Un candidato a senador en USA ha declarado que si una joven fue violada no debe abortar porque fue “por voluntad de Dios”. Menuda simplificación. No se da cuenta el angelito que está resolviendo de un plumazo el debate sobre Dios y el mal que la religión judeo-cristiana no ha sabido explicar, ni con Santo Tomás.
Mi maestro Josep Pla cuando le llegaba un cura le preguntaba “¿Usted cree que Dios creó el mundo todo lo bien que podía?” Si decía sí, falso; si decía no, entonces no es omnipotente ni bueno. El cristianismo no sabe responder al problema del mal más que con la absurda excusa de que Dios lo pone para probarnos. ¿Por qué probarnos? Háganos Usted buenos y acabemos.
Los cátaros fueron más lógicos. Venían de la tradición maniquea y zoroástrica y explicaron que el mundo es regido por un dios bueno y otro malo, el Demiurgo, como lo llama Cioran o Ariman que lo llama Zoroastro. A veces predomina el principio bueno y a ratos el malo.
Los budistas creen que el mal nos sucede como consecuencia de acciones pasadas, incluso de otras vidas, que hemos de compensar: “Tal harás, tal hallarás” me decía mi madre (tal faràs, tal trobaràs) que debía venir de familia cátara. Es una explicación muy lógica pero que requiere aceptar la reencarnación que es bastante increíble. ¿Quién sabe?
Yo creo que el mal es el precio de la libertad. Es el precio de que el mundo no sea un reloj repetitivo con movimientos reiterados y obligados. Al tener libertad de movimientos podemos hacer cosas que sean mal para otros.
Todo antes que decir que el mal es la voluntad de Dios porque entonces somos unos abyectos adorando a un déspota, y eso, un aspirante a senador en el país cuna de la democracia, no puede serlo.
En España el mal, el Moloc, es la crisis y a ella se inmolan nuestros IVAS e IRPFs. Pero el corredor del Mediterráneo sigue sin hacerse, pese a que Ford apuesta por Valencia. ¿Qué quieren en Madrid que se les separe todo el eje Mediterráneo? Se lo están ganando a pulso.