La colección de despropósitos que hemos oído y oiremos a propósito del independentismo es una medida del triste nivel de la cultura en este país. El periodista Màrius Serra enumera cinco: Fernández Vara declarando que Cataluña debería retornar ciento cincuenta mil extremeños, a lo que Quim Monzó comentaba que siendo él charnego, ¿qué mitad suya debía volver? ¿la superior o la inferior? Vidal Quadras queriendo enviar un general de la Guardia Civil a Cataluña. Mayor Oreja asegurando que la retransmisión de las manifestaciones por la tele incita a más gente a manifestarse. El ministro Wert diciendo que las escuelas catalanas son fábricas de independentistas. El ministro Guindos al negar la necesidad de rescate ante estudiantes europeos de economía (esto no veo qué tiene que ver con Cataluña).Y Juancho Armas Marcelo explicando que como Poncio Pilatos venía de la Tarraconense, la guardia pretoriana que ajustició a Cristo eran catalanes.
Eso último yo mismo se lo oí contar a Salvador Dalí que se lo había dicho García Sanchís cuando estaba de director de la Academia de España en Roma. Supongo que Juancho estaba citando a Dalí y García Sanchís que estaban de broma, máxime sabiendo que a este despropósito Ernesto Giménez Caballero apostilló : “¡Claro, eran catalanes, por eso se jugaron la túnica del Señor a los dados!” Que eso es el surrealismo. Lo malo es tomárselo en serio en la época del abstracto y las instalaciones.
Y resulta que al caso se ha añadido el ex Felipe González con: “No se puede reformar la Carta Magna para suicidar a España”. El chico sigue sin aprender a hablar: suicidar no es un verbo que se predique de otro; nos suicidamos, no nos suicidan, si nos lo hacen otros se dice nos matan. Si alguien reforma la Carta Magna, no suicidarían a España, la matarían, por cuarteamiento, para seguir la metáfora.
Felipe me desilusionó desde que leí -no escuché, leí- su primer discurso. Era como Cantinflas, sonaba serio, implicado, trascendente, pero leído uno no encontraba la menor idea. El medio era el mensaje en los discursos de Felipe González. ¿Todavía no ha aprendido?
En todo caso el suicidio de España no sería reformar un documento redactado por consenso hace cuarenta años, sino negarse a debatir democráticamente el cambio de aquel consenso.
¡Ah! ,última noticia: Wert: “Mi interés es españolizar a los catalanes”: ¿Dónde estás Carandell, con tu Celtiberia Show?