El frente independentista vasco

El Gobierno espera que Otegi no lidere la izquierda abertzale en las autonómicas vascas del año que viene

Interior cuenta con información de que no quiere estar en primera línea cuando salga de la cárcel de Logroño en abril

otegi

Además de lo que sucede en el frente independentista catalán, el Gobierno mira con lupa lo que pasa en Euskadi, donde se celebrarán elecciones autonómicas el otoño de 2016 y, además de la izquierda abertzale, el PNV se inclina por la propuesta de reformar la Constitución de manera que reconozca el derecho a decidir de las comunidades históricas y pueda convocarse un referéndum en el que los vascos decidan si siguen o no en España. De momento, según fuentes del Ministerio del Interior, el proceso se contempla con tranquilidad porque el partido de Andoni Urtuzar, al que pertenece el presidente de Euskadi, Iñigo Urkullu, apuesta por el diálogo con Madrid tanto si gobierna el PP como si, después del 20-D, lo hace una coalición liderada por el PSOE. Pero preocupa especialmente el hecho de que Arnaldo Otegi, el presidente de Sortu, encabece la lista independentista de Bildu y el conjunto de la izquierda abertzale cuando salga en abril de la cárcel de Logroño y sobrepase en votos incluso a los nacionalistas moderados.

Según fuentes bien informadas del Ministerio del Interior, Otegi ha manifestado a los suyos que no quiere estar en primera línea cuando salga de prisión porque algunos dirigentes actuales de Bildu le cuestionan. Pero la incógnita, dicen, sigue ahí porque consideran que lo que haga, su futuro como candidato a lendakari en las elecciones vascas -que en principio deberán celebrarse en el otoño de 2016 porque las adelantadas de 2012 se llevaron a cabo el 21 de octubre- quedará exclusivamente en sus manos. Parael Ejecutivo actual, Otegi -todavía en prisión pese a haber sido, desde Batasuna, un hombre decisivo en el abandono de las actividades terroristas de ETA y en la evolución de toda la izquierda abertzale hacia la paz- es un líder carismático y, a su juicio, su puesta en libertad supone “un serio problema”.

Moncloa, no obstante, admite que ya no se puede evitar que sea puesto en libertad cuando cumpla los seis años y medio de condena que le impuso la Audiencia Nacional por el Caso Beteragune en octubre de 2009 y tampoco impedir que sea candidato electoral. El Gobierno asume que su futuro político se ha despejado de golpe con la resolución del caso de Iker Casanova, condenado en el caso Ekin a siete años y medio de prisión y otros tantos de «inhabilitación especial para empleo o cargo público». Casanova, pese a la condena, es y va a seguir siendo diputado autonómico de Bildu porque ni en la sentencia de la Audiencia Nacional ni en la posterior del Supremo se precisaron los cargos públicos a los que afectaba la inhabilitación especial. Y el Código Penal establece que al imponer una inhabilitación de tipo especial debe indicarse a qué puestos concretos no podrá acceder el condenado.

En el caso de Otegi pasa lo mismo. La sentencia de Bateragune no hizo esas precisiones, por lo que, conforme a la tesis actual de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, esa parte de la condena puede considerarse como no impuesta. De hecho, cuando en mayo de 2012, el Tribunal Supremo confirmó su condena por pertenencia a organización terrorista, el cálculo que se hizo fue que, aunque cumpliera en 2016 la pena de prisión, seguiría inhabilitado hasta abril de 2021. Sin embargo, el abogado de Otegi, Iñigo Iruín, destacó recientemente que “no hay ningún inconveniente jurídico para que pueda presentarse como candidato a las próximas elecciones autonómicas porque la pena de inhabilitación especial que se le impuso en el sumario denominado Bateragune no le impide serlo ya que el Tribunal no concretó en el fallo de la sentencia que esa inhabilitación alcanzaba a cargos de elección, fueran locales, autonómicos, estatales o europeos”.

Según distintas fuentes, el Gobierno teme la capacidad que tiene Otegi de aglutinar a todas las fuerzas abertzales. Y no sólo de la izquierda. Es algo que le preocupa sobre manera de cara al futuro por la fuerza que puede adquirir la reivindicación de la independencia de Euskal Herria, que se sumaría a la catalana. Sin embargo, según la información con la que cuenta el Ministerio del Interior, Otegi no tiene mayor interés en volver a la primera línea de la política aunque quiere seguir colaborando con la izquierda abertzale. “Otegi no es el Mandela y, además, en Bildu no va a poder ejercer el liderazgo que tenía”, añaden las fuentes de Interior.

Son valoraciones que no encajan bien con lo sucedido últimamente sobre el tema. El pasado 20 de octubre, más de 18.000 manifestantes reclamaron la puesta en libertad de Otegi en San Sebastián. Y los apoyos políticos al líder abertzale desbordaron las previsiones. Además de la Plataforma “Arnaldo askatu, Polítika askatu” (Arnaldo libre, Política libre) y de la iniciativa internacional‘Free Otegi, Free Them All’, acudieron a la manifestación Jesús Eguiguren, expresidente del PSE, Doris Benegas, líder de Izquierda Castellana y hermana de Txiki Benegas, Joan Tardà (ERC), David Fernández (CUP) y una representación del BNG.

También mostraron su apoyo los expresidentes José Mujica (Uruguay), Fernando Lugo (Paraguay) y José Manuel Zelaya (Honduras) y tres galardonados con el Premio Nobel de la Paz, la pacifista norirlandesa Mairead Maguire, el activista argentino Adolfo Pérez Esquivel y el obispo sudafricano Desmond Tutu. Además, el manifiesto internacional por su libertad fue firmado por el ex fiscal general de EEUU, William Ramsey Clark. Además y 24 europarlamentarios se adhirieron a la campaña. Entre ellos, la eurodiputada de IU Marina Albiol, el vicepresidente del Parlamento Europeo y miembro de Syriza, Dimitrios Papadimoulis, y Marisa Matías, del Bloco de Esquerdas portugués.

Pernardo Barrena, portavoz de Sortu y amigo de Otegi, definió perfectamente la situación asegurando que no le cabe ninguna duda de que “sería un gran candidato y un gran lehendakari, pero dependerá de él”.