Nº 1633 -  2 / X / 2014 
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OPINIÓN

Anima vagula, blandula

Javier Pérez Pellón
 

“Anima vagula, blandula,

Hospes comesque corporis

Quae nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula

Nec, ut soles, dabis iocos…”

“Mínima alma mía, tierna y flotante

Huésped y compañera de mi cuerpo

Descenderás a esos parajes pálidos

Rígidos y desnudos

Donde habrás de renunciar a los juegos de antaño.

Aún un instante

Miremos juntos el entorno familiar

Las cosas que ciertamente no volveremos a ver

Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos”

Con estos versos que compuso el Emperador Adriano, posiblemente poco tiempo, semanas o quizás días, antes de que la muerte le sorprendiera en Baia, Bacoli, de frente al Golfo de Nápoles, el 10 de julio del año 138 d.C y que nos hablan con melancólico sentimiento de los tiempos pasados y el agudizarse el presagio de una muerte cercana a la que nos debemos enfrentar con el valor consciente de mirarla a los ojos, “con los ojos abiertos”, en el momento del ineluctable y misterioso tránsito, Marguerite Yourcenar comienza su delicada, hermosísima y emocionante narración, “Memorias de Adriano”, uno de entre los libros más bellos escritos en el siglo XX que, a pesar de haber sido trágicamente sufriente, como pocos de los que la historia nos ha trasmitido el recuerdo de la aventura humana, – dos Guerras Mundiales, guerras civiles y gerrillas cruentas en toda la extensión del Universo mundo, epidemias, el recrudecerse de pestes antiguas y de reciente descubrimiento que llegan hoy hasta las puertas de una Europa que pensábamos fuera invulnerable…- , pero, al mismo tiempo febril y entusiasmantemente creativo en las artes, las letras y la ciencia.

Y si recuerdo al Emperador Adriano, es porque en la época en que Publius Aelius Hadrianus, español, por parte de padre posiblemente de origen italiano, nacido en Itálica, en la antigua provincia de la Bética, en la Sevilla de hoy bañada por el Gudalquivir, rigió los destinos del inmenso Imperio Romano, la Humanidad, según la tradición histórica nos cuenta, atravesó por sus momentos más felices.

Y si he citado a este iluminado personaje es, sobre todo, para recordar a su preclaro antecesor, Trajano, también andaluz y sevillano. Marco Ulpio Nerva Traiano, nacido en Itálica, el 18 de septiembre del año 53 d.C y muerto en Selinunte, Turquía, el 117 d.C. fue, junto a Julio César y César Augusto, uno de entre los más grandes emperadores que conoció la historia del poderosísimo Imperio Romano. Amadísimo por su pueblo, el Senado Romano le confirió el título honorífico de “Optimus” (“Optimo), y de tal manera había dejado las huellas de su recuerdo en esta institución legislativa que cuando moría un emperador y tenía que ratificar su alta magistratura a quien le sucedía, los miembros del mismo se alzaban de los estrados y puestos en pie hacían el siguiente augurio que suponía el desearle el máximo de feliz satisfación al que podía aspirar un ser humano: “Felicior Augusto, Melior Traiano” (“Ser más afortunado que Augusto y mejor que Trajano”).

Los años que van desde que Trajano aparece en el escenario militar y político del Imperio, es decir ya en los tiempos de Nerva, otro gran y sabio gobernante y que indica al español como su sucesor, traspasándole, a su muerte, el cetro de la más alta magistratura de Roma, el 27 de enero del año 98 d.C, hasta pasada más de una centuria, coincidendo con la muerte de Marco Aurelio, el 17 de marzo del año 180, d.C, Emperador nacido en Roma el 26 de abril del 121 d.d.C, pero, también de ascendencia bética, los considera la historia como la época áurea de la grandeza romana imperial.

Trajano extendió las fronteras del Imperio hasta el límite de 6 millones de km2, sometiendo a los estados germánicos y británicos, los que hoy son Rumanía y Bulgaria, las antiguas Tracia y Mesopotamia, Babilonia, el Irán de Zoroastro, territorios de los Partos y la que, hasta hace unos pocos años, fuera Yugoslavia y después Siria, Israel y el Norte de Africa y su patria nativa, Hispania, convirtiendo el Mediterráneo en un lago, rodeado de tierras pertenecientes a provincias romanas, llamándolo por ello “Mare Nostrum”.

Trajano fue un gran estadista, un general formidable, un filántropo generoso. Uno de los más grandes estadistas de todos los tiempos, según unánime reconocimiento de la Historia Universal. No se enriqueció con su cargo, considerándolo, nada más que como un alto servicio a su patria; combatió con energía y dureza la corrupción allí donde detectara las huellas de esta lacra social. Mandó edificar, en toda la extensión del Imperio, obras públicas de todo género, calzadas, acueductos, sobre todo estos últimos en los lugares donde la asistencia hídrica era más necesaria o bien a causa del clima seco y caluroso o porque una gran concentración de población así lo exigía. Promocionó la construcción de puentes, en nuestra tierra tenemos ejemplos como el de Salamanca, sobre el Tormes o el de Alcántara. Ayudó y beneficiò a los pequeños agricultores en contra de los excesos y prepotencia de los grandes latifundistas. Creó escuelas gratuítas y ayudas a las familias de los combatientes, enrrolados en sus legiones y  alejados por años de sus hogares

Siguiendo esta leyenda áurea Santo Tomás de Aquino puso a Trajano como ejemplo del pagano virtuoso y Dante, en su “Divina Comedia” ve al espíritu de Trajano en el Ciclo de Júpiter acompañado de otros personajes históricos y mitológicos, destacados por su justicia, entre los seis espíritus que forman el ojo del águila mística. Hizo esculpir, sobre el mármol del frontispicio de su residencia imperial la siguiente inscripción: “Palazzo Pubblico” (“Palacio Público”) para que todo el ciudadano que lo deseara pudiera entrar sin que ninguna guardia o vigilancia se lo impidiera. Solía recibir, sin cita previa, a todo aquel que del Emperador esperaba obtener justicia. Y ante las protestas que recibía de sus pretorianos y secretarios, por el temor que comportamiento tan insólito pudiera ser origen de un atentado, Trajano respondía: “Trato a todos como quisiera que el Emperador me tratara a mí si fuera un ciudadano vulgar”.

Embelleció Roma con nuevos templos y monumentos, sin olvidar los acueductos. A él se deben la construcción de uno Nuevo Foro, de frente al más antiguo Foro Romano, los “Mercados de Trajano”, edificados con ladrillo, donde entre otras funziones como escuelas y oficinas administrativas, los mercaderes y comerciantes exponían pietanza y toda clase del más variado género de intercambio comercial. Hoy día y a pesar del tiempo transcurrido desde su inauguración, hace cerca de 1900 años, aún conserva gran parte de su secular grandeza y es un lugar de silencio arqueológico, junto con los restos del Foro de Trajano, imprescindibles de visitar para todos aquellos que se acerquen a Roma para recorrer los bellísimos vestigios de su pasada e inigualable magnificencia. Todo esta inmensa obra edilicia se debe a la dirección del más célebre arquitecto de la época, Apolodoro de Damasco que Trajano se llevó a Roma desde las tierras conquistadas de Siria y que trabajó, también, bajo el mandato imperial de su sucesor, el Emperador Adriano.

Pero el monumento que mejor y de forma más imponente y bella inmortaliza la memoria de Trajano es la columna que lleva su nombre y que alza sus 100 pies romanos, 28,78 mts, 30,86 mts, si se incluye el pedestal hasta la estatua en la cúspide del mismo. De estilo dórico es el único monumento de los Foros llegado prácticamente intacto a nuestros días.  De estilo dórico la columna está constituída con 19 colosales bloques de mármol lunense, “marmor lunensis”, más conocido universalmente como mármol de Carrara, de 40 toneladas cada uno, con un diámetro de 3,86. Este colosal monumento tenía una doble intención, la de servir de sepultura a las cenizas del Emperador y de su esposa, Pompeya Plotina y, después trasmitir a la posteridad, en forma de grupos escultóricos, las hazañas de Trajano al oriente de sus fronteras. Los restos de Trajano fueron colocados en su interior, al igual que los faraones lo hacían con sus cuerpos embalsamados y momificados, en una estancia que contenían, dentro de una urna de oro, las cenizas del emperador romano. Con las invasiones bárbaras, la columna fue saqueada de su preciosa urna  y las cenizas se las llevó el viento, qué sé yo, quizás en una jornada de tramontana, esparciéndolas por el azul del cielo de esta ciudad que tanto amó y de la que se sintió tan querido.

Sobre lo alto de la columna se colocó una estatua, en bronce del emperador Trajano y allí estuvo, presidiando su construcción, hasta que esas aves depredadoras de los mármoles y bronces de la antigüedad clásica romana, que fueron los papas del Renacimiento y, en este caso, exactamente Sixto V, la sustituyó, en el 1588, por otra de San Pedro. La de Trajano acabó siendo fundida en los hornos del Vaticano y su precioso bronce quedó convertido en cañones para la defensa del “Castel Sant’Angelo”, a dos pasos de la grandiosa Cúpula de Miguel Angel.

Cuando se construyó, la columna estaba flanqueada por dos grandes bibliotecas de paridad en sus dimensiones, una que contenía textos en lengua griega y la otra en latín, para que estudiosos o cualquier ciudadano pudiera ilustrarse en las ciencias y las letras de estas dos grandes culturas y civilizaciones de la antigüedad clásica y comprender el legado que la segunda había recibido de la primera. Para colocar la columna sobre una superficie llana y un nivel apropiado de visibilidad, hubo que realizar un desmonte con un movimieno impresionante del terreno circundante.

Doscientos metros de friso esculpido se envuelven, alrededor de la columna por ventitrés veces, como si fuera un pergamino de delicados relieves donde constan escritas las campañas militares del Emperador. La sabia e intuitiva graduación y sobreposición de los planos, la continua conexión orgánica, sin rupturas que interrumpan su ciclo narrativo entre las varias escenas y los elementos que la componen, con un sentido preciso y minucioso de que se están contando unos hechos realmente acaecidos, típico del arte “realista” romano, posee una  tensión expresiva que no decae en ningún momento y que recorre  el friso a través de toda su longitud. Y así nos encontramos con escenas de gran intensidad dramática y poética, como la muerte de Decébalo, rey de los dacios. Se cuenta que la cabeza de este valeroso monarca, después de haberse suicidado al no soportar el dehonor de la derrota, cayó rodando a los pies de Trajano. La columna ya entusiasmó a sus contemporáneos. A través de los siglos millones y millones de gentes venidas desde los cuatro puntos cardinales del planeta, han sentido un nudo en la garganta ante la grandeza de la Columna Trajana, una de las obras maestras de la escultura de todos los tiempos y que se ha atribuído a la genialidad de la mano de Apolodoro de Damasco. En lo alto de la columna y posiblemente después de la muerte del Emperador, el Senado le dedicò una lápida conmemorativa con la siguiente inscripción. “Senatus populusque romanus. Imperatori Caesari divi Nervae filio Nervae. Traiano Augusto Germanico Dacico. Pontifici Maximo tribunicia potestate XVII, Imperator VI, Consul VI, pater patriae ad declarandum quantae altitudinis mons et locus tantis operibus sit egestus” (“El Senado y el pueblo romano al emperador César Nerva Trajano, hijo del divo Nerva, Germánico, Dacio, pontífice máximo, investido diez y siete veces con la potestad de tribuno, aclamado seis veces emperador y seis veces cónsul, padre de la patria. Para que se tenga constancia de la altitud que tenía la colina y cuántos trabajos han costado para su demolición”). La columna servía, entre otras cosas, para indicar el nivel original de la colina, antes de sus movimientos de tierra y así liberar el área nececesaria al nuevo Foro y situarlo a la misma altura de los hemiciclos de la plaza !Obra de romanos! Así se dice y por algo será.

Me gusta imaginar los fastos, en la época de mayor gloria del Imperio, cuando el 13 de mayo del año 113 d.C tuvo lugar la inauguración de la Columna Trajana !Feliz cumpleaños Emperador!

Y a mí me ha dado por pensar que visto como va el mundo por estas latitudes romanas y por quellas otras entrañables de mi tierra Hispania, comenzando por la provincia Bética, esto es la Andalucía cruzada y regada por el Guadalquivir, pues se me parte el alma no tanto de indignación cuanto de tristeza, ya que, a estas alturas de la vida, cada día que veo amanecer la tristura, que nada tiene que ver con la resignación, es más fuerte que el orgulloso cabreo de sentirme español. Y sin querer dar lecciones de historia y menos de arqueología, que para ello están los expertos y sólamente guiado por mi perpetua curiosidad con que contemplo Roma, desde hace 36 años, y para evadirme de los tales y grandes desmanes que suceden en mi patria, me he refugiado, por unos momentos, en las gestas de unos cuantos hispánicos-andaluces que, mientras exista la historia, serán preclaros testigos de cuánto hicieron grande la provincia romana de la Hispania.

Ni que decir tiene que comparar a esos indignos robaperas y medio cucharas llaménse Griñán, Chaves o Malena, o Arenas o el golferas del Felipe González con sus gobiernos corrompidos y… !Sabio de Europa! pero !Dios mío! !Pero qué bajo hemos caído! sería como hacerlo con todos los dioses del Olimpo pagano de Roma en confrontación con monaguillos de parroquia barriobajera.

Con un presidente que se tiñe el pelo de color mostaza estropajo o una telefonista del PSOE, la tal Valenciano que lo hace, si la óptica no me engaña, de rojo, para evidenciar su procedencia y un Aznarín, melenudo y bigotudo, tal que parece un  roquero de barrio, siempre al borde histérico de la denuncia judicial porque una marujona cuenta en los canales de radio o tv basura, cosas que atañen a sus relaciones matrimonales, pero !Oiga señor! !Que un hombre público al que el gentío enloquecido de impuestos paga su automóvil oficial y su escolta y no sé cuantas otras prebendas, no tiene vida privada que valga! ¿Y el bodorrio de su hija en el Escorial qué? ¿Era privado o público! ¿Y la guerra de Irak era pública o quizás una juerga privada entre amigotes, Bush y el Tony Blair, tirando esas bombas que tanto gustan a los americanos, pero que tanto daño causan al personal, como si fuera una cacería en los montes de Toledo? En un país donde la Sorollita tiene que consultar con el presi qué periodista puede intervenir en una rueda de prensa y que clase de preguntas se le pueden dignar hacer…!Y viva el Cuarto Poder! No es qué me guste el periodismo que ejerce  la marujona María Teresa Campos, aunque sobre gustos no hay nada escrito. Pero me parece una marranada la sentencia que, interpuesta por Aznarín, la ha condenado a unos miles de euros. Por lealtad con la profesión estoy con ella.

En un país en que el libro de la Princesa del Pueblo, la Belén Esteban, llega a su décima edicción en pocas semanas a partir de su publicación y la Terelu es elegida como la mujer representativa de todas las virtudes de la hembra hispánica (en un país así es mejor no sólo vivir, sino acercarse a él). En un país regido por horteras, al menos de intelecto, Rubalcaba, Más, Camps..y un larguísimo ecétera. En país que, como escribe nuestro compa Daniel Martín de republica.com, el Director de la Real Academia de la Lengua, José Manuel Blecua, firma un libro de texto de ESO diciendo que el “Cantar del Mío Cid” pertenece al género lírico y que “El sentimento trágico de la vida” de D.Miguel de Unamuno es una novela, pues vamos listos y no comprendo como no le han expulsado ya, a patadas en el culo de tan eximia y ahora vilipendiada institución. O quizás estèn esperando a que firme libros afirmando que “El Cristo de Velázquez”, también de Unamuno, o el “Quijote” no son otra cosa que culebrones sudacas con vetas de pornografía.

Con los restos de un país desmantelado por abominables banderías y sectarismos, de poderes públicos ignorantes y corrimpidos, lo mejor que se podría hacer es liar un buen y apretado paquete y arrojarlo al Mediterráneo o mejor a la Mar Océano del Atlántico, cuyas aguas son más profundas, como si fueran desperdicios contaminados.

Alos supervivientes de tal tragedia nacional, les recomendaría leer “Memorias de Adriano” y al que ya lo haya hecho, que espero sean miles, repetir lectura.

Por mi parte, “Anima vagula,blandula

Hospes comesque corporis

Quae nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut soles, abis iocos..”

Y a esperar, cuando me llegue, la hora del tránsito y tener el valor de mirar a la parca con los ojos bien abiertos.

Este año que se va se me han ido un par de amigos, uno italiano, el otro español, Manolo Martín Ferrand, compañero de vieja data de aventuras televisivas en la TVE, pero, sobre todo, maestro de quien tanto aprendí. Descanse en paz en el Reino de los Justos. Su recuerdo nos acompañará siempre. A su incomparable esposa y a sus hijos y nietos, un  abrazo de esperanza.

A mis directores y compañeros de republica.com gratitud. A mis posibles lectores paciencia por soportarme en la esperanza de tener que continuar haciéndolo por mucho tiempo.

“He vivido tanto que quisiera vivir otro tanto” (Pablo Neruda)

A todos, ¡¡¡Muy Felices Pascuas!!!

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