Felipe VI y la Reina Letizia rompen el ayuno del Ramadán con una cena de gala en Rabat

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Vivir el “ftar”, la ruptura del ayuno de Ramadán en los jardines del Palacio Real de Rabat, a la hora exacta de la puesta del sol y con el rezo del muecín desde un cercano alminar en los oídos, es una experiencia única y casi irrepetible, incluso para el nuevo Rey de España. A los ojos de un occidental, el ayuno del Ramadán puede resultar un suplicio, pero en pleno verano marroquí, sin comer ni beber desde la salida del sol hasta el ocaso, adquiere condiciones épicas. Todo ese sacrificio lo llevan los fieles musulmanes con estoicismo, a la espera de que el astro se ponga por el oeste, llegue el anuncio del muecín del fin del ayuno y comience la fiesta en todas las casas y, también, en los palacios. Y así, casi como en un hogar marroquí más, vivieron en la noche del lunes la ruptura del ayuno don Felipe y doña Letizia.

Con relativa tranquilidad y sin ninguna prisa, los más de 300 invitados por Mohamed VI a este “ftar” de gala en honor de los Reyes de España, se sentaron en la mesas y comenzaron lentamente a comer su primer bocado en 16 horas.

Dátiles de todas las formas, huevos duros, la tradicional sopa de carne y legumbres -harira-, tallin, cordero asado, pescado al horno, pastelitos fritos de verduras, montañas de dulces de miel y almendra… Todo eso regado con litros de té de hierbabuena, muy dulce y de penetrante sabor, y jarras de zumos de frutas.

Durante unos minutos se guardó un respetuoso silencio en todas las mesas, algo extraño en un país tan ruidoso como Marruecos, hasta que, poco a poco, los cuerpos se fueron reponiendo de la falta de alimento, los rostros se animaron y unos y otros comenzaron a conversar, unos en árabe, otros en francés, y, en la mesa real, casi todos en español.

Codo con codo, Felipe VI y Mohamed VI, hablaron toda la cena en español, idioma que habla con fluidez el monarca alauí, al igual que todos sus hermanos, el Príncipe Mulay Rachid, y las princesas Lala Mariam, Lala Hasna y Lala Asma. Todos ellos aprendieron español de niños, gracias a una “gobernanta” española que trabajó en Palacio durante décadas y que les enseñó el idioma de Cervantes.

Sus esposas, la Reina Letizia y la Princesa Lala Salma, mezclaron durante la cena el español y el inglés, con el que se maneja mejor la princesa marroquí, aunque asiste a clases de español desde hace años.

Acercamiento del Rey marroquí

Además de este “ftar” de gala, Mohamed VI aprovechó la visita de Felipe VI, la primera a un país no europeo de su reinado, para firmar el esperado acuerdo de pesca con la Unión Europea, del que dependen un centenar de pesqueros españoles.

Un “regalo” y un gesto de acercamiento dentro de las ya excelentes relaciones bilaterales, que el Rey de España ha agradecido en nombre de los pescadores españoles que esperaban desde hace meses volver a faenar en los caladeros marroquíes.

La amistad entre las dos familias se gestó en tiempos del Rey Juan Carlos y de Hasán II, padre del actual rey de Marruecos, y se conserva con los nuevos monarcas.

Felipe VI y Mohamed VI son casi de la misma edad, al igual que sus esposas, ambas de origen “plebeyo”, y que han introducido un aire nuevo a la Corona de ambos países.

Aunque, lo que no cambia es el rígido protocolo de la monarquía alauí y más aún en el interior de Palacio. A diferencia de lo que ocurriría prácticamente en cualquier país del mundo, no hay teléfonos móviles, ni llamadas, ni mensajes de texto, ni tabletas, ni fotos para inmortalizar el momento o buscar el “selfie” de rigor.

En cuanto se llega al Palacio Real, en la amplia explanada de la plaza de Mechuar, los servicios de protocolo de la Casa Real alauí se encargan de recoger todos los móviles y demás aparatos electrónicos, meterlos de uno en uno en una bolsita transparente y numerada y custodiarlos hasta la salida.

Menos mal que todavía hay bolígrafo y papel para tomar notas y algo de memoria para poder escribirlo.