Nº 1132 -  19 / V / 2013 
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Retablos financieros

Pronósticos, una rara unanimidad

Primo González
 

La valoración de los servicios de estudios sobre lo que pueda suceder durante el año próximo con la economía española sólo tiene un punto en común: todos creen que el PIB va a caer más de lo que ha dicho el Gobierno. A partir de ahí la dispersión de pronósticos es considerable si bien existe una segunda consideración sobre la que también existe amplio parecer, aunque no unánime: el año 2013 será peor que el año 2012, ya de por sí bastante negativo. En todo caso, en ambos años el consenso de los 19 servicios de estudios que analizan la situación económica refleja retrocesos en la actividad económica superiores al 1% y en algún caso en torno al 2%, lo que suma más de un 3% de media en el conjunto de los dos ejercicios. Es, por lo tanto, una recesión en toda regla y de una gran virulencia, que tendrá impacto adicional sobre el desempleo, sobre la renta disponible de las familias y sobre la inversión, tanto pública como privada. Nadie parece aún en condiciones de lanzar un pronóstico que establezca el momento a partir del cual empiecen a cambiar las cosas. El punto más bajo de este ciclo está por llegar.

La dificultad de construir algo bueno a lo largo del año próximo sobre un terreno calcinado por la crisis y la incertidumbre no deja apenas esperanza para que en el año 2013 cambie el signo de las cosas. Parece, según los analistas que reúne con periodicidad la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), que el único rayo de luz que se podrá atisbar durante el próximo año será el logro de un superávit en la balanza por cuenta corriente con el exterior, aunque de cuantía muy modesta. Será el primer superávit exterior desde el inicio de la crisis.

La fuerte caída de las importaciones es el principal responsable de este saldo positivo que se espera para el sector exterior, aunque también cuentan los expertos con una actividad económica más boyante en la zona euro, lo que ayudará con cierta fuerza a las exportaciones españoles de mercancías y al auge o cuando menos sostenimiento de las rentas procedentes del turismo. Con unas exportaciones en alza y un turismo sostenido, la dureza del año 2013 podría ser menor de las que se deduce de la negativa evolución de las variables económicas domésticas, es decir, de la prevista caída del 4% en la demanda interna.

Las estimaciones para este año apuntan a una caída del PIB del orden del 1,6%. Para el año próximo, el retroceso del PIB medio estimado por los expertos está en torno al 1,5%. El Gobierno, en un alarde de optimismo que le resta credibilidad, considera en sus planteamientos que el PIB caerá un 0,5% durante el año 2013, es decir, un tercio. De los 19 pronósticos individualizados que han realizado los servicios de estudios sobre la caída del PIB el año próximo, ninguno baja del 1% de descenso y alguno llega al 2% de caída, es decir, cuatro veces más de lo que pronostica el Ministerio de Economía. Las distancias son bastante elocuentes del grado de incertidumbre que rodea la economía española y la economía europea, ya que el devenir de esta última será pieza fundamental para, en su caso, minimizar el retroceso del próximo año.

Cabría preguntarse si queda algún resquicio para dotar a la política económica de algún instrumento dinamizador, ya que el ajuste permanente, el recorte sistemático del gasto y de la inversión, nos están conduciendo a una parálisis progresiva a la que no se le ve salida. El apoyo exterior, cuando se solicite, resultará de vital importancia para empezar a levantar cabeza, pero en el plano interno habría que valorar la conveniencia de iniciar algunas acciones, de las cuales el Presupuesto del Estado no ofrece muestra ni intención alguna, dado el derrumbamiento de la inversión pública y el escaso margen de maniobra que permiten las políticas fiscales. De momento, lo único que se ofrece de cara al año 2013 es resignación. Y esa política no suele crear empleo.

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