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Sociedad

SON "SUFRIDORES SILENTES"

La crisis podría dejar secuelas en la salud mental de los niños

  • El problema es que "no se les hace partícipes", sino que "son sujetos pasivos de las malas noticias y las consecuencias de éstas", según los expertos
  •   La crisis podría dejar secuelas en la salud mental de los niños
    República/EP | Madrid Publicada el 19-10-2012

    El jefe de Servicio de Psiquiatría del Niño y Adolescente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, Celso Arango, alerta de que la actual crisis económica que está afectando a gran parte de las familias españolas también puede dejar "secuelas" en la salud mental de los niños que afecten a su comportamiento de adultos. Así lo ha reconocido con motivo de la VII Jornada Científica 'Prevención y detección precoz en psiquiatría del niño y del adolescente' organizada por la Fundación Alicia Koplowitz, en la que se ha abordado la situación de las diferentes patologías psiquiátricas en las primeras etapas de la vida, su prevención, su diagnóstico y su tratamiento.

    Actualmente se estima que uno de cada cinco adultos ha sufrido algún tipo de trastorno mental durante su infancia o su adolescencia, y aunque algunos desaparecen con el propio desarrollo (como los cuadros adaptativos, enúresis o terrores nocturnos), otros son más graves y requieren una atención constante, como la esquizofrenia, la depresión o la fobia social.

    Sobre estas últimas, Arango, que también dirige la Cátedra Alicia Koplowitz-Universidad Complutense de Madrid de Psiquiatría Infantil, ha explicado a Europa Press que la crisis puede tener una repercusión en su incidencia, ya que a su juicio los niños son los “sufridores silentes” de la actual situación que vive España.

    “Los niños lo escuchan todo, los diálogos de lo que pasa en casa, al padre cuando pierde el trabajo, a la madre que no llega a fin de mes, que no hay dinero para comida, etcétera. Aunque son cosas que se le intentan esconder, pero un niño de 7 u 8 años de edad capta perfectamente lo que sucede”, ha aseverado.

    El problema en estos casos, según este experto, es que “no se les hace partícipes”, sino que “son sujetos pasivos de las malas noticias y las consecuencias de éstas”. “Esto hace que se puedan sentir excluidos e incluso culpables de lo que está sucediendo, de que sus padres estén tristes o angustiados por no llegar a fin de mes”, reconoce Arango, que recomienda que “en la medida de sus capacidades se cuente con ellos y se le comuniquen las cosas porque tan sólo el hecho de formar parte de la unidad familiar es para ellos muy importante”.

    De hecho, el no hacerlo puede desembocar en posteriores patrones de comportamiento, como una incapacidad para relacionarse, una menor empatía o una desconfianza ante las cosas “que pueden arrastrar a su vida adulta”.

    “Somos producto de nuestras experiencias”

    “Todos somos productos de nuestra educación y experiencias vitales”, recuerda Arango. De hecho, hay estudios que han demostrado que las situaciones vividas, incluso durante la gestación, pueden condicionar la salud mental de un individuo. En este sentido, por ejemplo, se ha demostrado que en mujeres embarazadas cuyos maridos fueron a la guerra el riesgo de esquizofrenia de sus hijos era dos veces mayor que aquellos cuyas madres no habían tenido ningún factor estresante durante el embarazo.

    Por ello, Arango ha insistido en la necesidad de detectar estos cuadros “cuanto antes” y darles un tratamiento precozmente va a mejorar mucho el pronóstico. Asimismo, este experto también ha insistido en la necesidad de acabar con el estigma social que rodea a estas enfermedades y que, en el caso de los niños, en muchos casos las acaba incluso agravando.

    “Son enfermedades enormemente estigmatizantes, porque si yo me rompo una pierna y tengo que tenerla escayolada, seguro que nadie se metería conmigo por ello”, ha explicado, mientras que en el caso de un trastorno mental, sea cual sea, quienes lo padecen suelen “sufrir las risas, burlas y la discriminación del resto, una carga que a veces es incluso mayor que el propio trastorno”.

     
     

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