deuda. “Eso no es posible. No engañes a la ciudadanía”, le ha amonestado el líder del PSOE, que ha denunciado igualmente el empeño de Iglesias y de Juan Carlos Monedero por controlar a los jueces, a la policía y la radiotelevisión pública.

En su retahíla de reproches al líder de Podemos, Sánchez incluso ha vuelto a salir en defensa del Partido Comunista de España (PCE) por renegar de él. “Discrepo en lo ideológico del PCE. El PSOE es algo muy distinto, pero no me gusta este manoseo de la historia y de las ideologías cuando muchas personas murieron por defender la ideología comunista. Aquel que califica poco menos al PCE y al comunismo como un mal de juventud, le digo que le tenga un poco más respeto, porque gracias al PCE, en España también hay democracia”, le ha recordado. Y, de paso, le ha exhortado a que “no manosee ni el pasado, ni el presente, ni el futuro del PSOE porque la socialdemocracia tiene siglas y son las del PSOE”.

Desde luego, si en algo coinciden Rajoy y Sánchez es en haber situado a Iglesias y a Podemos en el centro de su diana. Ante una audiencia formada por dirigentes del partido y numerosos empresarios catalanes y representantes de la sociedad civil, el presidente en funciones ha vuelto a echar mano del mensaje del miedo para señalar que España puede dar “un formidable salto adelante” si se mantienen sus políticas o por el contrario “podemos ver cómo la recuperación se frustra ante nuestros ojos en cuestión de meses” si se “desmontan o liquidan” dichas políticas. En esa línea, ha subrayado que “la inversión puede huir si pierde la confianza en el futuro del país y la creación de empleo se puede frenar, o incluso revertir” si España se “sumerge en la parálisis institucional, o lo que es peor, en la ruptura del modelo constitucional”.

Escrache contra Rajoy, la cuestión catalana y las contradicciones de Rivera

Todo ello en un acto en el que, como pasó hace dos días en Lleida, dos miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) han irrumpido entre el público, mostrando las camisetas verdes de la asociación y acusando a Rajoy de los desahucios de los últimos años. El jefe del Ejecutivo en funciones ha defendido las medidas “importantes” tomadas por su Gobierno para evitar los desahucios pero ha considerado que el problema “más importante” no son los desahucios “por puras razones económicas” sino cuando “hay gente que por puras razones políticas invaden la propiedad de una persona o entidad”, porque eso es “abofetear el derecho de propiedad, uno de los más sagrados”.

Sobre Cataluña, por cierto, se ha mostrado convencido de que una gran coalición entre el PP y el PSOE tendrá “más posibilidades” de hacer cosas ante el debate soberanista. Ha asegurado que la reforma de la Constitución no es, “en absoluto”, una línea roja para él, pero ha insistido en que le gustaría saber qué quieren los socialistas “exactamente” cambiar de la Carta Magna. “Necesito que alguien me lo explique”, ha añadido.

A Rajoy y a Sánchez les ha respondido ya el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, instándoles a que se sienten a negociar la formación de gobierno desde el 27 de junio, al día siguiente de las elecciones, “sin sillones y sin condiciones previas”. La postura de Rivera, no obstante, no es mucho más clara que la de sus rivales. El candidato del partido naranja se ha llenado la boca asegurando que no facilitará un gobierno presidido por Rajoy. Ahora, en cambio, sí quiere contar con el presidente en funciones y con el líder socialista para llegar a un acuerdo ante la posibilidad, según apuntan las encuestas, de que la aritmética de las elecciones del domingo sea muy similar a la de diciembre. Cuando le han preguntado por el particular, ha explicado que no cree contradecirse porque “una cosa es el PP y otra fiarlo todo a Rajoy”, y ha señalado que igual que los votantes de Ciudadanos quieren abrir una nueva etapa, sin Rajoy, muchos electores del PP también lo quieren.

Rivera ha planteado esta propuesta durante un acto en Avilés al asegurar sentirse “preocupado” por la intención del candidato del PP de no presentarse a la investidura si no cuenta con los apoyos suficientes. “Me sorprende que quien dice que quiere gobernar España”, ha subrayado, se plantee ahora “decir no al Rey” si es el candidato más votado, advirtiendo que el país “no se merece” otros seis meses de bloqueo institucional ni otros 170 millones de gasto en unas terceras elecciones.

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