A la devaluación del bolívar del 4,3 al 6,3 por dólar, tenida en cuenta la inflación que padece Venezuela, por encima del 20 por ciento, parece corresponderle la devaluación del bolivarismo, como divisa ideológica del chavismo, por causa del compacto silencio médico que envuelve la postración clínica en que se encuentra el presidente Hugo Chávez desde que fuera intervenido quirúrgicamente por última vez, igual que en las ocasiones anteriores, en un hospital de La Habana donde permanece.
La carencia de toda información directa sobre el estado real de salud y fuerzas del jefe del Estado venezolano, sumada a la ausencia formal de la asunción de poderes, dispara las especulaciones de todo orden sobre el nivel real y verdadero de sus condiciones de todo orden, tanto físicas como mentales. A trancos tan notables como los de la devaluación de la moneda venezolana, se deteriora también la confianza de que Hugo Chávez pueda un día reasumir sus funciones y responsabilidades presidenciales. Y, con ello, relanzar el bolivarismo como ideología de ensoñaciones hemisféricas, difundida y soportada a expensas de los desembolsos que llenan allí las velas de la inflación y vacían la solidez de la moneda nacional.
Aunque pese a ser de tanta enjundia una y otra cosa, tiene más sustancia todavía la cuestión de hasta dónde puede prolongarse en el tiempo la ausencia física de Hugo Chávez y hasta cuándo cabe prolongar la ficción política y jurídica del vicepresidente/delegado que encarna Nicolás Maduro. Hombre de su preferente confianza, consolidada ésta durante su inicial gestión de la cartera de Asuntos Exteriores, que es todavía el espacio central de la política chavista. Del discurso bolivariano.
Lo más importante que está sobre la mesa no es otra cosa que la incapacitación del presidente Chávez por las obvias razones físicas que alientan detrás del muro de silencio clínico que envuelve al enfermo. Siendo de destacar en este sentido el rumor de que tiene perdida el habla prácticamente, luego de que se le tuviera que practicar una traqueotomía y de que no se hayan resuelto los graves problemas respiratorios que le sobrevinieron. Tanto por la gravedad de los males objeto de los reiterados trances quirúrgicos, como por la debilidad extrema que le aqueja a causa de todo cuanto le ha sucedido desde la primera de todas las intervenciones.
Es razonable pensar que en muy breve plazo Hugo Chávez, electo por tercera vez para gobernar la República de Venezuela, será objeto de una resolución judicial sobre su capacidad para asumir de modo cierto sus funciones presidenciales. Y siendo lo más verosímil y probable que el veredicto, seguramente del Tribunal Supremo, sea negativo, llevaría ello a la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales.
Un escenario así no es el más feliz e ideal de los desenlaces para los hombres del sistema chavista que esperan prevalecer en las urnas. Para la oposición, en cambio, sería la alternativa más favorable. El chavismo estaría sustancialmente debilitado por causa de la división y el choque de intereses que le subyace. Nadie podría decir que tras de la desaparición política de Chávez vendrían a sucederle las instituciones chavistas. Éstas no existen. Sólo están los intereses de quienes se sienten mejor colocados para ello dentro del régimen. Y los del castrismo cubano.