Nº 1131 -  18 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Cádiz, carnaval de España

Marcello
 

Madrid que bien resiste, bajo el “bombardeo” infame de la corrupción y Cádiz, carnaval de España y azote de la política, que bien aguanta la crisis – y que bien recibe la Teo, reina de su libertad- y cómo devuelven sus coros y chirigotas las andanadas del paro y del mal gobierno a borbotones. Y también a los borbones, los herederos de aquel Fernando VII y felón, tras rechazar Cádiz, en las murallas de Puerta Tierra y en las playas del Ventorrillo del Chato -guiso de papas con chocos – al gabacho invasor, al que el pueblo cantó con palmas de tango: “con las bombas que tiran, los fanfarrones…”. Los mismos franceses que, justo es decirlo, no solo trajeron cañones sino también el código civil -se olvidaron del penal, que tanta falta nos hace- y algo de Ilustración, la que iluminaba Francia bajo el mando implacable del genial Napoleón.

Luce un dorado sol de invierno sobre la bahía de Cádiz y el mar esta azul cielo y el agua transparente. Tanto que, como decía el Picoco -que en Gloria esté con Camarón en la Venta de Vargas celestial-, desde el baluarte de la playa de la Caleta se ven al atardecer las ninfas del Teatro Falla salir de compras por la Atlántida camino del Corte Inglés. Y eso si es transparencia y no las cuentas del PP, y los sueldos de gerifaltes que ¡oh casualidad! cuando parece que se acaban los sobresueldos en B le suben al señor Rajoy y compañía mas de un 30 %, del sueldo en A. Es decir, cuanto mas lo explican más lo empeoran, tal y como hace Esteban González Pons, diciendo que no se puede culpar a la ministra Ana Mato de “los desmanes” -ahí queda eso- de su ex marido Jesús Sepúlveda, quien, si es autor de grandes desmanes, habría que preguntar, ¿por qué lo mantiene en la nómina del PP la señora Cospedal?

Pero don Mariano es “un hombre honorable”, como decía Marco Antonio de Bruto en las exequias de Cesar, a sabiendas que Bruto había hundido su daga en el cuerpo del que fuera su amigo y emperador. Pues eso Mariano quiere ser honorable por decreto -todo lo hace por decreto- y para imponer esa ficción nos manda a su guardia pretoriana con toda clase de amenazas, querellas y demandas -suena esta vez el Coro de los Cabrones: “con las bombas que tiran, los fanfarrones…”-, y Carlos Herrera, Pepe Oneto, Carlos Latre y Jesús Quintero se desternillan de risa en el ambigú del Falla gaditano, mientras María, la guardiana de la “hierbabuena” del carnaval, se levanta furiosa en la platea del 13 y grita: “¡Mariano, pisha, no hay cojones!”, y ese público tan especial, le responde: “¡Ole, ole y ole!”.

Y luego entra en escena la chirigota de “Las verdades del banquero”, la que a punto estuvo de ganar, en un escenario que anunciaba el vendaval que se aproximaba para el monarca, los políticos y los banqueros, porque en la pared de su decorado aparecían colgados: un cuadro del Rey Juan Carlos I, un rifle y la cabeza de un elefante. Y a partir de ahí, ya no cuento mas. No vaya a ser que se nos lance en tromba, o en trompa (nunca mejor dicho), el Fiscal General, Torres Dulce de “Membrillo” (y guardián de la Infanta) y nos lleve, por bulerías y atados de pies y manos, a “ese penal del Puerto,/ ¡Puerto de Santamaría!” Empezando por Marcello que a punto estuvo de gritar ¡Viva la República! en el Falla, si no fuera porque el profesor Llatas lo pudo controlar.

Si la Fiscalía cumple la amenaza de querellas del PP va a tener que meter presos a todos los gaditanos por difamar “el honor” del Partido Popular. El que con tanto orgullo representan Bárcenas, Mato, Sepúlveda, Matas, López Viejo, Fabra, Camps, etc, y un sin fin de imputados “populares” y de presuntos parientes de los Prizzi, los que alguna vez han desfilado por el sambódromo de la corrupción nacional o por el encerado del estrado judicial. Todos aquellos listos cuya presunción de inocencia reñida está con su presunción de decencia, lo que en román paladino quiere decir: “la responsabilidad política y social”. Las que, como dirían en Cádiz, son una guasa o un cachondeo, en suma lo que en Castilla se llama otro cantar, o harina de otro costal. ¡Qué fuerza tiene Cádiz!, ¡Cómo están La Viña, y El Mentidero! y al cantar la habanera (de Carlos Cano), repito: “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz es La Habana con más salero”. Ole, ole y ole.

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