Nº 1136 -  23 / V / 2013 
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Universo infinito

La nueva estructura económica internacional (III)

Ramón Tamames
 

El pasado jueves 4 de octubre, empezamos esta serie sobre el nuevo mundo de las relaciones internacionales en lo económico -procedente de un reciente trabajo auspiciado por la Fundación Cajamar – refiriéndonos, primero de todo, a las Grandes Potencias. Para seguir, el viernes 12 con el estudio de las grandes transformaciones del escenario global (demográficas, ambientales, incluyendo empresas multinacionales y ciclos económicos), para hoy jueves 18, ocuparnos de la trama de la cooperación económica; en el sentido de que se tiende a reducir las barreras a los intercambios, para facilitar el comercio y, en definitiva, el desarrollo mundial.

10. Cooperación económica: del Plan Marshall al G-20 (1944/2012)

Del bilateralismo económico de la Gran Depresión y de la economía de guerra (1929-1945), se pasó a la cooperación económica; con el mayor impulso para ello procedente del Plan Marshall (1948/52). Que no sólo contribuyó a reconstruir la economía europea -con facilidades para disponer de bienes de equipo, recursos energéticos y materias primas-, sino que, además, favoreció la liberalización económica a escala europea, a partir de los pequeños mercados nacionales, compartimentados y plagados de proteccionismo. De ese modo, los intercambios de todo tipo se hicieron más fluidos, y el sistema de pagos pasó a ser multilateral; experimentando de ese modo, el comercio intraeuropeo un rápido crecimiento, que contribuyó a reforzar la cooperación y, ulteriormente, la integración económica en el marco de la economía globalizada. Un contexto, en el cual el G-8 como elitista directorio económico internacional (que integran EE.UU., Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón y Rusia), transfirió, en 2008, sus funciones económicas al G-20. Un foro económico de alcance planetario, representativo del 75 por 100 de la población mundial y el 80 por 100 del PIB global; pero que todavía está muy lejos ser la gobernanza económica mundial que tanto se necesita.

11. Transacciones internacionales: del GATT a la OMC

En la difícil economía de postguerra, la Carta de La Habana de 1947, promovida por las Naciones Unidas, abrió cauce a las primeras negociaciones comerciales contra el bilateralismo proteccionista generado por la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial (1929/1945). Lo cual se realizó siguiendo los términos del Acuerdo General sobre Comercio y Tarifas Aduaneras (GATT por su sigla inglesa); una iniciativa occidental en la que no participaron ni la URSS ni los países de su órbita. Siguieron, luego, las referidas tratativas dentro del GATT, a fin de rebajar, progresivamente, las barreras arancelarias y suprimir los contingentes; así como para desmantelar otros obstáculos del comercio mundial. De esa forma, el intercambio mundial se hizo mucho más activo, tras ocho sucesivas rondas de negociación, al término de las cuales (Ronda Uruguay), el GATT se transformó, en 1995, en Organización Mundial de Comercio (OMC/WTO). De modo y manera que, actualmente, la OMC rige los más diversos aspectos de la globalización: comercio de energía, materias primas, productos manufacturados y agrícolas; movimiento internacional de capitales; derechos de propiedad intelectual e industrial; servicios de todo tipo y especialmente financieros; y TICs. Sin que haya alternativa a ese progreso de la globalización, que parece definitivamente irreversible… pues de otro modo se volvería al enfrentamiento interbloques con fuerte riesgo de retornar a la guerra fría.

12. Comercio y ayuda al desarrollo: UNCTAD, Norte-Sur, ODM, AOD

En la década de 1960 se hizo patente la necesidad de una acción global para el desarrollo de los países menos avanzados más allá de los términos del GATT. Lo exigieron los países que por entonces estaban haciéndose independientes de sus antiguas metrópolis, de lo cual se hizo eco la ONU, con la celebración de la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD en la sigla inglesa); que tuvo lugar en Ginebra en 1964, con la meta de un crecimiento mundial del 5 por 100 acumulativo anual del PNB a lo largo de diez años. Para ello, se idearon nuevos mecanismos: sistema de preferencias generalizadas, financiación especial, facilidades de transporte, precios estables para los productos básicos (commodities), etc. Cuatrienalmente desde entonces, se han celebrado doce Conferencias UNCTAD en los más distintos países, siendo la última la de Doha 2012. Sin embargo, por los insatisfactorios resultados de tales encuentros, la ONU estableció el año 2000 los Objetivos del Milenio (ODM), para reducir la pobreza, merced a la ayuda oficial al desarrollo (AOD), con el horizonte de 2015. Con resultados hasta ahora poco relevantes, de manera que se ha llegado a hablar de la disolución de la UNCTAD o de su fusión con la OMC.

13. Financiación internacional: el Banco Mundial y otras entidades

El desarrollo económico y social se basa fundamentalmente en el factor trabajo y en la inversión de capital. Y la transferencia de este último a escala internacional, tuvo su primer gran impulso a partir de una de las dos instituciones de Bretton Woods (1944): el Banco Mundial (BM). Creado inicialmente para la reconstrucción de Europa, si bien es cierto que a partir de los grandes aportes del Plan Marshall, para la recuperación europea occidental (1948/52), el BM se centró en la ayuda a los países menos desarrollados. Luego, se haría la ampliación de sus actividades, merced a una serie de agencias e institutos complementarios, dirigidos a ayudar al Tercer Mundo. A lo que se agregan, en la actualidad, muy diversos recursos, bilaterales y multilaterales; incluyendo los llamados fondos soberanos de inversión -de los Estados con mayores reservas internacionales como China, países árabes petroleros, Noruega, etc.-, que han adquirido gran relevancia. No obstante, la insuficiencia de capital sigue siendo el dogal que dificulta el progreso de los países menos avanzados.

14. El FMI y la estabilidad financiera mundial

La añoranza del viejo y eficiente patrón oro asociado a la libra esterlina desde mediados del siglo XIX, y definitivamente suspendido en el Reino Unido en 1931 -como consecuencia de la Gran Depresión-, permitió que en la Conferencia de Bretton Woods, 1944, surgiera, en el marco del FMI, un nuevo sistema monetario internacional (SMI). Configurado como patrón de cambios oro-dólar según las pautas de John Maynard Keynes por el Reino Unido, y Mr. White por EE.UU.

Ese sistema de convertibilidad y gran fluidez de pagos, hizo posible un gran desarrollo del comercio internacional; merced a la convertibilidad monetaria y los tipos de cambios fijos. Un sistema que funcionó hasta 1971, y que solo dejaría de hacerlo por los abusos del principal promotor del mismo (EE.UU.). Lo cual, en 1971, llevó al Presidente Nixon a declarar la inconvertibilidad oro del dólar, y a realizar, seguidamente, dos devaluaciones del billete verde. Surgieron así los cambios flotantes, que persisten ahora con toda clase de turbulencias monetarias; pues el FMI, en vez de ir por la senda de un nuevo SMI, busca, sobre todo, la estabilidad financiera internacional, en un mundo económicamente cada vez más globalizado.

15. Simplificación monetaria y posible moneda global

La ya comentada ruptura del SMI del FMI, a partir de 1971, y los subsiguientes cambios flotantes, generaron toda clase de problemas a escala internacional; en paralelo a la simplificación monetaria (Stanley Fisher dixit), derivada de la creciente concentración del comercio mundial en las dos mayores monedas, competitivas entre sí: el dólar y el euro, sin que actualmente sea posible apreciar ninguna clara tendencia en cuanto a hegemonía de una sobre la otra. Por ello mismo, lo más razonable sería la creación de un nuevo SMI, a base de un acuerdo de tipos de cambio fijos entre las dos monedas internacionales citadas; más el yen, yuan, etc. Todo ello, en pro de lo que podría acabar resultando, con el tiempo, una unión monetaria mundial; con una moneda global para la que se propone el nombre de Cosmos. Ese signo monetario podrían ir asumiéndolo progresivamente los países debidamente preparados para ello, según reglas preacordadas. Propósito todavía defendido por pocos, pero realizable en un plazo no lejano. Sobre todo, si se tiene en cuenta el imparable proceso de globalización.

Terminaremos el próximo día esta serie, con una amplia referencia a las cuestiones de la integración económica. Y mientras tanto, como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.com, en castecien@bitmailer.net

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