Nº 1138 -  25 / V / 2013 
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Retablos financieros

Tobin, fuera del tiesto

Primo González
 

La creación de una unión bancaria europea no es quizás el más prioritario de los grandes proyectos europeos ahora mismo, pero sí que vendría a resolver algunos problemas no menores. Hay cosas más apremiantes, como encontrar un rumbo a la política económica que ofrezca alternativas a las políticas de ajuste y se preocupe por el relanzamiento de la actividad. Hay también una necesidad indudable de encontrar cuanto antes salidas a dos de los problemas sociales más graves que tiene Europa y en especial los países del sur, como son el elevadísimo desempleo entre los jóvenes y el aumento de las bolsas de pobreza Hay también un serio problema de falta de cohesión en el mercado financiero que reduzca las dificultades para obtener financiación, sobre todo en las empresas que no tienen tamaño significativo, de modo que se pueda solventar el problema que afecta a los cientos de miles de empresas europeas de tamaño medio y pequeño que contribuyen de forma esencial a la creación de empleo.

Entre las prioridades económicas del momento se ha abierto paso últimamente la famosa Tasa Tobin, que ni es una tasa ni su autor, el profesor James Tobin, resultaría buen padrino, no solo porque ya renegó en su día de este proyecto utópico sino porque los términos en los que ahora se planeta tienen poco que ver con su objetivo originario, cuando en los años 70 preocupaba enormemente la volatilidad de las divisas y se buscaban mecanismos para favorecer la estabilidad cambiaria. En su versión reciente, la mal llamada Tasa Tobin pretende recaudar dinero tomándolo de las transacciones financieras para obtener entre 35.000 y 40.000 millones de euros anuales con los que impulsar los programas sociales necesarios para corregir los problemas que ha causado esta crisis, de la que se acusa básicamente a los bancos y a los banqueros. O sea, una especie de redistribución, quitando dinero a los ricos para dárselo a los menos favorecidos.

La hermosa idea, que ha hecho siempre las delicias de las organizaciones humanitarias que se ocupan de aliviar los padecimientos de amplios sectores de la población, crecientes por otro lado, no deja de ser una piadosa pretensión que los dirigentes europeos han ido arrastrando de reunión en reunión hasta la reciente aprobación del acuerdo político mediante el cual la famosa tasa recaudaría el 0,1% de las transacciones financieras en el ámbito de la UE y el 0,01% del volumen negociado en los mercados derivados. Las dificultades de recaudación de esta especie de tributo no son menores y posiblemente se convierta en un desafío para los expertos en recaudación de tributos o similares. La entrada en vigor no estará posiblemente lista hasta el año 2014, de modo que tampoco es un asunto que vaya a resolver nada de forma inmediata.

No se puede decir, de entrada, que se trate de un castigo a la banca ya que el sector financiero tiene toda la capacidad del mundo para repercutir costes en sus clientes. Tampoco los que pagarían ese exceso de coste sobre las operaciones serían únicamente los ricos. La tasa se aplicaría a millones de operaciones diarias en las que hay inversores de toda condición, en muchas ocasiones ni siquiera fáciles de identificar ya que la tasa que se le aplicaría a un fondo de inversión o un fondo de pensiones por una transacción en derivados (que serían posiblemente las más voluminosas) acabará transformada en una mayor comisión de gestión que reducirá la rentabilidad de los beneficiarios de un instrumento de inversión colectiva. Es decir, un final que los idealistas que han empujado y apoyan este tipo de propuestas posiblemente no se han escarbado mucho el cerebro a la hora de descifrar sus implicaciones reales.

La alternativa de la Tasa Tobin merecería, por lo tanto, un poco más de análisis ya que romper la unidad de caja de la Hacienda para implantar un pseudoimpuesto de dudosa capacidad recaudatoria, complicado control y desconocidas fórmulas de distribución y reparto entre los presuntos beneficiarios, es tarea de excesiva ambición e inciertos resultados.

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