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Y en la que la magnífica ambientación y puesta en escena se convierte en una de sus principales bazas.
Desde los trajes y los peinados a una fotografía con una rica textura que devuelve fácilmente al ambiente de la época en la que se desarrolla la historia, gracias a la preciosista labor del director de fotografía mexicano Rodrigo Prieto, un habitual del equipo de Alejandro González Iñárritu.
Un elemento básico en una historia muy concreta de un periodo muy convulso del Irán contemporáneo y de sus relaciones con Estados Unidos es de lo que trata esta historia.
Era la época de Carter y de la caída del sha, exiliado en Estados Unidos, lo que provocó la ira de sus detractores y simpatizantes del ayatollah Jomeini, que asaltaron la embajada estadounidense en Teherán y tomaron a todos sus empleados como rehenes.
Pero seis lograron escapar y es en esa historia en la que se basa “Argo”, que cuenta cómo se puso en marcha un plan surrealista con un falso proyecto de rodaje cinematográfico como excusa para sacar de Teherán a esos huidos.
La implicación del cine y de Hollywood da a la historia un divertido tono de sainete con la complicidad de unos inmensos John Goodman y Alan Arkin, los actores mas reconocibles de un reparto lleno de rostros menos reconocibles y que permiten dotar a los diversos personajes de un anonimato imprescindible.
Affleck logra una narración que va de menos a más, con una tensión que aumenta gradualmente sin ser excesiva y con momentos que permiten respirar al espectador para disfrutar de la película.
Para ello ha elegido una planificación con planos largos en los que la historia es la protagonista y con una labor de montaje muy sutil que acompaña el filme sin hacerse perceptible.
Una película en la línea del mejor cine político, el que se hacía en los setenta (Todos los hombres del presidente o Tres días del Cóndor, por ejemplo), que reafirma el talento de Affleck como director tras la excelente The town y que se estrena mañana en España.