Le arrastró hasta el borde

El joven que tiró al policía al tren ya lo intentó en octubre con otro al grito de “te voy a tirar a la vía puto madero”

Fue en un forcejo violento con los policías que le dieron el alto para identificarle después de que se saltase sin pagar los tornos

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El marfileño de 28 años que el viernes pasado arrojó a un policía a las vías del tren en la estación de Embajadores causándole la muerte en el acto al ser arrollado por el convoy ya intentó la misma acción el pasado mes de octubre con otro agente en la misma estación. Fue en un forcejo violento con los policías que le dieron el alto para identificarle después de que se saltase sin pagar los tornos de acceso. En este enfrentamiento el joven le gritó a uno de los agentes: “te voy a tirar a las vías puto madero”.

Así consta en el atestado de la detención de aquella fecha a la que ha tenido acceso Europa Press. En este caso el policía con carnet 103.XXX pudo salvarse gracias que realizó una “maniobra evasiva para evitar tal acción”. En este atestado se hace un relato del aparatoso arresto que contó con una gran resistencia, agresiones, insultos, escupitajos y desafíos por parte del marfileño llamado Yode Ali Raba, actualmente en estado muy crítico en el hospital después de caer también a las vías el pasado viernes.

En las diligencias consta que Yode Ali Raba con NIE Y-2037XXX “tiene decretada una orden de expulsión de cinco años por Delegación de Gobierno de Madrid en sentencia de fecha del 17 de marzo de 2014, siéndole notificada en fecha del 23 de marzo de 2014″. No obstante, el instructor policial indica que no le solicitó “la correspondiente plaza de preingreso en CIE debido a que la última vez que se le solicitó le fue anulada por tiempo”.

Los hechos ocurrieron a las cinco de la tarde del 21 de octubre en la estación de Embajadores. Dos agentes de Policía que realizaban labores de prevención de la delincuencia de paisano vieron a una persona saltarse los tornos del metro por lo que tras enseñarle las placas policiales procedieron a identificarle. Pero el joven marfileño “se niega a obedecer, subiendo las escaleras y continuando su camino”. Los policías insistieron y le dieron el alto, pero Yode Ali Raba continuó desobedeciendo y “braceando violentamente”.

Les acusó de ir a por él por ser negro

En ese momento llegaron en apoyo de los agentes dos vigilantes privados del metro, quienes ayudaron a parar al joven para ser detenido. El marfileño les acusó de ir a por él por ser negro y les instó a que le pidiesen la documentación al resto de pasajeros.

Según el atestado, en un momento de la intervención, el ya detenido “con actitud huidiza se aproxima a las vías, donde el agente 103.XXX intenta pararlo, indicándole que se coloque en la pared, momento en el cual el detenido agarra al agente de la muñeca y lo arrastra hasta el borde del anden con la vía diciéndole ‘te voy a tirar a las vías puto madero’”.

Tanto los policías como los vigilantes de seguridad trataron de tranquilizarle y le instaron a que se colocase de nuevo junto a la pared “por su seguridad”. Yode Ali seguía poco receptivo, se negaba a facilitar su nombre y lanzó “varios golpes llegando a impactar en el agente con carnet 123.XXX en diversas partes de su cuerpo ocasionándole diversos arañazos y moratones”.

A los pocos minutos llegó el convoy a la estación, en este caso de Metro. El pasado viernes, según las fuentes policiales consultadas, el marfileño esperó a que llegase el tren para lanzar al policía a la vía. El pasado 21 de octubre en cambio no lo hizo. En lugar de eso, Yode Ali se apoyó en el convoy “poniendo en riesgo su integridad física”. Los policías indicaron al conductor del metro que no abriese las puertas ni reiniciase la marcha. Pero tras varios minutos detenido sin abrir las puertas, éstas se abrieron.

“Venid a por mí, hijos de puta”

El detenido aprovechó la ocasión “para introducirse en el vagón y gritar: ‘venir a por mi aquí dentro hijos de puta’. Los agentes se introdujeron en el vagón de donde salió ya esposado. Eso a pesar de que se resistió “activamente agrediendo a los agentes” que presentaron parte de lesiones y a uno de ellos incluso le rompió la correa del reloj.

Cuando estaba siendo trasladado al vehículo policial, aún tuvo tiempo para escupir a uno de los policías en el ojo, intentar autolesionarse y hacerse el muerto para dificultar su traslado por lo que tuvo que ser llevado en volandas. En ese momento ya habían llegado otros dos policías de la Brigada de Seguridad Ciudadana de la Comisaría de Arganzuela.

Dado que se negó a dar su nombre hubo que identificarle a través de las huellas de los dedos índice de ambas manos por lo que supieron que se trataba de Yode Ali Raba, sobre el que constaban dos identidades diferentes y hasta seis reseñas por diversos delitos. Al realizarle el cacheo preventivo portaba un teléfono móvil marca Samsung, un juego de llaves y dos botes de vaselina.

Le mordió un gemelo y le desgarró un pantalón

Según el atestado, incluso cuando se le estaba practicando la identificación se abalanzó sobre el agente 103.XXX mordiéndole en el gemelo de la pierna derecha, ocasionándole una herida visible no sangrante y desgarrándole el pantalón. Cuando otro de los policías acudió en su ayuda también le empujó y le tiró al suelo “ocasionándole un moratón a la altura del coxis”.

El agente que sufrió el mordisco tuvo que ser trasladado al Centro Médico La Milagrosa. La actitud agresiva la mantuvo incluso con su propio abogado, según el atestado. Aquel día Yode Ali Raba durmió en los calabozos y posteriormente pasó a disposición judicial tras los que previsiblemente quedó en libertad.

Este joven marfileño tiene 28 años oficialmente ya que en la ficha policial que se tiene de él consta como fecha de nacimiento el 1 de enero de 1987. Las fuentes consultadas indican que esta fecha es muy habitual en los casos de los inmigrantes que llegan a España de forma irregular. Este fue el caso de Yode Ali, quien llegó el 30 de agosto de 2011 a España a bordo de una patera que alcanzó las costas de Almería.

  • MCARTHUR

    Resulta evidente que el africano había venido a pagar nuestras pensiones a instancias de José Luis Rodríguez Zapatero y lógicamente se contrarió al ver interrumpida su ardorosa labor. No
    se explicaba cómo podían pedirle la documentación a él, contribuyente neto a la estabilidad económica de España, después de tanto tiempo de generosa dedicación exhaustiva.

    Una cosa es ser racista y otra muy diferente ser imbécil. El marfileño no vino a trabajar de sol a sol para forjarse un futuro. Acudió con intenciones poco claras, en todo caso de rapiña y delictivas, como revela su expediente policial. Basta ya de teatro barato fomentado de manera consciente o inconsciente por muchas ONG, mafias de la inmigración, políticos, funcionarios de Bruselas y la propia Iglesia. Hace falta determinación y llamar a las cosas por su nombre. La ingenuidad de muchos es uno de los principales problemas que abre camino a la penetración de la barbarie. Hay determinados usos y costumbres que no pueden importarse, por mucho que nos embargue la caridad, la idea de amor entre los pueblos, la estampa de las naciones que se aman y comprenden y todos esos sentimentalismos unas veces interesados y otras producto de la estulticia.