Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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OPINIÓN

Juancarlistas, sí; Felipistas, no

Jaime Peñafiel
 

Esta semana, concretamente el miércoles, se presentará en Madrid un interesante libro titulado: “El fracaso de la Monarquía” (Editorial Planeta). Su autor, Javier Castro-Villacañas, analiza en profundidad no tanto la monarquía sino el juancarlismo “un régimen que nació franquista y se extinguirá con la muerte del Rey”. ¿Cómo el franquismo? Hay comparaciones que son odiosas.

Se trata de una verdad a medias. Cuando don Juan Carlos accedió al trono, el 22 de noviembre de 1975, la monarquía que encarna era una prolongación del régimen franquista. No hay que olvidar que lo hace como “heredero (de Franco) a título de Rey”. Lo fue hasta que el Conde de Barcelona, depositario de los derechos históricos y dinásticos, se los traspasa a su hijo, en una triste ceremonia , celebrada en el Palacio de la Zarzuela (él hubiese deseado el Palacio Real), el día 14 de mayo de 1977.

En ese momento, la monarquía que encarna don Juan Carlos deja de ser “ese régimen franquista”, que le achaca el autor de este apasionante libro, para convertirse, eso sí, en una monarquía sin monárquicos (los pocos que habían eran juanistas), pero con millones de juancarlistas. Lo que no tenía nada de extraño.

A diferencia del Reino Unido, donde existe una Institución sólida, respetada y respetable, en España no solo no la había (y sigue sin haberla) cuando don Juan Carlos accede al trono, sino que el sentimiento monárquico de los españoles había sido desterrado totalmente por el régimen, durante sus cuarenta años.

Pero, el bien hacer del Rey, una figura irrepetible, sobre todo en la transición, “que se desarrolla gracias a su decisión personal y voluntad política”, se lo reconoce hasta la izquierda, convierte a millones de españoles en juancarlistas aunque “sin renunciar a sus ideologías y tradición republicana”. Con todo el riesgo, incluso al Rey le preocupa, que los juancarlistas de hoy sean felipistas mañana. Difícil por no decir imposible.

Los jóvenes de 14 a 30 años, que tendrán que decidir en un futuro más bien a corto plazo, no es que estén en contra de la monarquía (muchos sí) es que no entienden que, en pleno siglo XXI, el hijo herede la Jefatura del Estado del padre. Estos jóvenes solo ven una solución en libertad: “la necesidad de un cambio de régimen que posibilite una nueva situación auténticamente democrática: presidencialista o republicana”, como reconoce Castro-Villacañas. Según él autor, el juancarlismo se extinguirá con la muerte del Rey en su cama. Para muchos, ese día se habrá acabado la monarquía.

Opinión

Pablo Sebastián

Fernando Glez. Urbaneja

José Luis Manzanares

Primo González

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