Nº 1163 -  19 / VI / 2013 
Síguenos vía RSS
Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook
Portada República de los Blogs Sección Nacional Sección Internacional Economía y Finanzas Información Deportiva Información Parlamentaria Información Cultural Información Sociedad y Tecnología Gente y Tendencias
 

Lugar de la vida

La tierra

Mónica Fernández-Aceytuno
 

Aún es de noche pero canta un petirrojo.

Una luz roja de lubricán se asoma con el día que llega sobre un campo recién segado. En el aire, queda el rescoldo del maizal que ayer trituraron mientras un bando de estorninos seguía al tractor del que caían algunos granos. En unos montones sobre la tierra, han puesto esta suerte de forraje que está hecho de hojas y de tallos triturados, y de mazorcas que no acaban de quedar molidas como la harina y ayer todos los caminos tenían granos de maíz rotos, como si un ratón hubiera venido a comerse el germen dejando en la semilla una media luna.

Luego tapan esta montaña verde y amarilla sobre la tierra con un plástico negro y lo dejan para dar de comer a las vacas durante el invierno, pero con la humedad y la oscuridad fermenta y acaba por dar un olor de bodega cuando pasas.

Por aquí, al estar cerca del nivel del mar, el otoño llega más tarde, como si con la altura los árboles tuvieran más prisa en perder las hojas, al ser el frío que vendrá más intenso. En general, están los árboles todavía verdes y sólo los cerezos silvestres muestran algunas tonalidades rojizas, y la parra de uva está amarilla y ocre, y muy roja la parra virgen que ha trepado por la pared, hasta la chimenea, en mi ausencia. También han salido helechos en el tejado. Un día volveré y ya no estará la casa, entre tantas especies queriendo vivir con ella. Por dentro se mantiene, con alguna telaraña que me salió al paso porque las arañas trabajan mejor cuando están solas, sin la escoba barriendo las esquinas y el techo. Es curiosa la manera que tienen de hacerse las muertas, al igual que algunos escarabajos y mariposas, de tal manera que cuando me quedaba sentada en la escalera, resucitaba alguna que parecía muerta. También los zorros se hacen los muertos y son capaces de dejar incluso que los cargues inmóviles en el maletero del coche, hasta que lo abres pensando que está sin vida, y entonces salta el zorro afuera como si nada. Esto me lo contó un agente forestal que creyó haber atropellado de noche a un zorro.

Por lo demás, he encontrado la casa mejor de lo que esperaba pero, claro, aún no pasó un invierno. Al bajar a la plaza ya vendían crisantemos, a la espera del día de difuntos, y en las huertas lo que mejor se ven hoy de lejos son las calabazas, anaranjadas como la luna de noviembre, la de los brazos extendidos, saliendo por el monte del Gato.

Puede que yo sea ya una extraña, por haberme ido. Pero la tierra, la reconozco y me reconoce como al principio.

La tierra sigue igual, por eso la amamos tanto. Nosotros pasamos y ella intenta seguir siendo la misma para los que vengan.

La tierra que nos espera es lo que menos cambia de nosotros.


ÚLTIMOS ARTÍCULOS DE Mónica Fernández-Aceytuno
Las orcas - Klee - El casco y la bicicleta - Cronobiodiversidad - Lirios marineros - La sensación - Córdoba - Dalí - El aguardo - La sencillez -
Traducir artículo
LunMarMieJueVieSabDom
12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
Portada Republica.com

Portada

Portada Republica.com

Siguenos en:

Canal RSS Republica.es
Facebook
FlickR
Twitter
LinkedIn
Separador

Contacto y direcciones de Republica.com Todos los derechos reservados © 2013

Portada Republica.com
Republica.com