Es la que se echó a la calle en París para apostrofar los matrimonios homo, cosa que debió sentarle fatal al alcalde, y a los “intelos” progres que se olvidan, en su torre de marfil parisina que hay una Francia rural, católica y conservadora que no está para bodas gay. Algo que en España superamos tiempo ha.
Para Francia profunda por lejana estas ex colonias de Indochina, Cambodia y Laos, no así Vietnam, cuya influencia francesa fue borrada por el NAPALM yankee. Ahora son países en vías de desarrollo, que exportan materias primas y reciben turismo. En uno de estos países se nota enseguida la ausencia de la culpabilidad judeocristiana y si encima uno es español, siente que estas gentes no conocen la mala leche, ese adorno del carácter tan español.
Lejos de la Apocalipsis de esta España que se suicida en cada titular, pero que no acabará nunca de morirse porque la gobierna un cauto gallego desconfiado que juega al ajedrez con la muerte europea como el caballero Antonio Bloch en El Séptimo Sello de Bergman, uno puede reposar en la contemplación budista o la serenidad taoísta y limpiar el aura de las miasmas derrotistas hispanoeuropeas.
Es esta una terapia que recomiendo, nunca tendremos bastante de viajar y conocer mundo para compensar los malos tiempos que, en la prensa al menos, atraviesa la cultura europea.