Nº 1136 -  23 / V / 2013 
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Espacio de batientes

¿Balcanización de España?

José Javaloyes
 

“Si nos tumban la consulta tendremos que internacionalizar el conflicto”, declaraba ayer Artur Mas, dándole otra vuelca de turca a sus desafíos soberanistas al cumplirse un año más de la ejecución en 1940 de Luis Companys, que fue presidente de la Generalitat. Añadiendo el “president” que “muchos como éste han pagado con su vida la defensa de Cataluña”, y fiando que “estando en momentos de democracia, paz y civismo… “podamos hablar con normalidad del hecho nacional de Cataluña y del proceso en que estamos inmersos”.

Se progresa de esta manera y se ahonda en la radicalidad del discurso político de Mas como único y excluyente mensaje electoral ante las urnas autonómicas del 25 de Noviembre. Un enfoque que patentiza la realidad de que la materia soberanista elegida es manto de suficiente amplitud para tapar el soberano fracaso y el cumplido desastre en que ha consistido la política de los gobiernos nacionalistas y social- nacionalistas que se han sucedido en la Generalitat.

Pero lo novedoso y más relevante ahora no son las causas inmediatas y más obvias de esta radicalización del discurso soberanista sino el giro hacia el exterior, con la amenaza de su internacionalización en el caso de que el Gobierno active las medidas legales pertinentes para detener el desbordamiento de ese discurso, cuya legitimidad se pretende sostener en la naturaleza pacífica del procedimiento y en la condición democrática del sistema político vigente. Partiendo, claro está, desde el inadmisible sobreentendido de que la norma democrática sea inerme, sin capacidad alguna para hacerse cumplir y respetar. ¿Para qué género de electores habla el presidente de la Generalidad? Sólo para quienes piensan y sientan como él, para los catalanes que a su condición de nacionalistas sumen la ignorancia de los más elementales principios del Derecho Público y del propio sentido del Estado.

Aunque ya el colmo del despropósito en esta línea de argumentación por parte de Artur Mas ha sido su queja de “algunas reacciones” de la Administración Central del Estado ante el “proceso de libertad” emprendido “no son precisamente las que corresponden a un Estado de talante democrático y plenamente pacífico. ¿Quién le hace los discursos de emancipación a este personaje? ¡Qué sonrojante confusión entre el qué y el cómo de las cosas! ¿Qué resquicio de factibilidad dispondría Cataluña o cualquier fracción territorial del Estado, otra Autonomía (que es eso en lo que consiste), para llevar nada ante Bruselas o ante Washington al objeto de recabar asistencias políticas contra la nación a que pertenece?

Conviene recordar cómo a este respecto, durante el último Pleno, al abordarse la cuestión de las aspiraciones de Croacia a formar parte de la Unión Europea, se suscitó el tema del Kosovo, que declaró unilateralmente su independencia de Serbia. Ni en un primer momento ni ahora reconoció España la condición estatal de esos kosovares. El lío nacionalista de los Balcanes no debe ni puede trasladarse a ningún otro espacio europeo. Pero tampoco otros procesos nacionalistas en Europa presentan ninguna compartida característica de fuste con la danza conjunta de Artur Mas y los obispos catalanes – tan alejados algunos de ellos al respecto con la doctrina cristiana del bien común (de los españoles todos, de fuera de Cataluña y de Cataluña misma) -; o de la causa de los flamencos belgas que aspiran a confederarse dentro de un Estado con la consistencia histórica de una tela de araña; o del tema de Escocia, cuyos nacionalistas aspiran a disponer de un estatus autonómico semejante al que Cataluña disfruta actualmente dentro de la unidad nacional española con mucho más autogobierno que el que disponía en su ensamblaje medieval dentro del Reino de Aragón.

Sí es merecedor de que se tome nota del salto semántico de Más cuando pasa a hablar de “conflicto” en Cataluña, como si un cascote dialéctico de Terra Lliure hubiera caído en la sopa de sus despropósitos. ¿O es que un segundo discurso del “pacifista” Mas ha entrado en fase con la onda del MNLV ahora instalado en Bildu y otros neobatasunos?

Y junto a ello son de advertir también las eventuales llamadas del nacionalismo catalán a ese wilsonismo norteamericano que pareció trasuntar de las palabras en todo caso entrometidas del embajador Solomon, al hilo de la detonante Diada de hace un mes y cuatro días.

En todo caso, atención a eventuales y probables sincronías en la presión catalano-vasca. No cabe olvidar la entrevista con los etarras de Carod Rovira, cuando éste era el segundo de la Generalitat, en el sureste de Francia y a los acordes del Último Tango.

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