Nº 1622 -  21 / IX / 2014 
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OPINIÓN

La valla

Inocencio Arias
 

Las imágenes de los subsaharianos saltando en Melilla una valla, que se suponía insalvable, producen sentimientos encontrados. De un lado conmueven, y oír a un esforzado miembro de la Cruz Roja decir que uno se percata de lo que es la condición de emigrante cuando abraza y da calor a uno de esas pobres personas rescatadas del Mediterráneo y ateridas de frío.

Por otra parte, sin embargo, no se comprenden dos aspectos del drama. En primer lugar como las autoridades marroquíes, si tienen una fértil cooperación con nosotros, han permitido que haya junto a la frontera melillense una concentración de varios centenares de personas. ¿Fue una maniobra rápida de los invasores o hay alguien interesado en que las autoridades marroquíes cierren intermitentemente los ojos? En segundo lugar, resulta extraño que la famosa valla pueda ser traspasada por tal cantidad de gente. Creíamos que había sido reforzada y diseñada para que eso no pudiera ocurrir. Zapatero, en una entrevista con un líder extranjero, se quejaba de la burocracia española que el mismo tenía que sufrir. Los GEOS habían hecho ejercicios en la valla, habían informado de la altura y características que debía tener, el Presidente dio órdenes para que se levantara tal como habían descrito y, entonces, un informe de la Intervención o de un organismo similar había dilatado la ejecución de las obras.

El entonces Presidente del Gobierno estaba, pues, mentalizado de la seriedad del tema. Actuó correctamente. Tuvo, entonces, eso sí la ocurrencia, en un viaje a Méjico y encontrándose cerca de la valla construida por las autoridades estadounidenses para frenar la colada de mejicanos en Estados Unidos, de hacer una de sus frases inmortalmente paradójicas: “No hay valla que no pueda ser vencida por la comprensión y la solidaridad” o algo así. Un yanqui me preguntaría no mucho más tarde por qué mi Presidente hacia frasecitas sobre la valla americana y levantaba una en Melilla o Ceuta. Pero, en fin, el hecho es que la valla razonablemente reforzada por Zapatero se concluyó. Ahora resulta que no era tan inexpugnable. Deberíamos conocer las razones.

No hurtemos, sin embargo, el tema de fondo. Los africanos van a seguir saltando a España. La diferencia de ingresos en su país y la de aquí, aunque lleven una vida precaria entre nosotros, es abismal. Somos, además, la puerta de entrada en Europa. Pero España, por compasivos y solidarios que seamos, no puede dejar ninguna rendija en la puerta. Precisamente por la existencia de esa diferencia. Si bajáramos la guardia no entrarían cien sorpresivamente en un día, serían miles cada semana.

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