I. Remembranzas y vivencias
La semana próxima, anuncio a los lectores que aún no lo sepan de esta sección “Universo Infinito” de República.com, ingresaré en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, en una sesión que presidirá la Reina Sofía el martes 29, y que se referirá a “Globalización y soberanía mundial. Un ensayo sobre la paz perpetua”, del que daré cuenta a los sufridos seguidores de nuestro cibernético periódico, pero sin poder empezar a hacerlo hoy, pues la Academia tiene que recibirme primero. Por eso, con esta entrega —que se hace llegar con un cierto retraso, el viernes en vez del jueves, por lo que pedimos disculpas a nuestros amigos de la redacción y a los propios navegantes—, iniciamos una serie trisecuencial sobre mi último libro.
1. Recuerdos chinos de niñez y juventud
No tengo la estadística a mano, pero estoy seguro de que en muchos de los 193 países que son miembros de las Naciones Unidas, todos los días se publica algún libro sobre China. Por eso mismo, creo que el lector tiene perfecto derecho a inquirir por qué me he decidido a dar a la luz otro volumen más sobre la misma materia: China tercer milenio. El dragón omnipotente, que en colaboración con Felipe Debasa Navalpotro acabo de publicar en Ediciones Planeta de Barcelona.
La primera respuesta al anterior interrogante, se refiere al origen del interés del autor por el tema. Y a ese respecto puedo decir que mi querencia por China se remonta, como a veces se dice, a la más tierna infancia. A aquellos años en que en las ciudades españolas se celebraba el Domund, o Domingo de la Propagación de la Fe, lo que permitía ver a niños y niñas de colegios de pago, que iban por las calles en cuestación a la gente; portando unas huchas de loza que simulaban un indio piel roja, un negrito de pelo ensortijado, o un chinito tocado de cónico sombrerete pajizo y con faz iluminada por sus ojos oblicuos.
China se nos figuraba entonces un país lejano y enigmático, del que apenas sabíamos nada. No obstante, podían escucharse las voces de muchos a quienes ya les inquietaban el peligro amarillo y otras lindezas; aun sin haber leído la célebre frase de Napoleón de principios del siglo XIX, cuando proclamó aquello tan sonado de “dejad que China siga durmiendo, porque cuando despierte, el mundo temblará”.
Después, ya en el bachillerato y la universidad, nos llegaron los efluvios de lo que había sido la Larga Marcha encabezada por el legendario Mao, la proclamación de la República Popular en 1949, así como noticias sobre cómo iba avanzando la reforma agraria… y muchas cosas más. De un país que parecía salir de una aletargada existencia neocolonial, y que empezaba a resonar fuerte en el escenario mundial; hasta el punto de enfrentarse a los todopoderosos EE.UU. en la cruenta Guerra de Corea (de 1950 a 1953).
En ese contexto de primeras impresiones, recuerdo el libro que llego a mis manos estando en el Campamento de Milicias Universitarias de El Robledo, en La Granja de San Ildefonso en 1954: Clefs pour la Chine, del periodista francés Claude Roi, que por el tema y el lenguaje entusiasta en que estaba escrito, tuvo en mí un efecto deslumbrante, inolvidable. Después vendrían los avatares del gran salto adelante, la revolución cultural, y otros episodios, a lo largo de veinte años, que cambiarían traumáticamente la primera imagen de Mao.
Las anteriores remembranzas no puedo por menos de traerlas a colación, sencillamente porque la infancia y la primera juventud son el tiempo en que, casi siempre sin darnos cuenta, se forjan las imágenes del futuro en que aspiramos a vivir. Y en mi caso, esa premonición empezó a materializarse, al conseguir la Cátedra de Estructura Económica, cuando empecé a ocuparme del tema de China con atención más sistemática. Sobre todo desde 1970, año en que publiqué mi libro Estructura Económica Internacional , en el cual incluí un capítulo, enfáticamente titulado “China, el coloso enigmático”.
Lógicamente, esas inquietudes e inspiraciones, se fortalecieron con nuevos conocimientos que fui adquiriendo en sucesivos viajes a la República Popular. Y luego, en mi calidad de profesor visitante en la Universidad de Macao desde 1997; así como conferenciante en algunas de las mayores ciudades del país en el otoño/invierno de 2000: Pekín, Shanghai, Chengdú, etc. A lo que años después seguiría mi designación, en 2010, como Catedrático honoris causa por la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín (Foreign Studies University of Beijing, FSUB).
2. Un libro detrás de otro
El resultado de las vivencias expuestas hasta aquí -y de otros muchos inputs a que no voy a referirme para no extenderme en demasía-, es China tercer milenio. El dragón omnipotente. En cuya elaboración he invertido, como siempre sucede, mucho más esfuerzo y tiempo de lo que inicialmente pude imaginar, y eso que esta vez he contado con un coautor de primera, el ya mencionado Felipe Debasa Navalpotro. En cualquier caso, una vez más se ha cumplido el cuasi-aforismo de que “un libro se sabe cuándo y cómo se comienza, pero su terminación es una incógnita, indescifrable hasta el final”.
En ese sentido, mi primer trabajo sobre el país de los Han, se publicó en 2001 por Alianza Editorial, con el título “China 2001: la cuarta revolución”. Y el segundo lo editó Planeta, Barcelona, en febrero de 2007 (con cuatro ediciones sucesivas más y una quinta en formato de bolsillo por Booket). Y ahora, cinco años después, ha habido tantos cambios en la República Popular, que mi seguimiento del tema no pudo por menos de experimentar una verdadera mutación, hasta el punto en que, en realidad más que una nueva versión, se trata de un nuevo libro con su propia personalidad. Lo que nos llevó a introducir un título a la altura de los tiempos, el ya citado de “China tercer milenio. El dragón omnipotente”.
3. Desde el Celeste Imperio a las asignaturas pendientes
Nuestro recorrido a través del libro da comienzo con la decadencia del Celeste Imperio (1911), seguida que fue por una serie de convulsiones -desarticulación del país, guerra civil, ocupación japonesa, etc.— hasta proclamarse en 1949 la República Popular (capítulo 1). Para luego, en un salto histórico decisivo, ir adquiriendo, a partir de 1978 un papel protagonista en el sistema globalizado de la economía mundial (capítulo 2). En lo que fue transición decisiva de una economía de planificación central y socialismo real a un sistema de economía mixta, con la más fuerte impregnación capitalista en los últimos tiempos.
De manera inevitable, el análisis de ese devenir, obligaba a examinar las fuerzas impulsoras del crecimiento más espectacular que en el planeta se ha dado en el último siglo, a lo que se dedica el capítulo 3. Con la previsión de que entre 2016 y 2020 China se convertirá en la primera potencia del mundo por su PIB; al tiempo que brillará en una larga ilación de manifestaciones tecnológicas, militares, culturales, deportivas, etc.
En el capítulo 4 nos centramos en tres temas importantes: población, medio ambiente y desarrollo regional, enfatizando la cuestión demográfica, pues el país más populoso de la Tierra, que es China, multiplica por diez en población a Japón, con múltiplos de ocho para Rusia, 4,5 EE.UU., 2,5 la UE, 1,3 África y 1,16 India. Lo cual, en el engarce con el nuevo marco económico y tecnológico de los tiempos actuales, está haciendo posible que el país de Confucio y Mao vaya asumiendo la cúspide mundial en más y más aspectos de la vida; no sólo ya en lo económico, sino también en el I+D+i, el arte, la cultura, etc. Cierto que con no pocas incertidumbres derivadas de la política de hijo único, un planteamiento demográfico que está conduciendo a China a un rápido envejecimiento de su población y a una caída brutal de horizonte demográfico en 2100. Por lo que más pronto que tarde, se acabará con la célebre política del hijo único.
Entramos luego, en el capítulo 5, en las asignaturas pendientes del avance de China, entre ellas los nacionalismos, el dualismo, la corrupción, el déficit de derechos humanos, y el malestar social; cuestiones, las tres, que en una u otra forma, China habrá de superar para ser aceptada como gran potencia responsable en la Comunidad Internacional.
Y en nuestras senda de conocimiento de la República Popular, examinamos ulteriormente como el ser un país subdesarrollado todavía en la década de 1970, fue transformándose en la fuerza económica más dinámica hasta configurarse como fábrica del mundo en un aprovechamiento deslumbrante de las posibilidades de la globalización, en lo que ha significado, visto desde el otro lado de la moneda, la desindustrialización de gran parte del resto del mundo.
Como cumplimiento del análisis que en el libro se realiza del cambio estructural de China, hacemos (capítulo 7) una amplia exposición de sus instituciones financieras, así como de sus ya poderosas multinacionales, que operan de manera decisiva implantándose en gran número de países.
Dejamos aquí el comentario sobre este nuevo trabajo hecho en España sobre China, para continuar en las dos próximas semanas. Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
Marcello
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José Javaloyes
Primo González
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Alberto Piris
Daniel Martín
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