Nº 1164 -  20 / VI / 2013 
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El clavo

“Éramos pocos…”

José Luis Manzanares
 

Ayer mismo, apenas unas horas antes de que saltase a los medios de comunicación la cuenta millonaria que el anterior tesorero del PP, Luis Bárcenas, mantenía en Suiza, afirmaba yo en esta columna que si la corrupción fuera petróleo o gas natural seríamos el país más rico del mundo. Cualquier prospección a lo largo y ancho de nuestra geografía tendría un resultado positivo. Uno se pregunta en ocasiones si no exagerará cuando denuncia la frondosa corrupción que, a la sombra del poder y de la política, se ha convertido en un elemento más de nuestra vida cotidiana, como el aire contaminado o el despilfarro de los dineros públicos. Pero el diagnóstico suele quedarse corto.

Éramos pocos -según el dicho popular – y parió la abuela. El lector disculpará que cuando nos estamos jugando, y hasta ahora perdiendo, la partida contra la corrupción, nos inclinemos por el lenguaje vulgar. Cabría esperar unos días de descanso tras los recientes escándalos con el alcalde de Orense y la astronómica fortuna de la familia Oriol, pero nos habíamos equivocado. El caso “Gürtel” ha roto aguas en el salón principal de la casa y así nos hemos enterado de que el señor Bárcenas vació una cuenta de veinte millones de euros al ser imputado en aquellas diligencias. Quizás el mismo Luis que en alguna conversación telefónica aparece como “Luis el cabrón” (y de nuevo pedimos disculpas por la grosera forma en que se expresan algunas gentes).

Los tribunales aplicarán en su día el Código Penal, si es que no queda todo en agua de borrajas por la anulación de pruebas, que es fenómeno muy frecuente en estos lares, pero los españolitos de a pie tenemos derecho a preguntarnos sin más tardanza por el origen de unos ahorros que pudieran estar relacionados con aquella tesorería. Y, puestos a pedir, nos gustaría que alguien nos explicara también por qué estas fechorías siempre pasan desapercibidas para las personas más próximas, como dicen que ocurre con los maridos cornudos (de nuevo perdón), que son los últimos en enterarse. Queremos pensar que el señor Bárcenas no habría sido nombrado tesorero del PP si sus dirigentes hubieran sabido que ya tenía bastante con cuidar de sus propios negocios.

La corrupción en España es, además de transversal y horizontal, en el sentido de afectar a casi todas las formaciones políticas, sorprendentemente vertical. Cuesta creer que el de arriba, que estaba “in albis”, lejos de indignarse con quien actuando a sus espaldas le ha puesto en difícil situación y ha perjudicado gravemente al partido, le defienda a capa y espada. Felipe González, que sigue fustigando a los jueces que condenaron a su ministro del Interior por las andanzas del GAL -calificándolos incluso de “ganao”- sigue repartiendo elogios sobre quienes con su mala cabeza y por actuar a su aire hicieron que el juez Garzón pusiera una X en la cúspide del organigrama criminal. Aquí hay autoridades y funcionarios de segunda o cuarta fila que, pese a poner en un aprieto a sus superiores, nunca pierden su protección y afecto, lo que es muy de agradecer. Véase también el caso Faisán, de actualidad en estos días.

O aquellos a los que corresponde dan la cara de una vez o esta democracia se nos va por el sumidero. Tras su RIP podría leerse eso de que entre todos la mataron -unos más que otros- y ella sola se murió.

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