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Las acciones de Premier subieron un 18 por ciento, después de que informar al regulador que ha firmado una carta de intención no vinculante para vender los objetos a un precio de 189 millones de dólares a un grupo de individuos no identificado.
La compañía había intentado desprenderse de las piezas para concentrarse en expediciones turísticas, pero una corte federal estableció el año pasado que la venta debe garantizar que la colección no se separará.
Responsables de Premier dijeron en una conferencia telefónica que la compañía espera que el acuerdo cumpla con todas las condiciones impuestas por el tribunal.
La venta, aún sujeta a condiciones financieras, entre otras, forma parte de los esfuerzos por hallar un lugar permanente para los objetos rescatados del Titanic, así como darle una ganancia a los accionistas, dijo la compañía en su nota.
Premier, a través de su subsidiaria RMS Titanic, es la única compañía con permiso para recuperar objetos del barco, desde que un tribunal estadounidense le otorgó los derechos exclusivos en 1994. Además, es la autora de las populares exposiciones ‘Bodies’.
Se venden los restos del Titanic, pese a que el pecio está ahora protegido por la Convención de la UNESCO. Pero, a pesar de ello, todavía existen seres raros interesados en conservar un plato de loza, un tenedor de plata o una briqueta de carbón. Los restos de un naufragio evocan sensaciones difíciles de definir. El pillaje existe hasta en el fondo de los mares. El mundo acabará enlatando toda su decadencia. Las tragedias humanas deberían ser tratadas con respeto. Para escucharlas, sólo es necesario acercar una caracola al oído. Se ausculta un rumor apagado como de otros mares, o de otros veraneos que ya sólo quedan en el recuerdo, y en unas fotografías en blanco y negro que se guardan dentro de una caja de hojalata y que sacamos del cajón cuando añadimos otras, y así. Un paisaje robado no desaparece de nuestra vida hasta que decidimos hacer limpieza de estanterías y resolvemos tirar a la basura recuerdos de nuestra juventud, perdida para siempre. Escribía José Luis Alvite en un artículo que tituló “Algo que leer” (La Razón, 30.10.11) que “si te miras detenidamente en el espejo, te darás cuenta de que tu belleza es, ahora, más blanda y arrugada. Es cierto, pero piensa que lo que ocurre no es otra cosa que el hecho irremediable de que se te ha subido a los ojos la piel de los codos”.