El PP rectifica en Sanidad, Educación y en la reforma de la Constitución

Los populares intentan recuperar posiciones de centro y capacidad de pactos a marchas forzadas

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El presidente del Gobierno y del PP Mariano Rajoy no cesa de recular en las que han sido sus políticas mas radicales y conservadoras. El frenazo inicial lo dio con la supresión de la reforma del aborto planteada por el ex ministro Gallardón, y desde entonces no ha cesado de conducir con la marcha atrás y de manera especial en la bajada de algunos tramos del impuesto del IRPF. Pero, a medida que se acercan las fechas electorales decisivas, el PP acelera su rectificación en pos de aparentar que regresan al centro de la política, lo que no es verdad –salvo en el caso de Cristina Cifuentes-, para mejorar sus expectativas de cara a posibles pactos postelectorales y que, de momento, son muy escasas.

El PP recula poco a poco pero mantiene muy altos sus niveles de agresividad y descalificación de sus adversarios, de ahí que el giro al centro no se logra con unos tibios retoques a sus políticas mas agresivas, sino y sobre todo con un cambio de actitud y modales. Lo a estas alturas es imposible de imaginar ni en Rajoy ni en su equipo de Gobierno y de partido, donde nada ha cambiado por mas que en el PP aparezcan algunos rostros jóvenes con los que se pretende ocultar la marginación de Dolores Cospedal.

En todo caso en tan solo unas semanas el nuevo ministro de Educación, Iñigo Méndez Vigo, se ha reunido con los consejeros de Educación de la Comunidades Autónomas y ha aceptado una demora para la aplicación de la Ley de Educación del que fue su antecesor José Ignacio Wert, fugado a París en viaje de novios.

También en últimas horas el presidente Rajoy –a remolque de Cristina Cifuentes- ha tenido que reconocer que hay que cambiar la política sobre la asistencia sanitaria a los inmigrantes ilegales, una vez que muchas autonomías -incluida la de Madrid que lidera Cifuentes- se han sublevado y saltado a la torera el decreto que el propio Rajoy impuso en 2012 para reducir al mínimo dichas ayudas a todos los inmigrantes ilegales.

Y ahora no hay día en el que uno u otro dirigente del PP anuncie nuevas reformas de la Constitución de 1978, la que para Rajoy era intocable. Y la que por lo visto los populares han decidido reformar, para evitar que este sea un obstáculo insalvable para que el PP pueda pactar con alguien después de las elecciones generales de fin de año. Así hemos pasado del ‘nada se toca’ a admitir varias reformas sobre el Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas y el Tribunal Constitucional, el Senado y cuestiones como la ley electoral o el derecho de la mujer en la sucesión al trono.

¿Qué está pasando? Pues que el PP empieza a reconocer errores de bulto en las políticas y reformas legales de la legislatura que se acaba y que además los alejan del centro de la política y bloquean sus expectativas de votos en las elecciones en ciernes. A sabiendas, además, de que estas políticas conservadoras le impedirán a Rajoy pactos de Gobierno como se vio tras las elecciones del 24-M.

Y, por otra parte, ya empiezan a entender en la Moncloa que muchas de esas reformas van a ser rectificadas a fondo por el nuevo gobierno del país a partir de 2016, con o sin el PP, con o sin Rajoy, porque cuentan con el absoluto rechazo de la Oposición y está claro que el PP si resulta ser la lista mas votada –lo que aún está por ver- no podrá gobernar sin una profunda rectificación. Empezando por la llamada ‘ley mordaza’ o de seguridad ciudadana, y siguiendo por casi todo lo demás –incluso’ la reforma laboral’ si Pedro Sánchez llega a La Moncloa- que marcó la legislatura que ahora se acaba.

Estamos en lo que los grandes almacenes llamarían las rebajas de fin de verano y principio del otoño. Rebajas electoralistas y pre pactistas con las que el PP luce su último modelo de piel de cordero, mientras avisa que viene el lobo, que viene el lobo, al tiempo que bajo su rizada capa blanca de borrego se asuma una pezuña negra porque por lo que sabemos hay lobos por doquier, dispuestos a la caza del voto para lograr o conservar el poder.

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