Nº 1132 -  19 / V / 2013 
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OPINIÓN

La verdad ayuda más que el encubrimiento

Fernando Glez. Urbaneja
 

El Partido Popular ha dado dos pasos ante la presión pública para acreditar que no maneja cuentas B. Las evidencias existentes hasta ahora sobre las finanzas de los partidos, incluido el PP, son deplorables. Los sistemas de llevanza de las cuentas son rudimentarios, como hace medio siglo, la cuenta la vieja. Y el trabajo del Tribunal de Cuentas es para cerrar el organismo por inoperancia. El modelo del tribunal es franquista, aun peor, entonces tenía algo más de prestigio. Un cementerio de elefantes para que los partidos agradezcan servicios prestados y por prestar a gentes de segunda fila. Que a estas alturas la revisión de las cuentas de los partidos ande por el 2007 es para despedir a todo el Tribunal. Y el último informe emitido correspondiente a ese año es para partirse de la risa.

Al PP hay que agradecerle ahora sus dos últimos ejercicios de transparencia. Primero las cuatro hojas de balance y cuenta de resultados abreviadas del cuatrienio 2007-11. A las PYMES se les exigen más detalles para el depósito de cuentas que debe estar hecho antes de que pase un semestre del cierre del ejercicio. Al menos una memoria para explicar las partidas y un mayor desglose de las mismas, incluso en la forma abreviada.

Pero esas cuatro hojas ponen de relieve que los partidos son, de hecho, entidades públicas, viven de las subvenciones del presupuesto que suponen hasta el 87% de los ingresos en el caso del PP. Para los demás partidos será semejante o aun mayor.

La enorme masa de militantes (800.000) del PP acredita una roñosería inquietante a la hora de rascarse el bolsillo por sus ideas. Les toca a 15 euros al año por militante. También es como para que dediquen un rato en su próximo Congreso a semejante racanería. Como receptores de tantas subvenciones debían estar sujetos a la ley de subvencione, que supone que interventores del Estado revisen las cuentas antes de pagar la subvención y que los gastos que financie se justifiquen íntegramente.

Bueno es que el PP haya enseñado esas cuentas, pero eso solo debe ser el principio de un ejercicio más decoroso y moderno de trasparencia, sobre todo por parte de quienes imponen a los demás duras exigencias en ese sentido. Ahora los demás partidos están emplazados a hacer lo mismo que el PP. Llama la atención que ninguno lo hayan hecho ya.

La otra novedad son las declaraciones fiscales de Rajoy. En un país normal no debería ocurrir, pero aquí, con la que está cayendo, resulta conveniente. Por un lado ha quedado evidente que las declaraciones de bienes y rentas presentadas en el Congreso son una broma, formatos confusos que oscurecen más que aclaran. Pero por otro lado han aliviado al PP de la carga de los sobresueldos a sus directivos. Hay sobresueldos y se declaran. Pues ¡alabado sea Dios! Si lo hubieran dicho hace tiempo se hubieran quitado una carga y un disimulo que les ha llevado a hacer cosas de las que ahora se arrepienten.

No estaba tan mal pagado el señor Rajoy (y se supone que el resto) como decían. No pierden tanto dinero por esa voluntaria dedicación a la política. La verdad ayuda a no encubrir y evita los riesgos del disimulo. Ahora tienen que seguir levantando velos, cuando caigan todos serán más libres.

fgu@apmadrid.es

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