“Usted ha regresado a la política de los años noventa al decir que la mayor amenaza era Rusia” dijo Obama a Romney en el último debate electoral entre ambos candidatos, con vistas a las elecciones del próximo día 6 de noviembre. Un presidente, Barak Obama, mas directo, contundente y preciso, que ganó sin lugar a dudas el tercer y último debate con Mitt Romney. Obama estaba en su terreno y con la ventaja de una excelente cuenta de resultados: fin de dos guerras, muerte de Bin Laden, apoyo a la primavera árabe, tensión y sanciones contra Irán, relación especial con Israel (ahora en plenas maniobras conjuntas), y un mayor conocimiento de los temas por su indiscutible experiencia en la Casa Blanca.
Y todo ello ayudado por las erráticas declaraciones de su adversario Romney a lo largo de la campaña sobre la política internacional, como cuando llegó a decir que Rusia era el mayor peligro para la paz. Aunque Romney intentó parecer más firme frente a Irán -”la guerra con Irán será el último recurso”, reconocieron ambos- pero Romney, tras acusar a Obama de no haber apoyado la protesta verde del pueblo iraní, si quiso ir un poco mas lejos en sus advertencias al gobierno de Teherán pero sin llegar a pronunciar la amenaza clave del “ataque preventivo”, aunque ambos candidatos si estuvieron de acuerdo con los ataques de aviones no tripulados contra objetivos terroristas que Obama ha puesto en marcha bajo su mandato. Eso sí, el republicano pidió un mayor presupuesto militar, especialmente para la marina, mientras que Obama defendió el gasto actual y declaró que el final de las guerras y la retirada de tropas permitirá invertir en Estados Unidos, porque, como repitió, “es aquí donde podemos hacer una mejor nación”, en vez de intentar hacer, o imponer, fuera de nuestro país un modelo de naciones a nuestra imagen lo que no es fácil de realizar, como se ha visto en Irak y Afganistán.
Se esperaba que en las cuestiones de seguridad y las relaciones internacionales la experiencia de los cuatro años de Obama al frente de la Casa Blanca supondría una ventaja por su mejor conocimiento de todos estos temas y así ocurrió. Pero Romney estuvo mas débil de lo que se pensaba que podría ocurrir en el debate. Y, además, Obama fue implacable recordando una y otra vez su errores, por ejemplo criticando la propuesta de Romney de pedir que 20.000 soldados americanos se queden en Irak o recordándole que él había invertido en empresas chinas que negociaban con Irán. Obama no perdió una sola oportunidad de remachar los errores de su adversario, incluso en política nacional como cuando le recordó sus palabras diciendo que había que dejar que fracasara la industria del automóvil, aprovechando el presidente ese viaje a los anteriores debates para insistir, una y otra vez, en reforzar la política de Educación en ciencia y tecnología. Aunque fue en esa vuelta a los debates nacionales anteriores donde Romney volvió a la carga con el paro, la sanidad y el déficit de Obama para decir que el, como empresario, si sabría hacer crecer el país y cuadrar las cuentas, argumento que repitió Romney cuando Obama le acusó de querer aumentar el gasto militar y reducir el déficit al mismo tiempo.
No sabemos que efecto puede producir este tercer debate en la solución final electoral del próximo día 6. Se dice que el encuentro, que se celebró en la Universidad Lynn de Boca Ratón (Florida), fue seguido por mas de 70 millones de americanos. Y se sabe que en esto de la política exterior y la seguridad los americanos respiran por la idea de la fuerza, el liderazgo y el comandante en jefe, cuestiones donde los republicanos suelen ser mas agresivos que los demócratas. Pero esta vez, incluso en estos aspectos “patrióticos”, Obama fue mas firme, mas decidido y tenía en su mano un as imbatible: la caza y la muerte de Bin Laden, como prueba definitiva de su capacidad para liderar y decidir.
En las conclusiones finales, mirando a la cámara de televisión el presidente Obama resumió con eficacia su posición y proyecto para un segundo mandato en la presidencia del os Estados Unidos. Dijo que: “en los últimos cuatro años hemos progresado con unas políticas eficaces y hemos logrado acabar con dos guerras. Hemos puesto fin a la última gran depresión, y hacemos políticas distintas a aquellas que solo favorecen a los mas ricos. Vamos a conseguir que los empleos vuelvan a este país con el mejor sistema educativo del mundo, con nuestra propia y mas limpia energía, apostando por la tecnología y la ciencia. Y por la paz con el mejor y mas fuerte ejercito del mundo. Es aquí en Estados Unidos donde vamos a reconstruir nuestro país. Una nación unida. Yo les escuchare y lucharé por sus familias”.
Por su parte, Romney, un poco mas “blando” afirmó: “soy optimista, por el futuro que nos espera, la paz para un mundo mas seguro, con un país, EE.UU. mas fuerte y positivo para que la economía se mueva de nuevo. Obama nos llevó a deuda y a los presupuestos que no cuadran. Yo soy empresario, se hacer andar la economía, apuesto por el crecimiento y crearé empleo. El pueblo americano luchará duro. Somos el país mas grande, la nación líder de la libertad, ¡la antorcha de la libertad!, serviré a mi nación, seré el líder de todos ustedes y quiero ser el futuro presidente de los Estados Unidos”.
Los Estados Unidos son, sin duda, un gran país y una democracia ejemplar de puertas hacia dentro de su propio territorio. En las cuestiones de política exterior y seguridad externa son el imperio, y ahí no rigen las más elementales normas democráticas ni los Derechos Humanos, en los que se inspira su Constitución, aunque en estos debates los candidatos hacen esfuerzos especiales para aparentar lo contrario de lo que luego hacen. El “limbo” legal de Guantánamo, que Obama prometió cerrar y no lo cumplió, es todo un ejemplo. Como su bloqueo a Cuba y sus relaciones más que excelentes con China, un régimen comunista más duro que el de los Castro de La Habana, del que solo les proecupa su “competencia desleal” en el comercio internacional. O las dictaduras medievales del Golfo Pérsico, o las anteriores a la “primavera árabe” del norte africano (Egipto, Túnez, Libia), que hoy los tiene confundidos, aunque los dos, Obama y Romney se declaran muy satisfechos con los cambios, cuyos resultados finales aún están por ver. Lo que si está claro es que Oriente Próximo e Israel siguen siendo la obsesión de los Estados Unidos, e Irán el problema mas candente, sobre todo para Romney porque Obama sigue creyendo que el primer problema es y será el terrorismo internacional. De la misma manera que Europa ya no está en sus prioridades, como quedó claro porque de la UE nada se habló y muy poco, solo Romney de pasada, de América Latina. Y por supuesto mucho de China y ambos, los dos candidatos, para decir que hay que poner firmes a los gobernantes chinos para que cumplan con las reglas del comercio internacional y para que no copien ni roben patentes y productos extranjeros. Sin embargo nada se dijo de China sobre derechos humanos o sobre su posición como potencia militar, y poco o casi nada de Rusia y sí algo mas y preocupante sobre la situación de Pakistán.
En suma un debate ganado por Obama que tampoco le garantiza la victoria final electoral. Veremos que dicen ahora las encuestas y si el presidente en funciones consiguió marcar una distancia suficiente para ganar el reto electoral. Todavía faltan quince días y eso, en USA y con su periodismo implacable y obsesivo, es una eternidad en la que cualquier cosa puede pasar. Incluso en la escena internacional de la que tanto hablaron ayer uno y otro sin que ninguno de los dos facilitara un titular que interese o que impacte en el mundo internacional. Mas bien al contrario los contendientes dieron la impresión de que gane quien gane todo seguirá mas o menos como está en la política exterior y de seguridad americana. Las novedades que se anuncian lo serán más para su política nacional. Empezando por el nombre del que será el nuevo presidente de los Estados Unidos hasta 2016 algo que sabremos muy pronto y que está al llegar.