Nº 1163 -  19 / VI / 2013 
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Universo infinito

Algunas consideraciones más sobre el libro de Darío Salas “Moneda Cósmica”

Ramón Tamames
 

Seguramente recuerdan los lectores de República.com, que el año pasado nos ocupamos ya de la citada obra del citado escritor chileno. Y ahora, con los auspicios de sus admiradores en España, tuvimos el pasado miércoles, en el auditorio del Museo Lázaro Galdiano, un nuevo encuentro para volver al citado autor.

En esa sesión de ludicofilosófica, actuaron como ponentes Javier Sadaba, Catedrático de Etica de la UAM; Maite Pascual, periodista de TVE, sobre todo del programa Informe Semanal; y Esther Gómez, Filóloga y especialista en estudios de la lengua y la literatura de Rusia. Personalmente, tuve encomendada la labor de coordinación y moderación del encuentro, y a lo largo del mismo, pude expresar algunas opiniones que ahora sintetizo para República.com. Anteponiendo en cada caso la tesis de Darío Salas en cursiva y negrita, y acto seguido mis consideraciones al respecto.

1. “Es preciso, sin embargo, tener presente que el dinero en sí mismo no significa calidad de vida, a no ser que vaya equilibrado por los bienes morales y espirituales”

El dinero es, ante todo, un medio de pago, y también una forma de conservar valor; además de servir de refugio frente a eventualidades que se suponen pueden ser difíciles. Como medio de pago sustituye a una de las dos o más mercancías que entraban antes en los sistemas de trueque. De manera que el dinero es un valor reconocido por todos para las compraventas.

A partir de ahí, la calidad de vida, depende en alta proporción del dinero que se disfrute, de la renta que se perciba. Pero esa es una sola de las bases del bienestar; que incluyen, por lo menos dos más: las condiciones de trabajo y el medio ambiente. En esa dirección, el ecólogo francés Philippe Saint Marc, en su ecuación de la felicidad, establecía esos tres monomios en el segundo término de su ecuación; relacionados por parámetros que en su conjunto tenían un valor de 1,00. Por todo ello, puede hablarse de una ecuación psicológica y la calidad de vida, en función de que uno se sitúe en el extremo de un ciudadano pletórico en un país rico, o un depauperado en un país pobre.

2. “El ansia desmedida de riqueza suele anular o impedir la solidaridad social, la generosidad y la compasión, favoreciendo una liviana frivolidad en los asuntos cotidianos”

Para los emprendedores ricos, usualmente, el valor del dinero es constante: valoran lo mismo el primer euro que reciben que el último. Si se prefiere puede decirse que para ellos la utilidad marginal es siempre la misma. Por ello, cuando se escucha “¿para qué quiere ese rico empresario más dinero, con todo lo que ya tiene?”, cabe contestar: porque para él el dinero siempre vale lo mismo y siempre lo disfruta igual.

Pero lo anterior no es óbice para que los empresarios puedan ser también filántropos (a través de fundaciones). E incluso solidarios con causas muy nobles, como la erradicación de la pobreza, o de las enfermedades más graves. En lo cual, los paradigmas a escala mundial, son la Fundación Melinda y Bill Gates, a la que aporta grandes recursos el magnate bursátil Warren Buffet. A escala española, Amancio Ortega ha dado una muestra de filantropía y solidaridad con su donación de 20 millones de euros a Cáritas Española.

3. “Interesa considerar que la moneda solo es útil para comprar objetos materiales, pero no lo es para adquirir la paz interior, la felicidad perdurable, la sabiduría, la espiritualidad, la certeza interior, el amor real, la libertad y la unión con la creación”.

Primun vivere deinde philosophare. El viejo aforismo romano, significa que para opinar sobre muchas cosas, y a veces hasta para sentirse feliz, casi siempre es necesario cubrir una serie de mínimos vitales, en términos de alimentos, alojamiento, higiene, educación, etc. Por ello, la felicidad que muchas veces se atribuye a los pobres, en sociedades tradicionales, se genera y mantiene por la falta de posibilidades de elección, en medios generalmente recónditos. En cuanto hay comparaciones posibles, todo cambia, incluso el “niño de Nairobi” al que Maite Pascual se refirió varias veces en el coloquio como especimen de felicidad entre las miserias de la capital de Kenia.

En ese sentido apuntado, el desarrollo económico no persigue precisamente la felicidad, sino el mayor repertorio para elegir y ser más libres. Es lo que dijo el gran economista Arthur Lewis, primer Nobel africano. La felicidad la aseguraba casi la Constitución Española de Cádiz de 1812, y ya vieron Vds. lo que fue el siglo XIX español…

Por lo demás, los bienes mencionados superiores y espirituales, se ganan con la reflexión filosófica y misticismo. En ese sentido, determinadas religiones, permiten elevarse a las alturas de la paz interior, la felicidad perdurable, etc. Eso es lo que se sucedió y sucede con los místicos, entre los cuales en España tenemos una representación muy especial con Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, etc. No obstante, la felicidad también cabe alcanzarla tras determinados procesos educativos y solidarios, siempre que tengamos la componente personal de la serenidad, y la tranquilidad del medio en que nos movamos.

4. “La verdadera riqueza radica en el talento, la creatividad y el trabajo humano…”

A este respecto, hay que diferenciar entre características genotípicas y fenotípicas. El talento, la creatividad, el sentido del trabajo, pueden heredarse de los genes paternos; como también manifestaciones de holganza, diletantismo, etc.

Pero es lo fenotípico lo que generalmente permite desarrollar esas tendencias innatas. Merced al disfrute de un medio que facilite, volvemos a ello, el conocimiento y otras facetas de la educación y de la buena convivencia.

5. “La riqueza material puede perderse, pero no así la riqueza interna” (Material wealth might be lost but not the inner wealth)

La riqueza interna, es efectivamente muy valiosa, y puede difundirse y compartirse. En esa dirección, hay grandes ejemplos como Gandhi en el pasado, y Mandela todavía en el presente. Sin embargo, ninguno de esos dos grandes líderes individuales, podrían haber desarrollado sus dones personales y sus duros aprendizajes, si no hubieran contado con el respaldo de organizaciones políticas muy importantes: el Congreso Nacional en la India, y el Congreso Africano en Sudáfrica. Y no es extraño que en ambos casos se hable de Congresos (el primero fue el indio), pues debe recordarse que Gandhi inicio sus experiencias personales y políticas en el África Oriental británica.

Que la riqueza material puede perderse, eso no lo duda nadie. Y que esa situación se conlleva mejor con una alta riqueza interna, también puede ser objeto de consenso.

Seguiremos la semana próxima, para terminar nuestras observaciones, y hasta entonces quedo a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net.

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