El pasado jueves 31 de enero, publicamos en República.com la segunda entrega de este artículo en el que estamos haciendo una síntesis de nuevo libro que lleva por título el mismo de este escrito, del que soy autor, con la colaboración de Felipe Debasa Navalpotro. Vimos los primeros cinco puntos, que son los siguientes:
1. Recuerdos chinos de niñez y juventud, esto es desde los primeros tiempos de las inquietudes del autor por lo que sucedía en China.
2. Un libro detrás de otro, con la relación de los dos anteriores publicados por el autor, el primero en 2001 y el segundo en 2007.
3. Desde el celeste Imperio a las asignaturas pendiente, donde se hace una breve historia del último siglo de China.
4. La senda del dragón a la omnipotencia: relaciones con EE.UU., con la polémica sobre qué pasará con el crecimiento espectacular de China.
5. ChinUSA/Chimérica/G-2, donde se estudia la confrontación en términos evolutivos está dándose entre la República Popular y la Unión Norteamericana.
Hoy terminamos el artículo, con toda una serie de cuestiones más que nada orientadas al futuro, para discernir cuál puede ser el papel de China en el futuro del mundo, cuando llegue a tener una renta que podría alcanzar la mitad de la planetaria hacia mediados de la actual centuria; ceteris paribus, la referencia economista a que esas previsiones se hacen, estimando que no habrá cambios anómalos en otros aspectos de la realidad en cuanto a expectativas. Entramos ya en los temas de hoy.
6. Peligros a la vista
En definitiva, el dragón sigue recreciendo en poder, en tanto que el águila vuela más bajo, en el ambiente de un futuro incierto. Y si bien hay muchas razones para pensar en una evolución pacífica de la carrera entre los colosos mundiales, tampoco cabe excluir una eventual escalada de tensiones. Sobre todo si el desarrollo interno de China no desemboca, en tiempo razonablemente, corto en el cambio efectivo a la democracia. Con la posible venturosa realidad, entonces, de que China se dé cuenta de que resulta imposible ser omnipotente; no sólo por la fuerza de los potenciales adversarios (EE.UU. y sus aliados), sino también por el mero respeto a los derechos de la ciudadanía; a la que no puede imponerse ningún horizonte de holocaustos como sí se hacía, en cambio, en tiempos de Mao.
En otras palabras, el máximo peligro para el dragón, al menos tal como se plantean las cosas en el todopoderoso PCC, estriba en la incongruencia del afán de poder y la debilidad interna de una política económica, que ha derivado a un dualismo brutal. Ciertamente, con menos pobres que antes, pero con un diferencial entre los de arriba y los de abajo que no deja de crecer: lujo y derroche con un tren de vida disparatado de un aparte, frente a la inmensa mayoría con bajos salarios, escasez de servicios sociales, abusos laborales, corrupción generalizada, expropiación salvaje de tierras, viviendas sociales insuficientes en medio de una burbuja inmobiliaria insoportable, sanidad y educación precarias, etc. etc. A todo lo cual se une, como gran cubierta insostenible, el despotismo político de los funcionarios del partido, frente al cual se mueve un mar proceloso de manifestaciones masivas en rápido ascenso: 180.000 en 2010 según algunas estimaciones.
Las circunstancias mencionadas son otros tantos síntomas del mayor déficit que padece China, el de la democracia que se hace indispensable –Amartya Sen, inter alia, dixit— para una economía cada vez más compleja. Y no dudando de las buenas intenciones del tándem Hu Jintao/Wen Jiabao (Presidente y Primer Ministro hasta finales de 2012) que oficialmente pretende paliar la compleja situación, lo cierto es que la oleada de protestas, en un momento dado, podría superar la capacidad de control del propio PCC; y de un ejército que lo más seguro no dispararía contra el pueblo como sí lo hizo en el ya lejano 1989 en Tiananmen.
Todo eso y mucho más, en una sociedad intensamente internetizada por las redes sociales, hace pensar que la posibilidad de una rebeldía en China, de mayores proporciones que la primavera árabe de 2011, no sea descartable por completo. Y de producirse ese alzamiento popular, tal vez precipitaría una represión, ya no concentrada en Pekín a lo Tiananmen-89, sino en todo el país; con un PCC masivamente enfrentado al pueblo. Lo cual, inevitablemente, dispararía el fraccionalismo dentro del propio partido: entre los que querrían buscar un retorno a un sistema de capitalismo de Estado y de intenso nacionalismo a lo Mao (con críticas a una excesiva occidentalización), y los partidarios de ensanchar el actual capitalismo salvaje. Sin equilibrio aparente entre ambas posiciones en pos de la democracia.
8. La inevitable democratización
Pero no hay que ser tan pesimistas como para pensar que el enfrentamiento y fuerza es la única trayectoria posible de China. También cabe esperar que el nuevo binomio de Xi Jinping y Li Kekiang (el Presidente y el Premier a partir de 2013) tendrá que dar un giro fundamental a toda la política económica y social; con cambios decisivos en la distribución de la renta en pos de un nuevo estado de bienestar, y de unas relaciones internacionales más pausadas, menos enervantes con EE.UU. y el entorno Asia/Pacífico.
A la postre, se trata de saber si se acepta que la única solución final a los problemas de China es volver a la idea de Chu Enlai de la quinta modernización, empezando por la separación entre partido y Estado; a lo que seguiría la apertura del país en su conjunto a un proceso de verdadera democratización. Un tema sin duda difícil, pero que tiene todo el sentido de la lógica de la Historia: cuando se alcanza un cierto grado de desarrollo, las dictaduras, se llamen como se llamen, no pueden perpetuarse, y ha de abrirse paso a la democracia.
Se trata, pues, de una cuestión de tiempo; en definitiva, de que el presunto dragón omnipotente evolucione, no para transformarse en un dócil cordero –nadie lo espera y nadie lo concibe—, sino en un nuevo Estado chino que efectivamente busque la armonía del ascenso pacífico; y que esté decidido a negociar su definitiva inserción en el arco democrático de la comunidad internacional, alejando el riesgo inconmensurable de un brutal choque por la hegemonía.
9. Viejas y nuevas historias de España/China
Y retornando a la propia estructura del libro, diremos que sus contenidos finalizan con una referencia a los nexos de China con la Unión Europea en general, en circunstancias a veces tensas en lo económico; pero también mediando realidades formidables de intercambios, con una conexión ya institucionalizada entre el bloque europeo y China, a través del continente euroasiático.
Y con toda lógica, en esos pasajes, nos ocupamos de las relaciones históricas de España y China, que fueron de lo más relevantes entre los siglos XVI y XIX, por la presencia española en Filipinas. Lo que permitió el funcionamiento, a lo largo de dos siglos y medio, de la ruta comercial más larga de la Historia: desde Manila –con el galeón del mismo nombre, o Nao de la China— hasta Acapulco en el México de la Nueva España; y desde allí a Veracruz para la ulterior navegación a Sevilla. Todo, pues, por los mares y territorios españoles del ya aludido Tratado de Tordesillas.
Esas relaciones de España y China se vieron suspendidas de hecho en 1898 con la confiscación que de las Filipinas hizo EE.UU. a España. Con la consecuencia de un largo periodo de escasas relaciones, hasta prácticamente la década de 1980, cuando con el aperturismo económico chino todo comenzó a cambiar, originándose así un mayor volumen de intercambios. Por eso, hay que dedicar un amplio espacio a la presencia de emprendedores españoles, en un país en el que todo el mundo quiere externalizar gran parte de su producción; o buscar el gran mercado, o apostar por un futuro portentoso en tantas facetas de la vida que en China están en formidable expansión.
Eso es lo que sucede con el amplio elenco de los emprendedores españoles que están invirtiendo en China en actividades de lo más diversas áreas: desde Alsa con el transporte de viajeros, hasta las porcelanas de Lladró, pasando por Telefónica, grandes entidades financieras, emprendedores tecnológicos, empresas textiles como Inditex y Mango, y un largo etcétera.
Final
Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.com, en su correo electrónico castecien@bitmailer.net.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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