En vez de recortar la libertad de expresión, como sugiere El Fary del PP (Floriano), otro memo que no sabe hablar ni lo que es la democracia, lo que deben de hacer en el Partido Popular -que está manga por hombro y todos a palos entre ellos con Luis Bárcenas de árbitro de la pelea-, es prohibir a todos sus dirigentes que hagan declaraciones siguiendo la costumbre habitual de Mariano Rajoy que Ana Mato ha llevado hasta sus últimas consecuencias, como se ha podido comprobar en Nueva York.
De hecho en Génova 13 ya hicieron un ensayo general durante las dos últimas semanas sin ruedas de prensa porque nadie quería salir a dar la cara para explicar lo inexplicable. “Sal tú que a mí me da la risa”, se cuenta que se decían los unos a los otros en los pasillos de la central. Eso sí, a puerta cerrada, hablan cantidad. Ahora hemos sabido (las lenguas bífidas de doble filo lo cuentan por Madrid) que Esperanza Aguirre, la condesa de Bombay y la peor articulista de ABC y de España -no sabe escribir y no se le ocurre nada-, le ha llamado “imbécil”, por dos veces, a Cospedal en la tormentosa reunión a puerta cerrada que celebró hace pocas semanas la dirección del PP de Madrid.
Y lo peor de todo ello es que son muchos los dirigentes del PP que consideran que Aguirre tiene razón porque todos culpan a Cospedal del enfrentamiento con Bárcenas, a pesar de que todos saben que el responsable es Rajoy, que lo echó a los pies de los de los caballos de los jueces y los fiscales, donde puede que acaben todos en tropel.
Pero -dicen entre bambalinas los del PP- “¿a quién se le ocurre atacar a Bárcenas, que tiene en su mano todos los documentos de las cuentas buenas y malas del PP?”. Pues a Cospedal, la que para más detalles no sabe hablar, lo que hace sospechar que sacó las oposiciones a la Abogacía del Estado por escrito (Soraya sin embargo lo hizo en examen oral). Una Cospedal que ayer, para no defraudar, volvió a hacerse un lío a propósito del machismo y el feminismo, con lo que ha vuelto a montar en las redes sociales.
O sea, bonitas están las damas del PP: Botella se lleva mal con Aguirre; Aguirre se lleva a matar con Cospedal; Cospedal se lleva mal con Soraya; Soraya casi no se habla con Falete; Mato se ha quedado muda por comer chuches en las fiestas infantiles de Gürtel; Báñez se ha peleado con su peluquero; Martínez Castro se viste en los chinos; Rita Barberá está a punto de inmolarse,con su colección de bolsos, en las Fallas como un Ninot, antes de que la llame el fiscal del caso Noos; y a Alicia Sánchez Camacho le han hecho una grabación secreta cuando pretendía obtener los secretos amorosos de alcoba de Oriol Pujol.
Por todo ello no es de extrañar que la Reina Sofía vaya a rezar y a besarle los pies al Cristo de Medinaceli. Ahora bien, lo de llamar “imbécil” a Cospedal es una pasada de Esperanza Aguirre porque la condesa se aburre como una mona, ahora que se ha percatado de que alguien la empujó cuando se asomó al balcón de la Puerta del Sol y de pronto se vio en la calle tras perder el poder. Por eso y para llamar algo la atención se presenta como la impoluta y anti corrupción -le ha pedido a Mato que dimita- un título éste el de las pretendidas “manos limpias” del PP, que le disputa Cospedal (con su demanda inicial contra Bárcenas), y que a buen seguro quedará desierto porque no hay nadie el PP para lanzar la primera piedra. No en vano lo que Aguirre le imputa a Cospedal es que no tapara las inmundicias internas del PP tal y como se ha venido haciendo en los últimos años, bajo las presidencias de Rajoy y de Aznar, quien seguramente piensa lo mismo de Cospedal.