Nº 1657 -  26 / X / 2014 
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OPINIÓN

Cine de guerra

Daniel Martín
 

Durante la Segunda Guerra Mundial Hollywood fue un eficaz instrumento de propaganda para concienciar a los norteamericanos de la maldad de los enemigos y de la bondad de su causa. El cine de aquella época mostraba a unos enemigos diabólicos enfrentados a unos héroes humanos tan solo en su aspecto. A pesar de la ingenuidad proviolencia de estas películas, algunas han superado su tendenciosidad para convertirse en clásicos como, por ejemplo, “Destino: Tokyo”.

El cine bélico continuó siendo vehículo propagandístico durante varias décadas, y los alemanes y japoneses, o los norcoreanos o chinos, continuaron siendo monstruos para ensalzar las grandes virtudes del ejército estadounidense. “Boinas verdes”, protagonizada por John Wayne en 1968, es uno de los últimos exponentes del cine de Hollywood a favor de la causa. Y eso que se sitúa en Vietnam.

Vietnam fue la guerra que cambió la perspectiva del cine bélico de Hollywood. “El cazador”, “Apocalypse Now” o “Platoon” son severas críticas contra lo bélico, pues retratan el lado amargo de cualquier conflicto armado. Vietnam, en el cine, supuso un cambio radical en la manera de mirar a soldados, batallas y guerras (Las pelis de, por ejemplo, Stallone o Chuck Norris nadie se las tomaba en serio, y eso que la primera de Rambo, “Acorralado”, buena película, también era una severa crítica).

Este modo crítico de retratar la violencia como modo de solucionar conflictos parece haber cambiado en los últimos años. Hasta las más críticas, como “En tierra hostil”, pretenden recuperar la vieja heroica del cine bélico, el misticismo del valor, la poética de la muerte.

“El último superviviente”, dirigida por Peter Berg, relata un suceso real acaecido en Afganistán: cuatro miembros de los SEAL se ven atrapados en tierra enemiga y se tienen que enfrentar a unos talibanes que les descubren por haber dejado llevar por una ineficaz humanidad.

El filme, en sí, está espléndidamente rodado, es verosímil, se ve de manera fluida y con interés en lo que va a suceder a continuación, aunque el título nos diga cómo va a acabar todo. “El último superviviente”, entonces, es una buena película, bien realizada, bien hecha, recomendable, a pesar de que al final el mensaje se distorsione porque los auténticos héroes no son los propios soldados americanos.

“El último superviviente”, empero, no termina de convencerme. Por un lado, por su excesivo maniqueísmo: los americanos son muy buenos, los talibanes son más diablos que hombres, pero por ahí hay unos afganos bondadosos, los pastunes. Por otro, se centra más en el heroísmo que en la crítica, en la poética de la muerte que en la de la vida, es una especie de canto fúnebre a los caídos que parece pertenecer a una época pasada, más oscura.

Ese es el problema del cine, que es un espectáculo de masas que crea opinión y tendencias. Cuando la guerra deja de convertirse en algo esencialmente negativo, uno debe comenzar a preocuparse. Este cambio de tendencia, este intento de recuperar la vieja heroica de los soldados americanos, quizás sea un paso más hacia el pensamiento único… siempre ominoso, pero aún más si tiene que ver con la violencia, por muy justificada que esté. Pero es tan solo una opinión, seguramente equivocada.

dmago2003@yahoo.es

 

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