Nº 1164 -  20 / VI / 2013 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada República de los Blogs Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Deportiva Información Parlamentaria Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias
 

Universo infinito

Segunda carta abierta a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno

Ramón Tamames
 

Como recordarán los lectores de Republica.com, la semana pasada publicamos en esta sección la carta que con motivo de la Nochebuena hice llegar a Mariano Rajoy. Y como también recordarán, anunciaba otra posible misiva con ocasión del nuevo año y de la fiesta de los Reyes Magos, que completara la anterior, que efectivamente se envió al Presidente del Gobierno y ahora reproduzco.

Sr. Don Mariano Rajoy
Presidente del Gobierno
Palacio de La Moncloa
MADRID

Madrid, 4 de enero de 2013

Querido presidente y muy apreciado Mariano:

Como continuación de la carta que te escribí el día de Nochebuena, me permito hacerte llegar una segunda epístola, con ocasión del Año Nuevo para el que te deseo lo mejor.

En esta nueva misiva, trato de una serie de aspectos de nuestra difícil pero esperanzadora situación económica; planteando algunas críticas, pero también reconociendo no pocos avances para reflexionar acerca de varias recomendaciones y propuestas.

Empezaría por subrayar que el Gobierno no tiene actualmente -o al menos no se conoce- una previsión; ni a medio ni a largo plazo, sobre para cuándo podrían recuperarse los niveles de PIB, empleo y deuda pública que teníamos en 2007. Algo que, en línea con la idea de la UE de septenios económicos, sería útil hacer sobre la base de las actuales tendencias.

A propósito de tales predicciones, estimo que en PIB no llegaremos a la cota de 2007 antes de 2016 o 2018. En tanto que en empleo no será factible en un horizonte previo a 2020 o 2022; y en deuda pública, el montante equivalente al 60 por 100 del PIB (que la Eurozona tiene como semi-norma), seguramente no se tocara previamente a 2025; a poco que se recuerde que la previsión ante el Ecofin es llegar a casi el 100 por 100 de relación deuda/PIB en los próximos años. Todo ello significa que tenemos ante nosotros tiempos muy difíciles, y que todos los esfuerzos serán pocos para esbozar soluciones realmente operativas.

La contención del déficit, el máximo condicionante en la política de austeridad, que inevitablemente ha tenido que asumir el Gobierno -fundamentalmente por ser socio de la Eurozona, un club que impone sus normas de manera casi implacable-, será una ardua tarea. Pues los recortes en una serie de instituciones públicas no están siendo suficientes, especialmente en lo que concierne a nóminas de empleados (ingresados en las AA.PP. sin examen previo, por lo cual no cabe considerarlos como funcionarios). A propósito de todo ello, sería necesario realizar una estimación del conveniente tamaño futuro del sector público, sensiblemente menor que el actual, y sobre todo más eficaz y eficiente.

Como aspectos positivos de la evolución reciente, cabe apreciar el aumento de las exportaciones, coincidiendo con una reducción drástica de la importación, y por lo tanto con una mejora de la balanza comercial que no es tan brillante como a veces se dice. Por eso mismo, el énfasis en lo relativo al sector exterior, es todavía insuficiente en cuanto a la urgencia de exportar más y más; a efectos de lo cual se echa de menos la prometida ley de emprendedores, que tendría que encauzarse muy especialmente en una marcada senda de internalización de las empresas.

Igualmente, es del máximo interés la buena evolución del sector turismo, con un récord de visitantes foráneos en 2012. Pero lo cierto es que la política oficial en este ámbito, apenas pasa de un seguidismo estadístico. Ensalzando, eso sí, las tendencias en que se mueven, en pro de mayor demanda, los mercados exteriores, que no por la inducción de nuevas formas de ampliar convenientemente nuestra oferta. La crisis de Paradores -la mejor red de hoteles de gran interés cultural en todo el mundo- es una buena muestra de ello, pues por la inepcia de sus directivos no se ha sabido crear una demanda foránea de primerísima. Y lo mismo podría decirse de la precaria actitud frente al inmenso potencial de China, por la falta, todavía, de un sistema de visados o de entrada libre de turistas de ese país.

También resulta relevante la internacionalización de las cotizadas del Ibex-35; desde el punto y hora en que el 60 por 100 de su cifra de ventas (2011) se realiza fuera de España. Lo cual demuestra que son entidades altamente competitivas; aunque su tasa de beneficio haya tenido que reducirse mucho a causa de la fuerte competencia en los mercados de la globalización.

Entrando en otro aspecto de nuestra situación actual, puede decirse que el mercado de trabajo continua presentando un cierto número de incógnitas en España; pues los registros del INEM están llenos de insuficiencias, y otro tanto sucede con las estimaciones de la EPA, lo que significa una falta de conocimiento pleno del mercado de trabajo. Más concretamente, en España pueden estar trabajando más de dos millones de personas sin figurar en ninguna estadística oficial: jubilados y pensionistas en profesiones liberales o en otras actividades, servicio doméstico, cuidadores y ayuda familiar, hostelería, agricultores y jornaleros agrícolas sin darse de alta o que están en el PER, pa rados que cobran subsidio y que hacen trabajos esporádicos; además de otras formas de circunstancias laborales más o menos difusas relacionadas con la economía sumergida. Cuyo espacio se estima puede ser superior al 20 por 100 del PIB, con una expresión laboral no mucho menor en proporción.

Un estudio como el que aquí se plantea, sobre lo que realmente sucede en el mercado de trabajo, resulta indispensable. Y si no se hace es por la falta de conciencia pública sobre la escasa acuracidad de la estadística oficial; y por la renuencia de los sindicatos a enterarse de que el empleo efectivo es mucho más alto que el resultante de los citados registros del INEM y de las estimaciones de la EPA.

En relación también con el mercado de trabajo, no se han hecho esfuerzos suficientes para aumentar la productividad, que si bien puede haberse elevado en un 10 por 100 o algo más desde que comenzó la crisis, ello ha sido, fundamentalmente, por el adelgazamiento de nóminas, que en gran medida ha permitido la reforma laboral. Pero hay otros métodos para elevar la productividad, insuficientemente utilizados hasta ahora; y que podrían llegar hasta movilizar lo que algunos expertos de economía del trabajo denominan la productividad oculta: que siempre persiste, hasta el momento mismo en que los trabajadores consideran su empresa como su vida misma.

Creo que el Gobierno tampoco ha hecho todo lo posible a efectos de metabolizar el inmenso lastre que supone el parque de viviendas sin utilizar, en lo que todavía hay gran insuficiencia estadística. Sin ningún censo oficial para determinar cifras que no pasan de ser conjeturas, pues si oficialmente se calcula que puede haber unas 700.000 viviendas de reciente construcción sin ocupar, el total de las unidades habitacionales en manos de especuladores, inmobiliarias, y entidades de crédito sin verdadera ocupación, puede haber alcanzado la cifra de 2,2 millones. Equivalentes a no menos de seis o siete años de necesidades efectivas de viviendas en propiedad o alquiler. Lo que significa, a la postre, que es precisa una política ad hoc, que ni siquiera se ha esbozado al crearse la SAREB o banco malo.

En cuanto al sector energético hay casi unanimidad en que la actual ordenación se aproxima a lo caótico; con criterios, últimamente, de clara voracidad fiscal; habiéndose retirado a las energías alternativas el apoyo racional que necesitan a medio y largo plazo si queremos que prosigan en su necesario avance tecnológico. Y concretamente, en lo que concierne a la energía nuclear, es el partido del gobierno el que después de haber prometido su salvación, podría estar ahogándola con inadecuados instrumentos fiscales.

Por otro lado, aunque se hayan realizado ya ciertos recortes de subvenciones a sindicatos y patronal, sería preciso plantearse su definitiva supresión dentro del ejercicio de 2013. Carece de sentido alimentar desde los Presupuestos Generales, y en definitiva por los contribuyentes, una maquinaria que no está, en ninguno de los dos casos, a favor de una política de cambio radical; tanto en materia de productividad y dedicación a la empresa, como en términos de liderazgo y de racionalización de proyectos e inversiones por los emprendedores.

En materia de cambio estructural, en la política del Gobierno se echa de menos una atención especial a dos temas fundamentales: la posible desagrarización que está produciéndose en España, y la aún más preocupante desindustrialización.

En lo concerniente a previsiones para el sector FAO (agricultura, ganadería, forestal y agroalmentaria), se aprecia la incidencia de la crisis en una caída de la demanda de alimentos y bebidas; a lo que se agrega la reducción de precios de las grandes cadenas de distribución; con gran incidencia en las retribuciones en origen. Sin que hasta ahora el Ministerio de Agricultura haya dado pasos que verdaderamente evidencien un propósito de mayor captura de valor añadido para los agricultores y ganaderos; quienes también tienen su responsabilidad en el tema, por su falta de organización para conseguir economías de escala. Por lo demás, la política del Ministerio de Agricultura no ha entrado en los temas de agrupación de explotaciones, ni trabaja suficiente por una PAC consistente de cara a 2014-2020.

En cuanto al problema de la desindustrialización, aunque muchas veces las comparaciones sean odiosas, cabe destacar en las postrimerías del régimen anterior (1975), el peso de la industria manufacturera en España estaba en torno al 25 por 100 del PIB (construcción aparte). En tanto que, actualmente, se sitúa en torno al 14; debido no sólo a cuestiones más o menos lógicas de la evolución de la estructura productiva española (lo que se explica por la llamada Ley Petty Clark), sino también a toda una serie de procesos de crisis industriales mal diagnosticadas y peor gestionadas en el pasado (1977/83, 1992/95, etc.).

A lo anterior se agrega el hecho de que, desde que empezó la crisis en 2008, la producción industrial en España, al cesar el fuerte arrastre que suponía la actividad constructora y caer ésta por el estallido de la burbuja inmobiliaria, se ha producido un descenso promedio adicional del 25 por 100, frente al promedio del 10 en la Eurozona. Todo lo cual puede estar yendo mucho más allá de cualquier consideración de destrucción creadora schumpeteriana.

La referida contracción significa que está deshilachándose una buena parte de tejido industrial del país. Y por ello mismo, cualquier planteamiento de recuperación económica resultará mucho más difícil, pues los yacimientos de empleo se ven mermados en proporción muy importante, al desaparecer miles de empresas. En resumen, va a ser muy difícil instrumentar un nuevo crecimiento, si no hay previamente una visión clara de la necesidad de frenar y superar la desindustrialización de España; con una política de reindustrialización de la que todavía hoy no se aprecian signos verdaderamente claros.

Dejo para el final el tema, tan polémico, de la reforma constitucional, que parece cada vez más necesaria. Siendo un texto de gran nivel, y de eficacia comprobada la Constitución de 1978 -de la que siento el orgullo de ser uno de sus firmantes-, parece claro que debería reformarse para compensar positivamente los efectos del mal desarrollo del Estado de Autonomías. En ese sentido, sería necesaria la revisión del artículo 148 sobre competencias exclusivas de las comunidades autónomas, y otro tanto en lo tocante al 149 sobre la Administración General del Estado. Con especial énfasis en conseguir una mayor coherencia en materias como educación, sanidad, seguridad pública, etc.

También en relación con la forma de aplicar la Constitución, y teniendo en cuenta nuestros compromisos con Bruselas a efectos del control del gasto público, parece necesario que el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas tenga aún mayores capacidades; para que todas las CC.AA. cumplan rigurosamente los compromisos que deben asumir; sin que la Administración General del Estado pueda vacilar a la hora de aplicar artículos de la Constitución como los que mencionaba en mi primera carta, concretamente el 155 y el 161.2.

Te reitero, querido presidente, mis mejores deseos para el 2013, y que sea lo más fructífero para ti y la ciudadanía en general. Y no hace falta decirte que tus posibles comentarios a las dos cartas serán más que bienvenidos, para lo cual también reitero la oferta de un encuentro al que tú mismo podrías convocarnos según lo que te decía en mi primera epístola.

Un cordial abrazo.

Ramón TAMAMES

Y como siempre, quedo a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net

Traducir artículo
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Contacto y direcciones de Republica.com Todos los derechos reservados © 2013

Portada Republica.com
Republica.com