El ‘hombre lobo’ gallego Romasanta pudo ser una mujer

Manuel Blanco Romasanta, asesino múltiple que ocupa un espacio privilegiado en la historia negra de España un siglo y medio después de su muerte, podría haber sido una mujer. Así se deduce de un estudio realizado por el antropólogo Fernando Serrulla, responsable de la Unidad de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal de Galicia,  según el cual el conocido ‘hombre lobo’ de Esgos sufría un trastorno de intersexualidad, recogía este viernes El País.

A partir de “datos científicos y artísticos” aportados por los doctores de la época, en el siglo XIX, el forense Fernando Serrulla se ha atrevido a recrear el rostro del famoso asesino, que fue juzgado por nueve muertes de las 17 que se le atribuyen. El forense presentó sus innovadoras teorías en las I Jornadas sobre Romasanta organizadas por la Fundación Vicente Risco.

Esto no es una reconstrucción fiel, sino una aproximación a cómo pudiera ser, porque hay un gran número de elementos faciales que tenemos que inventarlos”, explicó el experto en declaraciones recogidas por El Faro de Vigo. “No sabemos exactamente cómo era la morfología de la nariz, la posición de los ojos y muchos elementos que son característicos del rostro de una persona, que no los tenemos. Pero en base a los datos métricos, nosotros creemos que lo que hemos hecho responde métricamente a cómo era Romasanta”.

Además, Serrulla revolucionó el conocimiento que se tiene sobre Manuel Blanco Romasanta al asegurar que fue inscrito en su partida de nacimiento como Manuela, no por un error tipográfico, sino porque sus padres dudaron en un principio de su sexo. Así, apunta que el ‘hombre lobo’ podría haber sufrido un trastorno intersexual, concretamente pseudohermafroditismo femenino, por el cual sus órganos sexuales eran de mujer, pero segregaba una cantidad desmesurada de hormonas masculinas que pudieron provocarle “episodios de fuerte agresividad”, añade El País.

El forense señala esta teoría como una de las bases para explicar la personalidad de este asesino, al que acusaban de extraer la grasa de sus víctimas para usarla en un ungüento que después vendía por los pueblos gallegos. Romasanta fue juzgado por nueve muertes, la mayoría de mujeres y niños, pero él admitió haber asesinado a trece personas a sangre fría, usando sus manos y dientes para acabar con sus vidas y comerse los restos, lo que le valió el apodo de ‘hombre lobo’.

Aunque fue condenado a morir por garrote-vil, finalmente se le conmutó la pena capital por cadena perpetua y falleció de cáncer de estómago en la cárcel de Ceuta en 1863.