El Gobierno quiere que los partidos aclaren si respetarán que gobierne la lista más votada el 20-D

Las elecciones del 20 de diciembre certificarán el fin del bipartidismo en España y abrirán un abanico de posibles pactos postelectorales ya que ninguno de los partidos que compiten por la victoria alcanzará la mayoría absoluta. Ese es el dato en el que coinciden todas las encuestas y ante el que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha expresado el compromiso de no intentar gobernar si el PP no es el más votado. Lo hizo, concretamente, en la cumbre de París del lunes pasado.

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“Yo soy partidario de que en España gobierne la primera fuerza política, la que tenga más apoyos y más votos de los ciudadanos”, dijo Rajoy, que no ocultó su escepticismo ante lo que puedan hacer sus rivales. De hecho, recordó que “otros” no piensan igual que él respecto a quién debe formar gobierno y que eso se demostró tras las últimas elecciones municipales, en referencia a los pactos que impidieron al PP gobernar en muchas ciudades pese a haber sido el más votado. Es una espina que el presidente tiene clavada desde que le arrebataron el inmenso poder territorial que consiguió en 2011. De ahí que saque el tema a relucir cada vez que tiene ocasión para reprochar a los “usurpadores” lo que él mismo bautizó con no poco desdén como “pactos de perdedores”.

Ahora, a tenor de los resultados avanzados este jueves por la encuesta del CIS, cabe la posibilidad de que nos encontremos frente a un escenario muy similar al que se produjo tras el 24-M, el de que aún ganando los populares, sean desalojados del Ejecutivo por una alianza de sus inmediato perseguidores: el PSOE, Ciudadanos y Podemos. Hasta el momento, todos ellos han mantenido una calculada ambigüedad sobre este asunto. El líder socialista, Pedro Sánchez, ha dado a entender este viernes que él también aspira a gobernar solo si tiene más votos que el resto, pero lo ha hecho con la boca pequeña. Desde Barcelona, a donde se ha desplazado en el primer día de campaña, ha tendido la mano a Ciudadanos, Podemos y otros partidos para pactar un “programa común” que haga realidad el cambio en España SI los socialistas logran un voto más que Rajoy. Se podría interpretar que renuncia a ese tipo de pacto en el caso de quedar por debajo del PP, pero el caso es que no ha llegado a hacer un pronunciamiento tan concluyente como el que sí ha verbalizado el presidente.

Por este motivo, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, ha pedido a todas las fuerzas políticas “claridad” y les ha lanzado una pregunta desde la mesa de la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros: “¿Tienen intención de respetar la lista más votada o no?” A lo que ha añadido: “Yo valoro los compromisos y la palabra dada. Cuando uno dice esto es lo que voy a hacer, es significativo, y el presidente lo ha hecho”. A juicio de la vicepresidenta, “esa es la primera premisa; a partir de ahí, todas las que usted quiera”.

No ha querido opinar sobre el hipotético caso de que el PP ganara sin mayoría absoluta y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, pusiera como condición para apoyar a ese partido que Rajoy no fuera el candidato a presidente, sino que cediera el puesto a la propia Sáenz de Santamaría. “A mí, las hipótesis….”, ha replicado.

También ha dicho que quería comentar el barómetro del CIS publicado este jueves, pero lo cierto es que sí lo ha hecho. Al menos, se ha explayado con una de sus consecuencias, la acusación lanzada por Pedro Sánchez contra el Gobierno, reprochándole haber manipulado la encuesta para que el resultado del PSOE pareciera mucho peor de lo que realmente es. El CIS sitúa al PP en primer lugar, con un 28,6 por ciento de votos, 7,8 puntos por delante del PSOE, al que Ciudadanos le pisa los talones a tan solo 1,8 puntos.

La vicepresidenta ha defendido la profesionalidad y la solvencia contrastada del CIS, y ha recordado que esta no es la encuesta que peor deja al PSOE. “No sé si las acusaciones de Pedro Sánchez las hace extensivas a todas las demás”, ha comentado. “Si uno pretende gobernar debe ser capaz de asumir sus propias responsabilidades”, ha advertido la número dos del Gobierno.

No a la obligación por ley de debatir

La vicepresidenta ha tenido que lidiar también con la censura generalizada que ha merecido la ausencia de su jefe de filas, Mariano Rajoy, de los debates electorales. A ella le parece estupendo que prefiera participar en programas de entretenimiento mucho más livianos, donde los retos más comprometidos que se le plantean son comentar una jugada futbolística o cocinar unos mejillones. A ella, que le le conoce desde hace 15 años, no le “llama la atención esa imagen” porque el jefe del Ejecutivo “es como es”. En el día a día, ha dicho, “está muy patente” el “sentido del humor” y la “ironía” de Rajoy, además de su “chispa fresca y rápida” que ayudan “a aliviar la tensión” del trabajo.

Y, por supuesto, no contempla como factible la posibilidad de establecer la obligatoriedad legal de acudir a los debates. Si los debates fueran obligatorios -ha dicho en alusión al que mantendrá el lunes con Sánchez, Rivera e Iglesias- el que yo voy a tener tropezaría con dificultades para celebrarse”. Ha explicado que cuando un debate es regulado por ley, debe haber “un elemento legal que determine quién participa”, y ese elemento “no puede ser una encuesta, ni siquiera la del CIS”, ya que ni Podemos ni Ciudadanos tienen representación en el Congreso. “Este debate se va a hacer precisamente porque no hay esa obligatoriedad, al menos en este formato”, ha apostillado.

Sáenz de Santamaría no está especialmente nerviosa por el debate del lunes: “Después de enfrentarnos a la crisis que vivimos en 2011, hablar de dificultades por los rivales de un debate… es todo moderado… Es un debate, toros más duros hemos tenido”.

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