Valls y Renzi trasladan a Sánchez la inquietud europea por su acercamiento a Podemos

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, debutará este fin de semana en el poderoso Club Bilderberg, que reúne a 130 personalidades de la política, la banca, las finanzas, las grandes multinacionales y la realeza. El líder socialista acudirá al Interalpen Hotel, un lujoso resort de los Alpes austriacos, en pleno tumulto político por los pactos postelectorales y su acercamiento a Podemos para arrebatar al PP ayuntamientos y comunidades. Un viraje que es visto con recelo dentro y fuera de nuestras fronteras.

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Una fuente diplomática asegura a republica.com que el primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, y el primer ministro italiano, Matteo Renzi, han trasladado al líder socialista la preocupación de Europa y de los inversores internacionales por el nuevo reparto del poder territorial que se producirá en España si los pactos llegan a cuajar.

Pedro Sánchez dijo al inicio de la campaña para el 24M que sus únicas líneas rojas para pactar eran el PP y Bildu y, hasta ahora, lo está cumpliendo. El Gobierno de Rajoy ha desencadenado toda una ofensiva que va desde declaraciones en las que expresa su preocupación por el hecho de que el PSOE negocie con “partidos radicales de izquierdas” -el presidente ha utilizado esas palabras en una declaración a los periodistas a su llegada a la cumbre de la Unión Europea y los países latinoamericanos y del Caribe- hasta otras en las que alerta sobre los efectos que la estrategia puede tener en el propio Partido Socialista, en el que cree ver discrepancias con el líder. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, lo ha resumido este miércoles en la sesión de control del Congreso al acusar a la principal fuerza de la oposición de estar perdiendo su carácter de alternativa para convertirse en “partido alternativo”.

Lo cierto es que los últimos acontecimientos están abocando al PSOE a una encrucijada en la que corre el peligro de quedarse sin nada. El caso más alarmante es el valenciano, donde la suspensión de las negociaciones entre el PSPV y Compromís sobre la Generalitat por la disputa entre Ximo Puig y Mónica Oltra, que no se ponen de acuerdo en quién debe ser el presidente/a, puede obligarle a explorar otras opciones si no quiere que siga gobernando el PP o que le releve un partido nacionalista.

Pedro Sánchez, además, tiene que someterse en julio a unas primarias de su partido para decidir quién será el candidato a La Moncloa en las próximas elecciones generales y, si fracasa en la política de pactos que ha impuesto tras el 24M, podría enfrentarse a una crisis que acabe con su liderazgo. No sería la primera vez que ocurre algo parecido. En esta ocasión, por otra parte, Sánchez tiene una rival que, concurra o no personalmente a las primarias, no se lo pondrá fácil. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha resuelto con éxito el embrollo de su investidura y lo ha hecho sin plegarse a las exigencias de Podemos, formación a la que despidió el martes con un sonoro “portazo”, tal y como reconoció la presidenta andaluza del partido de Pablo Iglesias, Teresa Rodríguez.

El viaje a La Moncloa de Sánchez, una carrera de obstáculos

El secretario general del PSOE tiene que superar varias pruebas para poder aspirar a la presidencia del Gobierno. La primera es la de su partido. La segunda es la de la opinión pública que asiste expectante al trasiego de cromos para adjudicar alcaldías y gobiernos regionales y que pasará la factura si los resultados no son los previstos o no responden a sus expectativas. Y la tercera es la del mundo del dinero, inquieto ante unas promesas socialmente atractivas pero quizá demasiado audaces desde el punto de vista de la macroeconomía.

El 26 de mayo, una vez superado el shock inicial del vuelco político que dejaban entrever los resultados de las elecciones municipales y autonómicas, se publicó que Goldman Sachs y UBS estaban preparando sendos informes alertando del riesgo país por el crecimiento de Podemos. Los resultados del 24M encendieron la luz roja en los despachos de los principales bancos de inversión, que ya venían avisando desde hacía tiempo sobre los peligros del “contagio” de las políticas que Syriza estaba llevando a cabo en Grecia.

Los analistas financieros ven el panorama bajo una doble óptica. Por una parte, están los que piensan que hasta ahora hemos salido de la crisis independientemente de los políticos y por el apoyo de factores externos, como la caída del euro o de los precios del petróleo, y que el resultado de las elecciones del 24M no tiene por qué afectar negativamente al mercado ya que “la economía y la política se mueven cada vez de una forma más divergente”. Pero, por otro lado, los más pesimistas apelan al ejemplo griego para pedir que no se siga el mismo camino.

El miedo al “contagio” griego y la ambigüedad de Francia e Italia

Grecia sigue siendo el gran problema para Europa y no se mueve de la mira de los inversores, que están sufriendo los efectos de un largo mes de negociaciones entre Atenas y sus acreedores antes de la enésima fecha límite, esta vez el 30 de junio, para la supervivencia financiera del país. Para mantenerse a flote, Tsipras se ha acogido a un resquicio legal, que le permite aplazar el pago al FMI y agrupar sus deudas en una sola con vencimiento a finales de mes. Pero, en cualquier caso, tiene que llegar a un acuerdo para desbloquear los 7.200 millones de euros que necesita urgentemente. Y ese acuerdo sigue sin concretarse.

Bruselas dijo el martes que la última propuesta griega es insuficiente por la resistencia del Gobierno de Alexis Tsipras a refomar el sistema de pensiones y subir el IVA a la energía. Un día después se ha previsto una decisiva reunión en Bruselas entre Tsipras, Angela Merkel y François Hollande. Tanto la canciller alemana como el presidente francés urgen al primer ministro griego a que haga algo para evitar la asfixia financiera. “Apenas queda tiempo”, han repetido ambos hasta la saciedad.

El socialista Hollande, que en un principio era la gran esperanza del socialismo europeo para reequilibrar las políticas de austeridad impuestas por Alemania, ha acabado alineándose con las tesis de Merkel y su primer ministro Manuel Valls se apuntó a los recortes nada más llegar al cargo con un ‘tijeretazo’ de 50.000 millones al gasto público. En Italia, mientras tanto, Matteo Renzi , que no es socialista pero ocupa el espectro ideológico de centroizquierda, ha tenido que responder a las presiones de la Unión Europea para que cumpla con sus metas de déficit y deuda tanto con recortes como con una reforma laboral que facilita el despido y que en algunos aspectos recuerda a la impulsada en España por el Gobierno del PP. Así las cosas, Tsipras se ha convertido en una isla en Europa, en el único y genuino representante de la izquierda. Al menos hasta ahora.

El auge de Podemos en España y la colaboración del PSOE, que podría auparle a unos cuantos gobiernos municipales y alguno autonómico y que no acaba de encontrar su lugar para recuperar los votos de la izquierda, han puesto fin a la soledad de Syriza y ha multiplicado por dos las preocupación de los inversores que ahora perciben una doble amenaza para la estabilidad y la recuperación económica europea. De ahí que Valls y Renzi hayan trasladado esa preocupación a Pedro Sánchez. Los tres coincidieron en septiembre de 2014 en la Fiesta dell’Unità en la ciudad italiana de Bolonia, que organizó el Partido Demócrata y en la que el centroizquierda europeo hizo una demostración de músculo. Sánchez preconizó “un cambio en Europa con una nueva generación de líderes socialistas”.

Desde entonces, sí se ha operado un cambio pero su rostro no es el de ninguno de los tres políticos que subieron al estrado de Bolonia con camisa blanca. El cambio se llama Syriza o Podemos y eso es lo que ha alterado los nervios de los mercados. Y por todo ello no hay que descartar que Sánchez escuche más peticiones de prudencia este próximo fin de semana en el club Bildelberg. Si hacemos caso de lo que dice Cristina Martín Jiménez, que acaba de publicar Los planes del club Bilderberg para España, “si gusta en Bilderberg (Pedro Sánchez), tiene posibilidades de ser presidente”.

 

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