El presidente de la patronal española, Juan o Joan Rosell, ha armado una buena con sus declaraciones esta pasada semana en la que ha dejado dos perlas para la posteridad: la acusación de inutilidad de la Encuesta de Población Activa (EPA) para medir el nivel de paro del país y la escasa utilidad de una parte del aparato administrativo público, en el que hay más funcionarios de los que se necesitan, cuya mera desaparición, mandándoles el sueldo a casa, arreglaría muchas cosas, porque algunos no hacen más que enredar y son la antítesis de la productividad.
Rosell, antes de nada, es un empresario de la rama de los propietarios, no de los empresarios-funcionarios. Se puede decir que hay dos clases de empresarios en España, unos los que viven adosados al sector público y a las contratas y otros los que se ganan la vida en la jungla del mercado. Los primeros suelen ser los más poderosos y los que suelen copar los puestos más representativos de las organizaciones empresariales. Los segundos son por fortuna los más, pero tienen poco aprecio a la política y a la labor de representación, se les conoce menos y tienen menos trato con la clase política y con la Administración, no se les suele encontrar en los pasillos del poder ni moviendo papeles de acá para allá y muchos ni siquiera están suscritos al Boletín Oficial, que es en algunos casos el diario más leído por los empresarios del primer grupo.
Rosell, vaya por delante, pertenece más a este segundo grupo que al primero. Encima es catalán y catalanes no han aparecido muchos por la vida política española en los últimos tiempos, aunque Carlos Ferrer Salat, empresario de árbol genealógico complejo y dilatado en varias generaciones, fue el primer líder de la gran patronal, la CEOE, en la que dejó una huella realmente brillante, aunque tenía como escudero a José María Cuevas, secretario general que tras la marcha de Ferrer se hizo cargo de la patronal él mismo, en la etapa más larga y posiblemente más fructífera de la organización.
La descalificación de la EPA realizada por Rosell tiene poca cabeza ya que es la estadística española de cabecera y mide el mercado de trabajo con una minuciosidad y una calidad de resultados que posiblemente no pueden exhibir otras estadísticas oficiales en España y en Europa. La EPA es la joya de la Corona en el mundo de la estadística. Sus cifras son difíciles de rebatir. Miles de personas son entrevistadas cada trimestre y sus resultados gustarán más o menos, sus defectos (algunos tiene) será necesario corregirlos cuanto antes, pero hay una rara unanimidad en el mundo académico, estadístico y económico que apunta hacia la excelencia de esta estadística.
¿Por qué la ha atacado Rosell de forma tan poco correcta, cuando la patronal forma parte de los diversos estamentos que tienen el privilegio de participar en la fijación de criterios para la elaboración de la muestra? Es un misterio, sobre todo porque no consta que la patronal se haya opuesto nunca al diseño de este macro sondeo posiblemente ejemplar de la estadística nacional, teniendo capacidad sobrada para exigir y proponer cambios en su elaboración. Debe saber perfectamente el señor Rosell que la comparación entre la EPA, que es una encuesta, y el Paro Registrado, que es un registro público del que dependen una serie de oportunidades y derechos, es bastante improcedente.
El Paro Registrado no mide bien el paro real del país por la sencilla razón de que hay muchos colectivos que no pueden darse de alta, como una parte de los inmigrantes, más de medio millón. Tampoco se da de alta mucha gente que no espera que el alta le sirva para encontrar un empleo o para acceder a algún tipo de beneficio. En fin, hay diferencias numerosas y muy considerables que han provocado un ensanchamiento a lo largo de los últimos años de crisis económica de la diferencia entre los parados que mide al EPA y los que contabiliza el Paro Registrado. Los servicios técnicos de la patronal serán capaces de explicárselo con detalle al presidente de la organización. Basta que les escuche. Dicho esto, no sería mal asunto que, ahora que la patronal ha lanzado un “debate” sobre el tema, realice algunas propuestas tendentes a la mejora de este trabajo de acercamiento a la realidad.
Lo de Rosell bien cabría entenderlo como un desahogo de quien quiere vivir en un país menos castigado por la crisis y con más oportunidades de empleo, a lo que el propio Rosell, desde la patronal, puede contribuir con bastante más capacidad que el resto de los españoles. Lo que está claro es que sean 5 ó sean 6 los millones de españoles en paro, el país está muy lejos de generar la riqueza que requiere su potencial y que esto habría que arreglarlo cuanto antes. Tenemos casi cinco veces más parados que algunos importantes países de la Eurozona y tenemos también notable derecho a exigirles a nuestros socios que echen una mano, porque la creación de la Eurozona les ha venido muy bien a algunas economías mientras otras, como la española, han tenido que renunciar a fórmulas que antes servían para arreglarnos la vida, como las devaluaciones del tipo de cambio.

Pablo Sebastián
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Marcello
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