Nº 1663 -  1 / XI / 2014 
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OPINIÓN

Las expropiaciones de Iberdrola en Bolivia y el mal año de Marca España

José Oneto
 

Mal año para la imagen exterior de España, mal año para lo que se ha bautizado como “Marca España”, mal año para los intereses de nuestro país en América Latina, y mal, pésimo año, para nuestra política exterior para Latinoamérica, a pesar de los esfuerzos de la Familia Real (Rey, Príncipes de Asturias y Reina) por potenciar unas relaciones que deberían haber tenido en Cádiz, en la Cumbre Iberoamericana, una mayor presencia por el carácter histórico que encerraba.

Cierra este mal año, la desgraciada noticia para nuestro país de la expropiación, por parte del gobierno boliviano, de varias compañías, dos distribuidoras de electricidad en las regiones de La Paz y Oruro, una empresa de servicios y una gestora de inversiones, propiedad de Iberdrola, con la excusa de que la compañía española, cobraba el doble a los consumidores de las zonas rurales que a los de las zonas urbanas.

Es la segunda medida expropiatoria que toma el gobierno de Evo Morales, desde que en el pasado mes de mayo, días después de la expropiación de Repsol por el gobierno populista de Cristina Fernández de Kirchner, que dejó a la petrolera española en una situación de total indefensión, decidió expropiar la filial española de Red Eléctrica en Bolivia, una de las principales inversiones española en la región andina.

El 1 de mayo, en pleno conflicto hipano – argentino por el futuro de Repsol, Evo Morales promulgó un decreto para la nacionalización del paquete de acciones de la Transportadora de Electricidad SA (TDE), filial de Red Eléctrica Española (REE), que operaba desde 1997 en Bolivia y ordenó a las Fuerzas Armadas custodiar las instalaciones. La expropiación de las acciones de Red Eléctrica Española, coincidía con la nacionalización, el 16 de abril, del 51% de las acciones que controlaba Repsol en la petrolera argentina YPF. En aquella ocasión, Cristina Fernández de Kirchner realizó el anuncio en medio de una salva de aplausos y de himnos patrióticos que se convirtieron posteriormente, en actos patrióticos de defensa de recuperación de las riquezas nacionales.

Morales ya expropió en 2010 las acciones de cuatro empresas generadoras de electricidad, incluidas dos filiales de la francesa GDF Suez y la británica Rurelec, que inició un arbitraje a Bolivia en la Corte de La Haya por esa medida.Además de las eléctricas, el mandatario ha nacionalizado una quincena de empresas de hidrocarburos, cementos y minas, entre otras, desde que llegó al poder en 2006.

En esta ocasión el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, el hombre clave del Régimen, ha asegurado al tomar posesión, acompañado por la policía de una de las oficinas de Electropaz, la filial de Iberdrola en La Paz, que el Ejecutivo “no va a actuar de manera arbitraria” y que dará una “justa remuneración” y un “trato respetuoso” a la empresa española, tal como ha exigido el Gobierno español, al que la medida le ha cogido por sorpresa.

Se ignora qué tipo de medidas tomará el Gobierno español ante una decisión confiscatoria y qué tipo de seguridad jurídica existe para el resto de las empresas en el país que, por otra parte, es de los más beneficiados por las ayudas españolas a la cooperación y al desarrollo. La realidad es que en el caso argentino, después de muchos ultimátums y amenazas veladas todo quedó en nada. Nada de nada. O mejor dicho, simplemente, en la prohibición de importar biodiesel argentino a un precio muy barato y competitivo y su sustitución por biodiesel nacional mucho más caro y de peor calidad, mientras el gobierno de Buenos Aires colocaba, sólo en horas, en otros países ese biodiesel de primera calidad. Para colmo, el boicot se suspendió como condición previa para que la presidenta argentina viajase a Cádiz para asistir a la Cumbre Iberoamericana. Levantado el boicot, la presidenta comunicó, a última hora, que no podía asistir.

De este modo, después de muchas declaraciones oficiales, de veladas amenazas por parte de los ministros de Asuntos Exteriores y de Industria (había que oír la solemne declaración, desde Polonia, de José Manuel Soria, donde se encontraba en viaje oficial acompañando al presidente del Gobierno, anunciando todo tipo de medidas, si se llegaba a una nacionalización, que se producía, ante el asombro y la imprevisión del Gobierno español, setenta y dos horas más tarde), ni la Unión Europea, ni la Comunidad internacional, ni Estados Unidos, ni el G-20 han tomado ningún tipo de medida en contra de Argentina ni de su Gobierno que se ha ido creciendo por días, hasta el punto de encontrar en la expropiación de YPF, un motivo más de ese patriotismo y nacionalismo que les sirve para ocultar los verdaderos problemas del país.

Por eso, en esta ocasión, el Gobierno se ha decidido por el “ver, oír y callar” a la espera de conocer de dónde nos vendrá el siguiente golpe, teniendo en cuenta que parece que nos han cogido como conejillos de indias a pesar de que somos el primer inversor en América Latina.

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