La victoria del Madrid en Manchester era previsible. Apostar por ella era hacerlo a caballo ganador. Lo que no entraba en los cálculos era el modo en que lo consiguió. La calidad de ambos conjuntos presentaba clara diferencia a favor de los madridistas. El juego inglés era el que mejor le podía servir al Madrid. Jugar al contragolpe siempre le favorecerá porque posee jugadores especializados en tal misión y, muy especialmente en lo que se refiere a la participación de Cristiano. Ganar con la descarada ayuda arbitral empaña su triunfo.
Lo realmente inesperado fue el juego del Manchester, muy por encima del exhibido en el Bernabéu. El sistema planteado por sir Alex Ferguson sorprendió a los madridistas. Pareció añagaza que en los primeros minutos dejaran al Madrid jugar a su manera. Pero ello duró tan poco que el bombardeo sobre la portería de Diego López casi fue de fuego constante. Los saques de esquina hicieron sufrir a defensores y portero madridistas.
No aprovechó el United las ocasiones en que estuvo dentro del área contraria y con posibilidades de gol. El único que llegó a su casillero fue obra de Sergio Ramos, en jugada embarullada. El Madrid que se había previsto y vaticinado no apareció. El planteamiento de Mourinho quedó relegado a ataques esporádicos y con tan escasos disparos a gol que De Gea se fue al descanso inédito.
Las apuestas en favor del Madrid resultaron fallidas hasta el momento en que el árbitro, el turco Kunet Kakir, decidió tomar parte en la contienda y lo hizo a favor del Madrid. La expulsión de Nani, injusta totalmente, cambió el partido y a partir de ese instante el United quedó acorralado por el Madrid que recurrió a la épica.
Sólo tardó diez minutos el conjunto madridista en aprovechar la superioridad numérica. El gol de Modric igualó la eliminatoria y Cristiano, oportuno, remachó la función.
La satisfacción madrileña habría sido superior si el juego se hubiera desarrollado de acuerdo con lo previsible. La mayor calidad futbolística no apareció hasta el momento en que el árbitro cambió lo que pudo haber sido una tarjeta amarilla por la expulsión.
El historial madridista merecía otro tipo de victoria. Ha llegado a los cuartos de final, pero se le ha reprochado en todas partes el modo en que lo ha conseguido. Mourinho ganó dos Ligas de Campeones con Oporto e Inter ayudado por los árbitros en momentos cruciales. Esta vez tampoco le ha faltado el apoyo de la institución.