Turbias bajan las aguas para el socialismo español amenazado de irrelevancia institucional. La agitación interna es notoria, un poco tumultuosa y poco consistente. Lo único que parce claro es que no hay liderazgo, que Rubalcaba representa un pasado agotado y que el futuro ni está ni se le espera. Zapatero significó una nueva generación, “postfelipismo”, pero ha dejado el partido como un solar desatendido, con retorno a dirigentes viejos y con unas expectativas electorales que se acercan al 20% más que al 30%, lo cual avisa riesgo de fragmentación, con desbandada.
El PSOE ha sido el partido central del último tercio de siglo, de la España constitucional, ocupando el gobierno dos tercios de ese largo período. Pero las elecciones vasca y gallegas y las próximas en Cataluña, dibujan un cuando electoral desolador para los socialistas, con pérdida de más de uno de cada tres votantes. De Cataluña el socialismo puede salir definitivamente fragmentado allí y fracturado en el conjunto de España. Los socialistas se han quedado sin mensaje en Cataluña, atrapados en una formulación federal confusa, que no entienden ni sus electores ni sus militantes.
Y sin mensaje ente la crisis económica más allá de criticar al Gobierno de Rajoy, que sufre desgaste que compensa con el derrumbe socialista. Nuñez Feijóo ha perdido 135.000 votos en Galicia, pero ha ganado tres escaños y cómoda mayoría absoluta. No es el mérito de los populares sino el demérito de los socialistas (y la fractura nacionalista) lo que otorga la mayoría gallega y consolida el liderazgo de Rajoy.
Rubalcaba no ha hecho la lectura de las últimas elecciones, se contagia de la ambigüedad de Rajoy y aplaza decisiones y debates que son urgentes. Pasadas las elecciones catalanas no hay horizonte electoral hasta el 2014, más de un año en blanco, que es un buen plazo para recomponer mensajes y estructuras, pero también para el desconcierto, que por lo que se percibe en el murmullo socialista es más que una hipótesis.
Griñán esgrime el poder andaluz como argumento para el debate e incluso toma la temperatura para aspirar a la secretaria general del partido y al cartel de candidato, pero sin ideas, sin análisis críticas de los errores y propuesta de alternativas. El PSOE era un partido central y hoy no lo es porque carece de poder y sobre todo de ideas. Algunos están pro reformar la Constitución, pero ni es seguro ni está claro en que sentido. Gentes responsables del PP empiezan a preocuparse por la debilidad del PSOE que puede complicar la gobernación porque altera las referencias. Los españoles tienen que abordar la mayor crisis económica y, simultáneamente una crisis institucional con uno de los dos partidos centrales ausente del debate.
No es probable que Rubalcaba aspire a ser el cartel del 2015, ni siquiera el del 2013 si por cualquier circunstancia se adelantaran los procesos, pero tampoco está claro que vaya a preparar el relevo de ideas y personas con diligencias e ideas claras. La irrelevancia del socialismo español era inimaginable pero ahora parece posible.
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