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Cuando se le pregunta por la capacidad de Francia para vencer la resistencia de Alemania, el socio europeo que mayores trabas está poniendo a la aplicación de los acuerdos del pasado mes de junio, el presidente francés responde: “Tomamos decisiones conjuntas en el Consejo Europeo de junio. Y hubo unas indudables consecuencias positivas: la calma volvió a los mercados. El BCE contribuyó aclarando sus modalidades de intervención. Es decir, por lo que a mí respecta, todo el Consejo europeo del 28 de junio, nada más que el Consejo europeo del 28 de junio, pero aplicado con la mayor rapidez posible. El objetivo es regularizar todo de aquí a fin de año. Ya nadie piensa que el euro vaya a desaparecer ni que la eurozona vaya a estallar en pedazos. Pero la perspectiva de que va a conservar su integridad no es suficiente. Ahora debemos salir de la crisis económica”.
En el camino para reforzar el papel de Europa, el mandatario francés exclama en otro momento de la entrevista: “Acabemos con esas cumbres “a la desesperada”, esas cumbres “históricas”, esas citas excepcionales. Y que en el pasado no han logrado más que éxitos efímeros. Los mercados actúan todos los días, las decisiones de las empresas son instantáneas. Europa no puede seguir yendo con retraso”.
Hollande, que evita cualquier atisbo de crítica hacia la intransigencia de Berlín y de la canciller alemana, Angela Merkel, cree que “cuanto antes salgamos de la crisis de la eurozona, es decir, antes podamos arreglar la situación griega y antes consigamos financiar a tipos de interés razonables las deudas de los países bien gestionados, antes regresarán los inversores a la eurozona. Disponemos de todos los medios para actuar: el Mecanismo Europeo de Estabilidad, reglas de intervención del Banco Central Europeo. Utilicémoslos”.
El presidente francés reafirma su compromiso con el crecimiento frente a la estricta austeridad que se ha aplicado hasta ahora en la UE y muy especialmente en la eurozona. A su juicio, “la vuelta al crecimiento significa movilizar financiación a escala europea, y ese es el pacto que aprobamos en junio, pero también mejorar nuestra competitividad y coordinar nuestras políticas económicas. Los países que están en superávit deben relanzar su demanda interior mediante un aumento de sueldos y una bajada de retenciones, es la mejor forma de expresar su solidaridad. No es posible, por el bien de todos, imponer una cadena perpetua a unas naciones que ya han hecho sacrificios considerables si sus poblaciones no ven, en algún momento, los resultados de sus esfuerzos. ¡Hoy es tan importante la amenaza de la recesión como la de los déficits!” Y, en esta línea, considera que la tasa sobre las transacciones financieras, recientemente aprobada por el Eurogrupo, “va a ser objeto de una cooperación reforzada” y que puede contribuir a paliar la situación de los más perjudicados por la crisis: “Once países la han aprobado. Me gustaría que el producto de esta tasa se destine en parte a proyectos de inversión y en parte a un fondo de formación para los jóvenes”.
Para Hollande, es urgente actuar “respondiendo a las demandas de los países que han hecho las reformas exigidas y deben disponer de financiación a un precio razonable. Por último, poniendo en marcha la unión bancaria. Quiero que todo esto se arregle de aquí a fin de año. Entonces podremos abordar el cambio de nuestros modos de tomar decisiones y la profundización de nuestra unión. Esa será nuestra gran tarea para el comienzo de 2013”.
Casi al final de la entrevista, hace una referencia expresa a los países que atraviesas por mayores dificultades: “Me dirijo a españoles y portugueses, que están pagando caros los desaguisados cometidos por otros: ha llegado la hora de ofrecer una perspectiva que no sea solo la de la austeridad. España debe poder conocer las condiciones concretas para acceder a las financiaciones previstas por el Consejo Europeo del 28 de junio. No tiene sentido seguir añadiendo lastre”.
El presidente francés reconoce que en Europa ya hay varias velocidades y añade que “Francia es el nexo de unión entre la Europa del norte y la Europa del sur. Rechazo la división de Europa. Si Europa se reunificó no fue para caer a continuación en el egoísmo, el sálvese quien pueda. Nuestro deber es fijar reglas comunes en torno a principios de responsabilidad y solidaridad. Como francés, hago todo lo posible para que los europeos sean conscientes de que pertenecen a una misma comunidad”.
En su opinión, la mayor amenaza que pesa sobre Europa es “la de que ya no la queramos. La de que se considere, en el mejor de los casos, una mera ventanilla a la que acudamos, unos en busca de fondos estructurales, otros de política agrícola y un tercero en busca de un cheque, y en el peor de los casos, un reformatorio. Tiene que dar sentido a su proyecto y eficacia a sus decisiones”. No obstante, está convencido de que Europa saldrá adelante: “Europa sigue siendo la más bella aventura de nuestro continente. Es la primera potencia económica del mundo, un espacio político de referencia, un modelo social y cultural. Merece que reaccionemos para renovar la esperanza”. Y, al final, cuando se le pregunta si ha pasado lo peor, su respuesta es: “Lo peor, es decir, el temor a la ruptura de la eurozona, sí, creo que ha pasado. Pero lo mejor no ha llegado todavía. Tenemos que construirlo nosotros”.