Caso de que los nacionalistas escoceses ganaran el referéndum acordado por David Cameron, Premier del Reino Unido, y Alex Salmond, su homólogo en la región de Escocia, accederían a un techo competencial, de autogobierno por descentralización, inferior al que tiene Cataluña en términos de derecho conforme a los rangos de autogobierno español establecidos por la Constitución de 1978.
Pero sería más bajo todavía el autogobierno escocés, si, entre otras circunstancias, para entonces el TC (Tribunal Constitucional) no hubiera cubierto por entero la hoja de ruta recién comenzada con la sentencia de ahora mismo en cuya virtud con la revocación de la Ley de Comercio aprobada por el Parlament, quedan anuladas cuantas multas fueron impuestas a las empresas mercantiles (algunas hasta de un millón de eraos) que no atendieron en catalán al público, debiéndose devolver a las sancionadas el importe de las mismas; siendo canceladas asimismo aquellas otras sanciones que actualmente se encuentran en tramitación.
El desmadre normativo de la Generalitat catalana, cuyo ritmo de expansión ha sido de largo mucho más vivo que el de las respuestas del TC para corregirlo – problema agudizado por la iniciativa socialista en tiempos de Felipe González de quitar el Recurso Previo de Inconstitucionalidad -, la tiene en términos de hecho y contra el derecho fundamental, con capacidades sustancialmente muy superiores a las que un día acceda la británica administración regional de Escocia.
El grado de manipulación al que se aplicaron las autoridades autonómicas de Cataluña, de especial manera durante el Gobierno Tripartito, por las obsecuencias de Rodríguez Zapatero, ha reconvertido la naturaleza del sistema catalán, virándolo por la vía fáctica desde el inicial paradigma constitucional al formato de un régimen empedrado de inconstitucionalidad, entre otras causas por la incapacidad física del TC para dar abasto a los recursos que le han sido presentados y, en sus respectivos momentos, por la demora del centroderecha a la hora de recurrir, por encontrarse enredado en pactos políticos con los nacionalistas catalanes y vascos.
Pero a lo que íbamos. El portavoz del gobierno de la Generalitat ha poco menos que bosquejado el preámbulo de la “internacionalización del conflicto” anunciada por Artur Mas, como presidente en funciones de la misma, en el caso de que les fuera “tumbada” la consulta que se trae entre manos. Desde el barcelonés Palacio de San Jaime, ha denunciado el portavoz que se enviará una comunicación al primer ministro de Escocia y al Premier británico para felicitarles por la firma del acuerdo y para que se vea la diferencia de trato contenida entre ese diálogo ejemplar entre británicos y el expresado por las manifestaciones del titular español de Justicia, advirtiendo de las consecuencias con que penalmente se califican, clasifican e imponen a ocurrencias políticas contra la ley como las de Artur Mas.
En todo caso es necesario advertir que el sentimiento mayoritario de los catalanes es algo que posiblemente excede a la manifestación del 11-S y que, potencialmente, ante el 25 de Noviembre, lo que se sustanciará en las urnas catalanas será la confrontación entre el “seny” o buen sentido y la “rauxa” o propensión al despropósito.
PD.- Es emocionante la sintonía de Patxi López con la sensibilidad nacionalista catalana asumiendo los argumentos de Francesc Homs sobre la fineza democrática del independentismo.