Estamos en el fin de los mitos, la última institución española que quedaba en pie, la Selección Nacional de fútbol ha pinchado en hueso y empató con la francesa en el último minuto por culpa de un tal Juanfran que se puso a caracolear, y un tal Torres que cada vez que sale al campo es como si España jugara con diez, porque ni pelea, defiende y no ayuda en el centro del campo, como Cesc. ‘El niño’ está para que le sirvan el balón en bandeja con un te, al estilo inglés.
Este país está muy mal. Suena la Marsellesa en el estadio del Manzanares y el público abuchea al más hermoso de los himnos de Europa que tiene una letra sin par que ya la quisiéramos los españoles. Luego truena la Marcha Real española, y la marea roja de hinchas de la Selección, canta el “lolo, lo lolo” sin pudor y con el Rey, firme y puesto en pie, que acudió al palco a por una foto, porque ahora el monarca está adornado del don de la ubicuidad para hacerse perdonar lo del elefante y lo de Urdangarín y llena los telediarios hasta el amanecer. Puede también que el Rey fuera al estadio a ver si pillaba otra vez al ministro de Educación para borbonearle otro poco como en la Fiesta Nacional y tirarle de esas orejas de marciano que luce Wert como si fuera el lugarteniente del Mekong, el líder malo de los comics de Flash Gordon.
Las cosas están tan mal que Merkel, en vez de darnos un rescate por las buenas y como Dios manda, nos ofrece un rescate virtual en el que el dinero se ve pero no se toca. Y en la Moncloa están como unas castañuelas diciendo eso de que menos es nada. Y en estas estábamos, con el dinero sólo virtual aunque sea en 3D, y La Roja deshilachada y tirando un partido que tenía ganado por la borda, cuando de pronto descubrimos que los chinos aquellos de la chirigota ‘La Pepi’ de los últimos carnavales de Cádiz, tienen montada en Madrid una mafia de dinero negro, comercio barato y de tráfico de mercancías de no te menees.
Y claro ahora nos acordamos que, no hace mucho tiempo, el presidente de Mercadona, Juan Roig, sacando pecho y luciendo músculo, hizo el elogio de los bazares chinos y nos dijo que “tenemos que imitar la cultura del esfuerzo con la que trabajan los chinos”. Vamos, que había que trabajar como chinos para prosperar en estos los tiempos de crisis y desesperación. Pues se ha lucido Juan Roig, el artista de la mediana calidad y todo baratito a la vista del gran escándalo de la operación ‘Emperador’, que ha descubierto un gran tinglado de mafias chinas dedicadas al lavado de dinero y a la cultura, no del esfuerzo, sino de la explotación laboral, con fajos de billetes escondidos en los cajones y sacados de España en maletines o bolsas de viaje, con empleados sin contratos laborales y comisiones para la corrupción de políticos y miembros de las fuerzas de seguridad. O sea, la cultura del esfuerzo para delinquir.
Imaginamos que a Roig -después de lo de la comida mala para los perros y los líos de sanidad de ciertos productos de su famosa parafarmacia- se le habrá quedado una cierta cara de sorpresa al ver cómo al que se consideraba el emperador chino mandarín de los bazares madrileños y españoles, Gao Ping, se lo han llevado los picoletos de la Guardia Civil, mientras los agentes de policía registraban su hortera mansión.
Jugaba Juan Roig, partiendo de los chinos, a defender el modelo barato de sus marcas blancas, como las armas blancas del comercio, que ya le han dado algún susto, cuando lo que se ha de primar, y en estos tiempos de crisis económica y del IVA por las nubes con mas razón, es otra cosa: la cultura de la sensatez, de la calidad, el buen servicio y la salubridad y la seguridad de lo que se compra y en lo que se invierte. Y en el ámbito del comercio de calidad el líder indiscutible de todo esto es El Corte Inglés.
O sea, otro mito que se derrumba, el de los bazares chinos de todo a un euro, el tiempo innovador del comercio ratonero y espantoso de baratijas de todo tipo que está llenado los centros comerciales de las ciudades de toda España, y al que tanta admiración parecía tenerle Juan Roig, hasta presentarlo como un modelo empresarial para el pueblo español. Y encima, lo de la Selección.