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Empezará el 12 de marzo

El cónclave para elegir al Papa que se enfrentará a los grandes desafíos de la Iglesia comenzará el 12 de marzo

  • Los cardenales han celebrado ya cinco días de reuniones para repasar los principales problemas de la Iglesia y definir el perfil del próximo Pontífice
  •   El cónclave para elegir al Papa que se enfrentará a los grandes desafíos de la Iglesia comenzará el 12 de marzo
    REPUBLICA / EFE / PILAR GASSENT | Roma Publicada el 08-03-2013

    Ya hay fecha para que comience el Cónclave del que deberá salir elegido el nuevo Papa. Será el próximo martes, 12 de febrero. Muchos son los desafíos que tendrán que afrontar el próximo Pontífice y los mil millones de católicos que hay en el mundo. El primero será aprender a convivir con una situación del todo inédita tras la histórica renuncia de Benedicto XVI. Pronto, entre los muros vaticanos convivirán dos Papas, el emérito y el electo. Benedicto, el Papa teólogo, dijo que quería retirarse del mundo y llevar una vida dedicada a la oración. Pero muchos se preguntan qué ocurrirá si, como piden los sectores más progresistas de la Iglesia, el elegido es un ‘Papa de cambio’ que decida, por ejemplo, no seguir negando la comunión a los divorciados. Sin llegar 'a tanto', la convivencia con otro Papa dentro del Estado más pequeño del mundo, de sólo 44 hectáreas, tiene de todos modos un notable peso psicológico. Bajo el cuadro “El juicio final” de Miguel Ángel que adorna la Capilla Sixtina, los purpurados tienen que resolver un dilema: si elegir a un Papa con fuertes dotes de mando, un gestor que gobierne con mano firme la nave de la Iglesia, o una figura con un perfil más misionero, capaz de hablar y de conectar con las masas. De momento, el ‘VatiLeaks’, la filtración masiva de documentos vaticanos, junto a los casos de abusos sexuales y los escándalos financieros pesan mucho sobre el cónclave, como han pesado sobre las congregaciones previas. Algunos cardenales han pedido conocer esos documentos y el resultado de la investigación en torno a la filtración, antes de pronunciarse a favor o en contra de los candidatos a suceder a Benedicto, por una razón muy sencilla: saber cuál es la verdadera dimensión del problema que aguarda al elegido. El Vaticano no ha accedido y ha mandado callar para evitar cualquier posible filtración de lo que se discute en las reuniones.

    Dos electores que ya han anunciado que no participarán en el cónclave, el indonesio Julius Riyadi Darmaatmadja, por enfermedad, y el británico Keith O’Brien, exarzobispo de St. Andrews y Edimburgo, acusado de “comportamiento inapropiado” hacia otros religiosos en la década de los años ochenta. La de O’Brien ha sido la última cabeza purpurada que ha rodado por el escándalo de los abusos sexuales en tiempos, todavía, de Benedicto XVI.

    Pero al elegido para sucederle le aguarda, sobre todo, el VatiLeaks por expreso deseo de Ratzinger, que lo dejó sellado y bien guardado para fuera él quien decidiera qué hacer con el resultado de la investigación que se ha llevado a cabo. Hay otro asunto incómodo que heredará de su predecesor: la reforma de la Curia que el Papa emérito no pudo llevar a cabo. Esa tarea ha sido objeto de debate para los cardenales durante los cinco días de reuniones que han celebrado hasta ahora. Por lo que ha trascendido, se avanza hacia una simplificación, con menos departamentos y mayor coordinación. Sectores progresistas como el movimiento ‘Somos Iglesia’ han aprovechado para reclamar un cambio profundo, una ‘limpieza’ de las estructuras. Con ello pretenden dos cosas: un mayor acercamiento a la calle y que se disipe el temor a nuevos escándalos.

    Ese peligro no ha sido ni mucho menos conjurado, como se desprende de la declaración de uno de los ‘cuervos’ -que es como se conoce a los filtradores de los documentos vaticanos- al diario La Repubblica, cuando estalló el escándalo: “Lo confieso, yo soy uno de los ‘cuervos’. Somos muchos y filtramos documentos para defender al Papa y denunciar todo lo podrido que hay en la Iglesia. El mayordomo no tiene nada que ver.” De hecho, nadie cree que Paolo Gabriele, el mayordomo condenado por la filtración, actuara en solitario. Las declaraciones de este ‘cuervo’ daban a entender que era prácticamente imposible apagar el incendio: “Hay cardenales, sus secretarios personales, monseñores y peces pequeños. Están quienes se oponen al secretario de Estado, Tarcisio Bertone, los que piensan que Benedicto XVI es demasiado débil para manejar la Iglesia, los que creen que es el momento justo para salir a flote. Al final, se ha convertido en un todos contra todos, en una guerra en la que ya no se sabe quién está con quién y quién está en contra”.

    Hace un par de días, otro cuervo -o el mismo- anunciaba más filtraciones también desde las páginas de La Repubblica y explicaba su objetivo: “Es un desafío. A la Iglesia Católica y a la Curia Vaticana, para que hagan el bien. Y para obtener lo que nosotros no hemos logrado: una Iglesia libre, fuerte y transparente. Libre de intereses privados, también de algunos cardenales. Libre de la mala gestión en los tiempos pasados y recientes que ha caracterizado algunas operaciones del IOR”.

    La Santa Sede, impotente ante las filtraciones, ha optado por poner la mordaza a los cardenales, no vaya a ser que también hablen más de lo conveniente. El Colegio Cardenalicio ha prohibido a los purpurados hablar con los medios de comunicación para evitar filtraciones, por lo que han quedado suspendidas las conferencias de prensa que los cardenales estadounidenses ofrecían después de cada congregación.

    En el terreno de las finanzas, la sospecha del blanqueo de capitales que se extiende sobre el Vaticano es otra de las fieras que habrá de domar el próximo Papa. Habrá que ver si una de las últimas decisiones adoptadas por Ratzinger, tras anunciar su renuncia, pretendía desbrozar el camino a su sucesor o si es un regalo envenenado para evitar que entre hasta el fondo de las cuentas vaticanas. Benedicto XVI nombró al abogado Ernst von Freyberg como presidente de su banco, el Instituto para las Obras de Religión (IOR) –que es como realmente se llama el banco del Vaticano-, un puesto vacante desde mayo pasado cuando el jefe anterior fue expulsado de la institución, duramente golpeada por escándalos financieros. El predecesor de Von Freyberg, Ettore Gotti Tedeschi, fue cesado con el pretexto de que había estado involucrado en la fuga de documentos secretos, el ‘VatiLeaks’, aunque el motivo real pudo ser su empeño en acabar con el dinero de procedencia oscura que se refugiaba en el IOR, lo que le llevó a aprobar la primera ley contra el dinero negro en abril de 2011. Pese a todo, una comisión europea dijo en julio que el banco del Vaticano no logró cumplir todos sus estándares en la lucha contra el lavado de dinero, evasión de impuestos y otros delitos financieros.

    La regla de silencio que han secundado los cardenales ha impedido saber lo que se ha avanzado en los debates de estos días. El portavoz vaticano, Federico Lombardi, explicó en su momento que se trataba de avanzar el máximo posible en el trabajo de las congregaciones para que una vez abierto el cónclave no quedaran grandes asunto que resolver y los cardenales pudieran centrarse en lo principal: la votación del nuevo Papa. “Cuando los cardenales entren en la Capilla Sixtina para elegir al Papa, tendrán solo tiempo de votar con un ritmo de cuatro escrutinios al día. Es comprensible, por lo tanto, que quieran tener las ideas muy claras antes de comenzar”, dijo Lombardi. Hasta llegar a este punto, dos cardenales han sido esenciales para dirigir el debate: el camarlengo, Tarcisio Bertone, y el decano, Angelo Sodano.

    Así será el cónclave

    El segundo cónclave del tercer milenio comenzará el martes 12 de marzo y el próximo Papa necesitará en todas las votaciones una mayoría de dos tercios para ser elegido. Así lo contempla la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis”, que precisa que si se llega a una votación entre los dos más votados, estos no podrán participar y que si se perpetrara el delito de simonía (comprar los votos) todos los culpables serán excomulgados, pero el voto será válido. También prevé que los cardenales electores deberán abstenerse de toda forma de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género que les puedan obligar a dar o negar el voto. Si eso sucediera, el compromiso adquirido sería nulo y nadie estará obligado a observarlo. Los cardenales tampoco pueden hacer capitulaciones antes de la elección.

    El cónclave comenzará en la tarde del próximo martes tras la misa solemne que se celebrará en la Basílica de San Pedro por la mañana, la llamada Misa votiva “Pro eligendo Papa”, a la que asistirán todos los fieles que lo deseen, así como el Cuerpo Diplomático. Por la tarde, los cardenales se reunirán en la capilla Paulina y en procesión se dirigirán hacia la capilla Sixtina -que sigue siendo el lugar de los cónclaves- recitando las letanías y cantando el “Veni Creator Spiritus”, con el que invocarán la ayuda del Espíritu Santo. Una vez dentro, se procederá al juramento, por el que se comprometerán a mantener el secreto de todo lo que se diga o haga.

    Para garantizar el secreto, los especialistas han hecho severos controles para que no sean instalados medios audiovisuales de grabación y trasmisión exterior.

    Después, el Maestro de Ceremonias Pontificias pronunciará la frase “extra omnes” y todos los ajenos al cónclave saldrán de la Capilla. Abolidos los modos de aclamación y por compromiso, la elección se hará por escrutinio secreto. Para que sea válida se requieren los dos tercios de los votos, calculados sobre la totalidad de los electores presentes. Al ser 115, el elegido necesitará al menos 77 votos.

    En la tarde del 12 de marzo se hará la primera votación y en los días siguientes si la elección no ha tenido lugar se llevarán a cabo dos por la mañana y otras dos por la tarde.

    La normativa establece que después de tres días de escrutinios sin resultados positivos, las votaciones se suspendan durante un día para hacer una pausa de oración y coloquio entre los votantes. Tras ese día de pausa volverán a celebrarse otros siete escrutinios y si se sigue sin elegir Papa se efectuará otro descanso y se volverán a hacer otros siete escrutinios. Si se sigue igual, habrá nueva pausa y, de nuevo, otras siete votaciones. Y así hasta el 33 o 34 escrutinio (dependiendo si el primer día se vota o no).

    A partir de ese momento, hasta ahora, se pasaba a elegir Papa entre los dos cardenales que en el último escrutinio hubieran obtenido el mayor número de votos. La normativa exigía que el elegido lo fuera por mayoría absoluta (la mitad más uno). Esto lo cambió en 2007 Benedicto XVI, que estableció que ya en este cónclave fueran necesarios los dos tercios de los votos en todos los escrutinios. También estableció que si se llega al voto entre los dos más votados, éstos no podrán participar en la votación.

    El procedimiento de escrutinio se desarrollará en tres fases: preparación y distribución de las papeletas por parte de los Ceremonieros, quienes entregarán dos o tres a cada cardenal elector; elección por sorteo de tres escrutadores (de entre los cardenales), de tres encargados de recoger los votos de los enfermos y de tres revisores, y si entre los elegidos por sorteo salen cardenales electores enfermos se extraerán los nombres de otros no impedidos.

    Las papeletas tendrán forma rectangular y llevarán escrita en la mitad superior las palabras “eligo in summun pontificem”, mientras que la parte inferior estará en blanco para que se escriba allí el nombre del elegido. Cada cardenal deberá escribir el nombre con una caligrafía lo más irreconocible posible y poner sólo uno, más harían el voto nulo. Para asegurar que los cardenales estén solos, en el momento de la votación saldrán de la Sixtina el secretario del Colegio de Cardenales, el Maestro de Celebraciones Pontificias y los ocho ceremonieros.

    Una vez escrito el nombre en la papeleta, cada cardenal llevará la suya, de forma bien visible, hasta la urna. Delante de los escrutadores pronunciará él juramento: “Pongo por testigo a Cristo Señor, el cual me juzgará, de que doy mi voto a quien en presencia de Dios, creo que debe ser elegido”. Después colocará la papeleta en un plato y con éste la introducirá en la urna y luego volverá a su sitio. Si alguno de los cardenales electores no puede ir hasta el altar a llevar su papeleta, un escrutador se encargará de hacerlo, después de que el purpurado pronuncie la fórmula.

    Una vez que todos los cardenales electores hayan introducido su papeleta se procede a contarlas. Si el número de las mismas no corresponde al de electores se procederá a quemarlas inmediatamente y se realizará una segunda votación. Si todo está en orden, los escrutadores se sientan en una mesa colocada delante del altar. El primero toma una papeleta, la abre y mira el nombre del elegido y la pasa al segundo, que hace lo mismo y la pasa al tercero, el cual lee en voz alta e inteligible el nombre, para que todos puedan escucharlo y anotarlo.

    Concluido el escrutinio, se suman los votos obtenidos por los diferentes nombres y se anota. El último escrutador que lee las papeletas las va perforando con una aguja en el punto donde aparece la palabra “eligo” y la inserta en un hilo.

    Al final se atan los extremos del hilo con un nudo y las papeletas así unidas se ponen en un recipiente o al lado de la mesa. Si ninguno de los elegidos alcanza los dos tercios de la votación no hay papa y si lo logran ya hay nuevo sucesor de san Pedro. En ambos casos habrá que proceder a un control de las papeletas. Si todo es correcto y antes de que los cardenales abandonen la Capilla Sixtina todas las papeletas serán quemadas. En caso negativo (fumata negra) habrá que volver a votar, si es positivo será “fumata blanca).

    Una vez elegido, el cardenal decano -aunque en esta ocasión no será Angelo Sodano, ya que tiene 85 y no podrá entrar en la Sixtina, sino el cardenal Giovanni Battista Re- en nombre de todo el colegio pide su consentimiento al elegido con las palabras: “¿Aceptas tu elección canónica para Sumo Pontífice?”. Dado el consentimiento se le pregunta cómo quiere ser llamado y después el Maestro de Ceremonias levanta acta. Finalmente se anunciará al mundo con la fórmula: “Habemus Papam”.

     

     

     

     
     

    Hay varios comentarios

    1. antonio gómez dice:

      Desde hace tiempo la Iglesia Católica, como institución,se ha mostrado lenta y torpe a la hora de reaccionar a los cambios del mundo moderno. No ha sabido, o no ha podido por la propia miseria y limitación que impone toda organización bimilenaria, adaptarse a los cambios del progreso, de la laicización y del relativismo contemporáneos. Después de su declaración por dar un aggiornamento al mundo de la posguerra con el concilio vaticano segundo, siguió con un papa social, procedente de la combativa Italia norteña, Pablo VI, luego un efímero Juan Pablo I, sustituído por un papa que vendía al exterior un mensaje que buscaba ser cercano, el papa viajero polaco intentaba llegar a todos. La iglesia necesitaba, en su mayor crisis interna, acercarse a una clientela que se estaba refugiando en valores discutibles. Con Ratzinger, el papa filósofo, interlocutor de Habermas, forjado en la teología de Tübingen, se quería limpiar dogmáticamente el campo propio, persiguiendo todas las iniciativas heterodoxas. Pero ese hermetismo no pudo evitar, más bien, involuntariamente, alimentó, los escándalos sexuales y los roces con la propia investigación científica. ¿ A qué apuesta el Vaticano en estas horas bajas de fe y de devoción ? El panorama es harto complicado: la propia estructura interna de la Iglesia se ha constituído en esa caja de hierro que asfixia las necesarias medidas de reformas que la Iglesia está obligada a realizar si quiere dar una respuesta convincente a este mundo que ha acabado por aplastar, después de 600 años, la voluntad del mayor pastor de la Iglesia. Es muy díficil iniciar un cambio cuando todo el aparato está dispuesto para seguir con el mayor inmovilismo y hermetismo. Es la propia sociedad de creyentes la que tendrá, como en tantos momentos anteriores de la historia, iniciar el cambio y se replantee los temas tabúes de una nueva ética sexual católica, de un reparto mas igualitario de los cargos, eliminando esa discriminación contra el sacerdocio femenino y de una nueva actitud con respecto a los avances de la ciencia. Iniciativas que el nuevo papa, elegido en un club selecto,hermético y atado por el papa emérito,no podrá llevar a cabo.La tragedia del presente cónclave, y su fatalidad, reside en el hecho de que las necesidades morales, humanas y profundamente religiosa van por un camino, pero los intereses del mantenimiento racional y funcional de la Iglesia van por otro camino:son incompatibles. Que la Iglesia opte por asegurarse su supervivencia como institución humana puede ser comprensible pero le quita toda legitimidad, ya que obvia, elude las respuestas acuciantes que el mundo necesita y que un cálculo funcional del mantenimiento de la propia estructural de poder del Vaticano no podrá sustituir. La extraña dimisión, inédita de una persona tan anclada en la tradición como Ratzinger, nos hace ver claramante la situación de asfixia, de incapacidad de mover fichas que domina en esta institución humana que está abortando posibilidades inevitables de cambio.

    2. el sudaca dice:

      El primer desafio es sacar a todos los curas , obispos etc degenerados ,tiempo ha que la iglesia tiene harto conocieminto de ese desafío y ha preferido ocultarlo ,casi en la mayoría de los casos

    3. Anónimo dice:

      Qué más dará quien salga elegido Papa, si al final será un discriminador anclado en la prehistoria, encubridor de pederastas y amigo de fascistas como todos sus predecesores desde hace milenios. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2011/12/ya-era-hora-el-cardenal-rouco-varela.html

    4. Respuesta a anónimo dice:

      Habrá que fiarse totalmente de tu criterio. Se ve que eres una persona ecuánime, bien formada, que aceptas el contraste de pareceres, sin ningún tipo de prejuicios y en posesión de la verdad absoluta…

    5. Anónimo dice:

      Qué más dará quien salga elegido Papa, si al final será un discriminador anclado en la prehistoria, encubridor de pederastas y amigo de fascistas como todos sus predecesores desde hace milenios. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2011/12/ya-era-hora-el-cardenal-rouco-varela.html

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