Esta historia de las cuentas B en torno al Partido Popular no ha sorprendido a los protagonistas; aquí hay gentes que llevan meses de ventaja y que han previsto los movimientos y sus posibles alternativas. El discurso de Rajoy del viernes no es ajeno a las declaraciones de Bárcenas del lunes. La estrategia de “negación” les conviene a todos. Es el típico dilema del prisionero, la negación limita los daños para ambos, cualquier vacilación puede condenarles a todos.
Urdangarin y su antiguo socio Diego Torres han ido cada cual a salvar lo suyo y van a hacer ambos con todo el equipo, aunque alguna de las figuras penales posibles pueden no ser de aplicación para ellos (si para los altos cargos que les adjudicaron losa contratos, el delito fiscal les acecha y es muy probable que como Al Capone acaben en el trullo por unos impuestos de menos.
La trama Bárcenas versus Partido Popular debe contar con un director de escena más hábil, capaz de coordinar los relatos o, al menos, buscar los intereses compartidos. Si la filtración de unas cuantas hojas contables, que tienen pinta de incompletas y ofrecer debilidad probatoria, enfrentaba al tesorero con el PP, las declaraciones posteriores de estos días acerca el discurso y las excusas.
Bárcenas parece sentirse más seguro respecto a los posibles delitos; la prescripción puede evitar lo que teme. Por eso las cuentas publicadas alcanzan los límites de que se puede investigar. Han tenido mucho tiempo para analizar y ordenar cuentas, incluso para manipularlas construyendo el recorrido más conveniente al objetivo de un carpetazo judicial.
Variables menos controlables son Hacienda, la Fiscalía y los jueces, todos ellos con facultades para revisar papeles, documentación y para exigir declaraciones. Por el camino quedará hecha añicos la credibilidad de la política, de las instituciones, de los partidos, y de los políticos implicados, además de algunos otros daños no previstos, pero “ande yo caliente… ríase la gente”. Bárcenas dice que volvería a hacer lo mismo, que con las prisas se aturulló, y pudo cometer algunos atropellos tributarios pero eso se puede arreglar y para ello hay abogados decididos y nueva legislación que viene al pelo.
Por ahora nadie he desvelado quién forma el equipo de gestión de crisis de Bárcenas y del PP. No es probable que el abogado y ahora embajador Trillo, especialista para estos menesteres, sea el director de orquesta, pero seguro que hay alguien que desde hace días viene preparando piezas y moviendo fichas. Desvelar esos extremos es la tarea de los medios implicados en el caso, que se juegan también mucho con un desenlace u otro.
Y al fondo Correa, que parece un ciempiés, y personajes menores como Sepúlveda y Mato, ¡vaya pareja! Y figurantes como Floriano que es doctor en Derecho y profesor de Economía Aplicada, pero que no asistió a la clase sobre legislación de despido, ni a la clase ni al debate de la reforma laboral que no atendió, solo dio al botón de SI, pero sin enterarse de la misa la media, de manera que luego hace papelones clamorosos. Todo sea para que Sepúlveda y Mato sufran poco, pobrecillos.
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