Achille Lauro ha sido, en la reciente historia italiana del pasado siglo XX, una figura irrepetible como sólo podía ser un hijo crecido en esa variopinta ciudad de Nápoles, rica de milenaria historia, fue fundada en el siglo VII a.d.C y gracias a sus relaciones con Atenas se convirtió en el centro de la intelectualidad donde se desarrolló el pensamiento de la filosofía epicúrea. Una historia que ha conocido de todo, esplendor y decadencia y de entre estos dos parámetros se ha creado una sociedad particular, inventiva y, a la vez picaresca, que ha florecido en las artes desde la pintura a la arquitectura, como en las letras y en la música, con su folklore y canciones orquestado y cantado en todas las lenguas e incluso en la cocina, – allí ha nacido el plato italiano más conocido y apreciado en el mundo entero: la pizza. Nápoles no es ni una ciudad italiana, ni una ciudad europea. “Nàpule”, tal como se escribe y pronuncia en su dialecto original, es una galaxia ensimisma diferente a cuantas otras pueblan el universo mundo. Su sociedad actual es una mezcla de las particularidades autóctonas de los pueblos del sur del Mediterráneo y de españolescas reminiscencias del Reino de Nápoles y las Dos Sicilias, y la hegemonía de quinientos años de los soberanos españoles de Castilla y Aragón. La Nápoles moderna, con grandes plazas, Palacios, Museos y Teatros, incluso adelantándose a la urbanización napoleónica de París, se realizó bajo el Virreinato de Carlos III que trasladaría a Madrid, siendo Rey de España todo cuanto antes había ensayado en Nápoles. A Carlos III Nápoles le debe, también, las excavaciones de las ciudades de Pompeya y Herculano, que estaban sepultadas bajo las cenizas y la lava del Vesubio desde el año 79 d.d.C cuando su guardián de fuego escupió de sus entrañas todo el furor que llevaba dentro y que todavía guarda, porque vivo está.
Achille Lauro, aunque natural de Sorrento, crece y vive en medio de esta sociedad y ambiente napolitanos. Hijo de un pequeño armador se dedica a la actividad de su padre y ayudado, en un primer tiempo por el fascismo consigue ser nombrado Consejero de los Fascios y Corporaciones, cargo facilitado por la familia Ciano, también armadores (un miembro de esta influyente familia, Galeazzo Ciano, casado con Edda, hija de Mussolini, fue Ministro de Asuntos Exteriores en el gobierno del Duce).
En el curso de la Segunda Guerra Mundial Nápoles fue bombardeada por los aliados durante cien días, reduciendo una buena parte de su patrimonio histórico a un montón de escombros y causando veintitrés mil muertos. Pero, aún así el espíritu emprendedor de Achille Lauro prevalece a estos desastres. Y poco a poco, comienza a reconstruir su flota que, en poco tiempo y mucho antes de la llegada de los griegos, Niarchos y Onassis, es la más importantes de toda cuenca mediterránea. Incluso llega a comprar dos portaviones norteamericanos, destinados al desguace, para transformarlos en dos espléndidos transatlánticos de lujo. Adhirió, nostálgico, al Partido Monárquico y más tarde al de la derecha del Movimiento Social Italiano. Durante muchos años fue alcalde de Nápoles y presidente de su Club Deportivo de Fútbol. Y lo mismo en las elecciones municipales que en las generales para conseguir un estrado en la Cámara de Diputados obtuvo el mayor número mayor de preferencias conocido, hasta entonces, períodos de 1952 a 1956.
En sus campañas electorales y en sus mítines en las plazas de Nápoles, repartía billetes de mil liras partidos por la mitad, miles de paquetes de pasta y zapatos sólo del pie derecho ante sus posibles electores. Y sólo si salía elegido devolvía la otra mitad de los billetes y los zapatos del pie izquierdo. Pero lo pagaba con su propio dinero. A sus 72 años todavía presumía de tener relaciones sexuales, hasta tres y cuatro veces al día, con sus innumerables amantes.
Después de su enfrentamiento con la Democracia Cristiana, su imperio se desmoronó y murió a los 95 años de edad; había nacido en el 1887.
Nuestros políticos de hoy día, a través de la corrupción de los partidos políticos, “compran” el voto con dinero del Estado que, tanto en Italia como en España, pertenece al ciudadano pagante de a pie.
Al inolvidable pícaro napolitano de Achille Lauro le ha salido un imitador milanés que sin la gracia particular y desparpajo, características del armador, ha descendido al campo de la política en 1994 y que todavía no se ha apeado de su estrado de diputado y fabulador populista y encantador de la serpiente electoral. Con sus recientes proclamas electorales de eliminación del IMU, contribución sobre la propiedad de la vivienda, siempre que ésta sea la primera casa y habitación de una familia, y la reducción de otros y variados impuestos, su cuota de probabilidad de llegar a ser, junto a su aliada la Liga Norte, Premier Italiano (aunque él, dice, preferir la cartera del Ministerio de Economía y Finanzas) crece de día en día. Y, según las encuestas, ya sólo le separan menos de cinco puntos de su directo rival el Partido Democrático capitaneado por el ex-comunista Pier Luigi Bersani, como ex-comunistas, más o menos “escondida” su pasada militancia de dependencia soviética, son los miembros fundacionales del nuevo partido de la izquierda italiana. Por el momento en los comicios que se celebrarán los días 24 y 25 de este mes de febrero, parece que la mayoría de los estrados del Senado estarán ocupados por miembros de la coalición del Centro Derecha y siendo las dos cámaras paritarias en sus funciones, una ley, para que sea promulgada y entre en vigor tiene que ser aprobada lo mismo en la Cámara de Diputados que en el Senado, pues puede resultar una auténtica confusión y un estado de ingobernabilidad del país.
Silvio Berlusconi, como lo fuera en su día Achille Lauro se pavonea, a sus 77 años (los cumplirá en el próximo mes de septiembre de este 2013) de su potencia sexual y de las delicias que provoca su encanto (léase su inmensa fortuna) entre el público femenino. Sólo que a diferencia del napolitano, el mago Silvio, llamado “Il Cavaliere”, como a Lauro le llamaban “El Comandante”, que pagaba de su bolsillo sus campañas electorales, el Berlusca no emplea su dinero para poder cumplir sus promesas, sino que, en realidad se lo pide en “préstamo” a los italianos para, después y en caso de victoria, devolvérselo. Entre sus promesas electorales figuran también la reducción del número de parlamentarios, uno de los mayores del mundo, la anulación de la subvención estatal a los partidos políticos y a los sindicatos y un acuerdo con Suiza, para rescatar, en lo que se pueda, las inmensas fortunas depositadas, clandestinamente, por los grandes evasores italianos en las cajas fuertes de los Bancos Helvéticos.
Y el oportunismo de Berlusconi coincide con el momento propicio en el que llega, como apocalíptico terror ٟ para los italianos el “reditómetro”.
El “reditómetro” es la última y, también, la más perversa invención del Estado Fiscal para maltratar al ciudadano.
El “reditómetro” es una especie de radar virtual mediante el cual Hacienda no tolerará más los desembolsos incompatibles con la declaración del rédito de una familia, incompatibilidad que no debe superar un 20% de error entre lo cobrado y lo gastado.
En realidad, por principio, para el “reditómetro” todos los ciudadanos italianos sujetos a contribución impositiva, – 40.000.000 en total (21 millones de trabajadores dependientes, 13 millones de pensionistas y 6 millones de trabajadores autónomos) – , son evasores ya que no es la Hacienda pública la que tiene que demostrar la culpabilidad que ya, por principio, presume, sino que es el contribuyente sobre quien recae el deber de demostrar su inocencia.
El Decreto del Ministerio de Economía, creando este nuevo método de control fiscal, ha sido publicado el día 4 del pasado mes de enero del presente 2013 y describe, prácticamente, todas las categorías de posibles gastos divididos en once apartados: alimentos y vestuario (ropa íntima como bragas y calzoncillos, sujetadores, absorbentes…) , muebles y electrodomésticos (cazuelas, sartenes, exprimidoras, tostapanes, secadores…) combustibles y energía (luz y gas y agua), transporte (minicar, motos, coches, caravan, barcas, yates.. y sus correspondientes manutenciones), comunicaciones telefónicas (la fija y la móvil) , casa (contribución o precio de alquiler), instrucción (gastos en asilos nido, en escuelas públicas o privadas, en cursos de lenguas extranjeras, en eventuales cursos fuera de Italia, en cursos universitarios, en alojamiento para los estudiantes que cursan estudios fuera de su localidad de residencia, master..) tiempo libre, cultura y juegos, actividades deportivas, gimnasios, socios de clubs deportivos, sanidad (toda clase de tratamientos clínicos y medicinas que no estén previstos, en régimen gratuito por la Asistencia Pública Sanitaria..). Se incluyen, también, las pólizas de seguros, de enfermedad, de vida, de daños contra terceros, de los bienes muebles e inmuebles, decoración de la casa, adornos, joyas, objetos de arte como cuadros, esculturas…y donaciones a los ONG y las asignaciones mensuales al cónyuge en caso de separación… y una larguísima más de etcéteras, entre los que las que se cuentan los animales domésticos, perros, gatos, loros, conejos y hasta el ratoncito Pérez que aparece cuando se te cae el primer diente..y lo que gastas en alimentarnos, vacunarlos y, si lo necesitan, pues su lavado, peinado y servicios de veterinario. Porque el fisco, el “reditómetro” también vigilará las barberías y las peluquerías de sus dueños y dueñas.
En fin, un repaso completo a tu género de vida y a tu la que debería ser sacrosanta e inviolable intimidad. Tu país como una inmensa celda carcelaria donde los agentes de custodia, con los focos encendidos, te vigilan las veinticuatro horas del día.
Porque, además, la Hacienda pública es quien fija un precio para todo gasto que haces. Si tienes un coche pues de qué clase y cilindrada es y lo que, presumiblemente pagas por su manutención y la cantidad de carburante que, siempre presumiblemente, puedes consumir al mes, aunque lo tengas parado toda la semana o porque estás ausente de la ciudad o porque prefieres moverte en metro autobús o patineta. Para el fisco tienes un coche y basta.
Naturalmente éste es uno de los ejemplos de los impuestos absurdos y que, sobre todo, están en contradicción con el sentido común. Habrá que presumir que si tienes y compras un coche, con los impuestos adicionales al precio, IVA, seguro obligatorio… es para circular con él por ciudad o carretera. Entonces ¿a qué viene el absurdo de pagar un impuesto de circulación? Es como si por vestirte con corbata tuvieras que pagar mensualmente un impuesto por llevarla por la calle. Si compras una casa destinada a ser tu vivienda, en el acto de notarial de compraventa ya se estipulan todos los impuestos que debes pagar para entrar en posesión de una propiedad que acabas de adquirir. Y cabe preguntarse, recurriendo siempre al sentido común ¿porqué coños tengo que pagar anualmente un impuesto sobre una cosa que es mía y por cuya propiedad ya he pagado un montón de impuestos? Pues es lo mismo que lo de la corbata.
Y encima ¡zás! llega el “reditómetro” y te obliga a pagar impuestos sobre los impuestos. Por ejemplo, dice la Hacienda pública italiana: “Has comprado una casa gastándote 400.000 euros, he aquí la factura de la empresa constructora”. El contribuyente responde: “Sí, es verdad, pero he vendido otra por 300.000 euros, tenía 50.000 euros depositados en el Banco y los otros 50.000 me los ha dado mi hermana”. Hacienda, con su “reditómetro” dice que todo esto no es verdad y, entonces el contribuyente deberá decir en que Banco ha depositado sus ahorros y lo mismo deberá hacer con su magnánima hermana. Esta información no se llama poder probatorio, sino “deber de alegación”, frase cabalística que ni el contribuyente ni el mismo legislador saben descifrar su puñetero significado. No obstante todo “los sabios economistas” inventores del “reditómetro han tenido un lapsus de distracción. Porque el contribuyente podría alegar, sin tener nada que demostrar, que ha estado ahorrando, poco a poco, durante los últimos diez o veinte años y que tenía el dinero escondido el dinero debajo del colchón ¿cómo haría la Agencia Tributaria para controlar y, en todo caso, probar lo contrario? ¡Imposible! Y surgirán las denuncias y ya se anuncian otras por la “inconstitucionalidad” del “reditómetro”, que para el legislador ha entrado en vigor, con efecto retroactivo, a partir de la declaración de la renta del 2010 que corresponde al ejercicio fiscal del 2009 ¡Vaya lío!
Pero lo cierto es que la avaricia del Estado Fiscal, arruinador de empresas, sobre todo las pequeñas y las medias, el artesanado, los pensionistas, y los trabajadores dependientes, y los profesionales libres, y una entera juventud sin esperanza alguna de entrar en el mundo del trabajo, están hasta el gorro de unos impuestos que, después, no se corresponden con la creación de servicios públicos, manutención de los ya existentes, con recortes a la sanidad, a la enseñanza y si a pagar los desfalcos de la corrupción generalizada en la “casta” política y sí en tapar los huecos que han dejado en herencia los banqueros deshonestos; léase Monte dei Paschi de Siena…
Pero ¡ojo! qué tanto en Italia como en España esta sensación colectiva de un futuro próximo plagado de desesperanzas puede derivar en una espontánea organización de las masas. Y como dice Gregorio Marañón en sus “Ensayos liberales”, que “lo característico de la masa organizada es la pérdida absoluta de la individualidad de los hombres que la componen. En esta masa organizada, cuyo arquetipo es el ejército, el individuo deja de actuar como tal individuo…la masa organizada es, en realidad un individuo monstruoso” Y da la razón a Freud, cuando el padre vienés del psicoanálisis escribe, – Freud, “Psicología colectiva”, parís, 1924 – , que “lo característico de la organización es crear en la masa las facultades precisamente típicas del individuo, que éste ha perdido a consecuencia de su absorción por la multitud”. A este respecto Marañón continúa escribiendo “….Un ciudadano X procede en su vida ordinaria con arreglo a un número de pautas y de gestos individuales, genuinos, creados por la civilización; procura vivir sin estorbar a sus semejantes ; trabaja por el bienestar de los que le rodean y respeta a los hombres con quienes no le liga un vínculo de afecto…Pero un día, la multitud sublevada pasa por debajo de su balcón y él se incorpora, acaso contra su voluntad a ella….A los pocos minutos todas esas normas de conducta de la vida del ciudadano normal se han evaporado; y, despeinado y sin camisa, mata , saquea, incendia, se olvida de los suyos y actúa, en suma, al dictado de todos los instintos primarios que había enterrado en el fondo de su conciencia, a través de siglos y siglos, la civilización….”
Estamos al borde del abismo y como el equilibrista del circo, caminamos sobre el hilo del alambre. El día menos pensado el individuo normal se convierte en monstruoso y entra a formar parte de la masa organizada. Y vuelta a empezar, la historia se repite ¿acaso las “castas” políticas de Italia y España, con falta de sentido, embriagadas de corrupción, se han detenido, alguna vez, en repasar las amargas y dramáticas lecciones que, con sus tragedias nacionales nos ha deparado el siglo XX?