Sánchez reaparece para afianzar su apuesta por el pacto de la izquierda

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sanchez-costa-448Desde el tormentoso Comité Federal del lunes 28 de diciembre, Pedro Sánchez ha estado desaparecido de la escena política. Desde entonces, se han producido acontecimientos que han alterado las condiciones en las que se produjo la cita de los dirigentes del PSOE y el conato de rebelión encabezado por Susana Díaz para descabalgar al líder. Para empezar, el ‘no’ de la CUP a Artur Mas y la sensación de que unas nuevas elecciones catalanas son ya inevitables convierte en papel mojado el calendario que se habían marcado los dirigentes territoriales y desactiva las pretensiones de la presidenta de la Junta, que tendrá que esperar una vez más a que se resuelvan otras grandes incógnitas del panorama nacional.

Sánchez ha estado callado y fuera de los focos, pero esto no significa que no haya dejado clara su postura ante el abanico de opciones que se abrieron el 20-D para la gobernabilidad del país. Su portavoz parlamentario, Antonio Hernando, se encargó el martes de responder a la nueva invitación del presidente en funciones, Mariano Rajoy, para articular una gran coalición a tres bandas -PP, PSOE y Ciudadanos- asegurando que esa alianza ni siquiera se contempla en la dirección socialista y que “no significa no”, un portazo en toda regla a cualquier intento de negociación. A pesar de todo, Rajoy no cede al desaliento y en una entrevista en la COPE no sólo se mostró dispuesto a hablar sino que dijo que “a lo mejor las cosas se resuelven antes de lo que algunos piensan”. Las profundas divergencias ideológicas entre socialistas y comunistas no han sido obstáculo para el entendimiento de la izquierda portuguesa y Sánchez pretende intercambiar impresiones de cara a su proyecto de llegar a un acuerdo con Podemos.

La cuestión es que los 90 escaños socialistas más los 69 de la formación de Pablo Iglesias (en el muy improbable caso de que renunciara a reivindicar un referéndum para Cataluña) y los dos de Unidad Popular-IU suman 161, una cifra inferior a los 163 que reunirían el PP (123) y Ciudadanos (40). Y lo que no es previsible es que partidos nacionalistas como ERC y Democràcia y Llibertat (antigua CDC) se decantes a favor de una opción constitucionalista y defensora de la unidad de España en plena campaña para unas nuevas elecciones en Cataluña.

De hecho, el ‘no’ de la CUP a Artur Mas ha sido toda una carga de profundidad contra los movimientos telúricos que habían empezado a producirse en las capas inferiores del PSOE. De momento, es impensable que los socialistas celebren su congreso ordinario en febrero o marzo, como pretendían los críticos de Sánchez, porque es en esas fechas cuando el PSC y el propio secretario general tendrán que volcarse, como el resto de las fuerzas políticas, en la campaña para las autonómicas que probablemente se celebrarán el 6 de marzo. Si el congreso se retrasa -hasta abril según los más optimistas e incluso hasta más tarde dependiendo de cómo evolucionen los contactos para investir a un presidente de la nación- Susana Díaz tendrá serias dificultades para seguir la hoja de ruta que se había marcado.

A la dirigente andaluza le habría gustado convertirse en secretaria general del PSOE a raíz de la dimisión de Sánchez tras los malos resultados cosechados el 20-D pero para ello hubiera necesitado que el congreso se celebrara “cuando toca”, esto es, a finales de febrero o principios de marzo. Eso le hubiera dado tiempo suficiente para preparar su sucesión al frente de la Junta de Andalucía y del PSOE-A mientras compatibilizaba la presidencia del Ejecutivo autonómico con el liderazgo del partido. En ese tiempo, hubiera podido negociar una abstención para permitir la investidura de Rajoy. Hubiera sido una legislatura corta hasta ser nominada candidata a la presidencia del Gobierno para unas nuevas elecciones. Además, una vez eliminado Pedro Sánchez, habría entrado en el Congreso Eduardo Madina, el portavoz deseado por Díaz, que se quedó fuera por solo un escaño debido a la debacle socialista en Madrid.

Ese castillo de naipes es el que ha derrumbado la CUP, más allá de los efectos inmediatos que su rechazo a Mas está teniendo en Cataluña. Pedro Sánchez ha ganado tiempo, pero otra cosa muy distinta es el rédito que pueda obtener a medio y largo plazo.
Uno de sus leales, el diputado socialista por Madrid Rafael Simancas, admite que es “muy difícil” que el líder del PSOE logre conformar una mayoría alternativa al PP para poder gobernar ante “la multiplicidad y diversidad” de los partidos con los que tendría que aliarse. Simancas expone esta conclusión en un artículo publicado en el último número de la revista Temas, editada por la Fundación Sistemas, cuyo patronato preside el exvicpresidente del Gobierno Alfonso Guerra.

Considera, entre otras cosas, que la iniciativa para formar gobierno corresponde “legítimamente” a Mariano Rajoy “con el voto socialista en contra, desde luego”. Y añade que con el rechazo de más de la mitad de los diputados (PSOE, Podemos, IU y nacionalistas), “salvar esta oposición parece extraordinariamente complejo, si no imposible”. “Solo con posterioridad -añade- cabría establecer consultas para valorar una eventual alternativa” a cargo de Pedro Sánchez.

A juicio del diputado madrileño, “tampoco sería fácil, porque la naturaleza, los programas y las condiciones expuestas por los demás grupos que promueven el cambio son de una heterogeneidad difícilmente superable”. “Esta alternativa sería muy difícil por la multiplicidad y diversidad de las fuerzas del cambio. Y sería imposible si la condición esgrimida por algunos fuera, por ejemplo, abrir la puerta al secesionismo catalán”, admite Simancas, persona de confianza de Sánchez.

El exsecretario general del PSOE madrileño opina que si hay un rasgo claro de la nueva etapa que se ha abierto es “la obligación de dialogar y pactar para formar gobiernos y para gobernar”. Recuerda que es algo que ya se da en otros países del entorno, pero expresa sus dudas de que se pueda dar a tenor del escenario surgido de las elecciones generales. “¿Estamos preparados en España para aceptar las renuncias que implican tales acuerdos? ¿O seguimos considerando toda renuncia como una cesión insoportable y una traición a nuestros postulados inamovibles?”, se pregunta.

Simancas remarca que aunque los españoles expresaron en las urnas que existe una mayoría progresista, el escenario institucional “es de muy difícil salida, tanto para el cambio de la continuidad como para el cambio del cambio”.

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