La política es el arte de lo posible y a veces de lo imposible y en ocasiones, y según los actores, tiene mucho que ver con el teatro siempre y cuando los actores alcancen un cierto nivel. Y en eso hay que reconocer que Italia, como Gran Bretaña, ha dado buenos actores -Monti y Draghi son los únicos que embelesan a Merkel-, aunque si de lo que se trata es de la comedia del mundo, entonces hay que mirar a Francia y recordar a Moliére. Su ultima obra ‘El enfermo imaginario’ nos viene al pelo porque ese es el papel que desempeña Rajoy en el proscenio europeo, aunque lo suyo estaría mas cerca de ‘La venganza de don Mendo’.
Todo apunta que, como en la obra de Moliére, al enfermo crónico español nos van a aplicar por fin la lavativa del rescate, pero con un exquisito cuidado para evitar que se espanten los mercados y que nadie vea en nuestra imaginaria enfermedad males mayores de los precisos. De ahí la nueva y exquisita fórmula del “rescate virtual”, que le permite a Draghi comprar bonos españoles a tres o cuatro años, a Merkel decir que no hará falta poner mas dinero en el MEDE y que no hay riesgo de inflación, a Monti subirse a este carro de la farsa y la lavativa cuando le interese y a Francia darse un respiro porque ello será un cortafuegos del incendio del gran sur de Europa, el de España e Italia, cuyas llamas ya se atisbaban desde lo alto de la Torre Eiffel de París.
O sea, que a España le van a conceder -ahora cuando terminen las elecciones vascas y gallegas y como quería Rajoy- un “rescate virtual”. Es decir que la UE te enseña el dinero y, como decían las coristas del viejo Cabaret a los clientes, “lo que se ve no se toca”. Se trata de disuadir a los especuladores con una fórmula mágica en la que España pide el rescate, la UE le dice que sí y le abre las puertas a la intervención del BCE, y la “estricta condicionalidad” o los nuevos ajustes y reformas que se exigirán a España bajarán el tono y el rigor de los calendarios para no asfixiar al enfermo, como ya ocurre en Grecia y Portugal. Y como pasa en España por más que en Madrid seguimos aparentando una buena salud que no es precisamente de hierro.
Lo que está claro, y lo ha dicho el presidente de Francia, François Hollande, es que vamos a una Europa a varias velocidades y que España no estará en el vagón de primera clase donde ya tienen sus asientos reservados Alemania, Francia, Holanda y Finlandia, los de la triple AAA de calificación internacional. España, por ahora, viajará en la segunda clase del tren europeo, a pesar que Rajoy se da aires de ‘grandeur’ cuando dice ante las narices levantiscas de Merkel que hay que avanzar hacia la unión bancaria y fiscal, el gran tema de la cumbre de la UE que ahora comienza y en la que se quiere, de una vez por todas, lograr el compromiso de Berlín para espantar los malos augurios que pesan sobre el euro y la UE.
Digamos que las grandes decisiones se esperan para el mes de noviembre, cuando pasen las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, y conozcamos todos los detalles de ingeniería financiera que está reinventando la UE en los talleres del BCE, a ver si arrancan a la vez los dos rescates españoles de la banca y el del Estado, sin que ello repercuta en el déficit español, y una vez que De Guindos ponga en marcha el banco malo para completar el cuadro médico del enfermo imaginario español.
Lo que unido a una leve mejora de Italia, menos presión sobre Grecia y Portugal, al progreso de unión bancaria con inspección del BCE -aunque sea para 2014 para dar tiempo a París y Berlín para que retoquen sus bancos que no están bien- y de la unión fiscal (con ajustes paulatinos del déficit de los Estados) si todo esto avanza a finales del presente año Europa renacerá. Y por primera vez en mucho tiempo se alejará el fantasma del miedo al gran fracaso del euro y de la UE. Alejando esa imagen pésima que detesta Hollande de la Europa de ‘la ventanilla’ para pedir y el ‘reformatorio’ para reñir. Y si la Europa financiera y fiscal se consolida será tiempo de hablar de una Europa política. De esa que Rajoy calificó ayer de “fiable, creíble y previsible” que es lo que suele decir el presidente español de sí mismo. Aunque desde luego, como definición, le va mejor el monólogo de don Mendo en el que se dice aquello de: “siempre fuisteis enigmático y epigramático y ático y gramático y simbólico y aunque os escucho flemático sabed que a mí lo hiperbólico no me resulta simpático”.

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