Nº 1657 -  26 / X / 2014 
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OPINIÓN

Alfonso Armada se llevó el secreto a la tumba

Jaime Peñafiel
 

Siempre he mantenido que solo tres personas podían desvelar los secretos del 23F: su majestad el Rey, el general Armada y el general Fernández Campo. Sabino falleció el 26 de octubre de 2009; Armada, murió ayer. Solo queda don Juan Carlos que nunca hablará, of course.

La reacción de La Zarzuela, al conocer la noticia de la muerte de quien, desde 1966, fuera primero, Secretario General de la Casa del Príncipe y, al ser proclamado éste Rey, en 1975, Secretario de la Casa Real, hasta 1977, fue la que tenía que ser. Rafael Spottorno, Jefe de la Casa, mantuvo una conversación telefónica con la familia para testimoniar su sentimiento, en nombre de los Reyes.

No olvidemos que durante los años que Armada permaneció en prisión, cumpliendo la cadena a 30 años que le había impuesto el Tribunal Supremo, el Rey envió al general Sabino al hospital, donde el ex general convalecía de una grave operación a la que había sido intervenido. Bien es sabido que la relación personal entre los dos no era lo que se dice ni cordial.

La muerte de Alfonso Armada no ha supuesto un respiro para don Juan Carlos. Bien sabía él de su lealtad. Durante el juicio en Campamento, sus compañeros de armas le exigieron que hablara. Armada pidió permiso al Rey para defenderse. Su majestad no se lo concedió y él prefirió ser condenado y sufrir el vacío que los golpistas le hicieron durante el tiempo que duró el juicio. Incluso le impidieron figurar en la fotografía que todos los procesados se hicieron antes de pronunciarse la sentencia.

Nunca sabremos que se calló antes, durante y después del juicio. Tampoco de que hablaron él y el Rey, hasta las 3 de la madrugada, en la noche del 6 al 7 de febrero en Baqueira.

“A pesar del momento tan dramáticamente emotivo que atravesaba doña Sofía, don Juan Carlos consideró conveniente permanecer en Baqueira y viajar a Madrid al día siguiente. Tenía que hablar con Armada. Después de despedir a la Reina, estuvieron juntos hasta las 3 de la madrugada.” (Manuel Soriano, “La sombra del rey”).

Armada cuenta en sus memorias “Al servicio de la Corona” (Planeta) que, “solo se habló durante la noche de la reina Federica y de su enfermedad” (no tenía ninguna).

Soriano, en el citado libro, escribe que “Además de hablar de la reina Federica tuvieron oportunidad de abordar, a solas, la crisis política abierta con la dimisión de Suárez, el creciente descontento del ejército, la división del partido gubernamental (UCD) y la inquietud del primer partido de la oposición (PSOE) por alcanzar el gobierno”.

Mucho menos conoceremos ya lo que el Rey y Armada hablaron en la importante audiencia en La Zarzuela, el 13 de febrero, al regreso del entierro de la reina Federica en Atenas.

“A Sabino le llamó la atención que Alfonso no pasara a hablar con él a su despacho y si lo hiciera con Modéjar”. (Soriano dixit).

Esto y muchas cosas más, nunca las sabremos porque Alfonso Armada ha sabido ser no solamente mudo sino leal, monárquico y católico hasta la muerte.

“¡Por fin me decido a escribir! El Mudo habla, dirán algunos. Sería mejor que continuase callado, pensarán otros. ¡Pero mi fidelidad al Rey ha sido, es y será total, absoluta!”, escribe Alfonso Armada en la introducción de sus memorias, justificando su injustificable actuación en el 23F.

Posdata: Sería bueno conocer quiénes han pasado por la capilla ardiente en el tanatorio de San Isidro.

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