Nº 1136 -  23 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Baumgartner y los miserables

Marcello
 

No se habla de otra cosa, el austríaco Félix Baumgartner ha batido el récord del mundo de salto en paracaídas, desde ¡más de 39.000 metros de altitud! Y además ha roto, en caída libre, la velocidad del sonido. Y eso ¿para qué sirve? Pues no se sabe, es una especie de triunfo deportivo, un récord extraño de esos del Guiness. A lo mejor puede que sirva para vender una marca de paracaídas en este tiempo en el que tantos ciudadanos españoles, y de muchas partes del mundo, van en caída libre hacia no se sabe dónde.

En España podríamos organizar una carrera en caída libre a ver quién baja más rápido subiendo previamente en un globo, hasta los 40.000 metros de altura, para quitarle el récord a Félix, el gato austriaco y volador, a nuestros líderes: Rajoy, Rubalcaba, Urkullu y Mas. Para ver cúal de los cuatro baja más rápido y llega antes a la tierra, algo que logrará el que más tarde en abrir el paracaídas. O puede incluso que alguno, con tal de ganar, no lo abra y de un saltito en los metros finales, a fin de cuentas Urkullu es de Bilbao.

Lo cierto es que en este país los que van en caída libre son los ciudadanos, y una gran parte de ellos sin paracaídas y en pésima situación personal, familiar y laboral. Estamos hablando de los desamparados, de esos que llenan por las noches los soportales de la Plaza Mayor de Madrid, o de esos que aparecen en la portada del diario The New York Times, lo que indigna al Gobierno de Rajoy, diciendo más mendigos en Nueva York que en España.

Ahora Pepe Oneto nos informa que la Cruz Roja internacional está pidiendo limosna para ayudar a los indigentes españoles, de manera que esa aportación que el Príncipe Felipe hizo en la mesa petitoria donde estaba la Princesa Letizia no era para ayudar a los niños de Somalia sino a los miserables de España, a los que el Gobierno de Mariano Rajoy, empezando por la china Cifentes, no ha dedicado tiempo ni ayudas especiales. Para los bancos y las autonomías en quiebra hay miles de millones, pero para nuestros miserables españoles ni un euro, ni siquiera un esfuerzo especial de asistencia, comida, cama, mantas y medicinas.

A no ser que “la caridad estatal” la esté llevando a cabo, desde el silencio y la humildad, la ministra Ana Mato de Sanidad, lo que no parece que sea así. Esto lo debería controlar la vicepresidenta Soraya, por muy desbordada que esté con otras cuestiones que al Gobierno le parecen de más interés, pero que no lo son. Hace ya varios meses que se lo dijimos, y le invitamos a visitar las colas del hambre al anochecer. Pero no hay manera, el Gobierno como dice Rajoy “a lo que hay que estar”, es decir en campaña electoral porque en Galicia se juega mucho el presidente del PP.

Además si no hay dinero para retransmitir el partido de España con Bielorusia -un millón y medio- que formaba parte del pan y circo de la vida nacional, pues con más motivo parece que no hay dinero para la cosa asistencial. Si lo hay, por ejemplo, para hacer un empalagoso y manipulado programa de televisión semanal al servicio de la Familia Real, y en cuyo estreno se ocultó la bronca del Rey a Rajoy, en el desfile, sobre el “pobre Wert”, como en su día se escondió la Diada, algo muy propio de ese tal Somoano, el publicista preferido de Rajoy, Soraya, la Castro y la Consuelo que tampoco son como la Casta y la Susana de don Hilarión.

Y nos dice Rajoy: “fijaros si está la cosa mal que nadie ha querido comprar el partido de la Selección”. Él tampoco tiene buena cara, está delgado, habla de su aparente sosiego ante las dificultades, lo que da idea de su drama interior, y ya reconoce que lo de la UE y lo de Alemania es otro lío, como diciendo que se equivocó al no pedir el rescate al día siguiente de que Draghi abriera la puerta del BCE. Ahora es la Merkel la que no quiere, porque de España se teme lo peor. En noviembre se conocerán las cuentas del déficit, la inflación, el paro, las pensiones y de las elecciones catalanas, y entonces se conocerá a que velocidad baja España en caída libre. Puede que a dos veces la velocidad del sonido. En ese caso si alcanzaremos un récord mundial. Pasaremos en un suspiro de la Champion, que decía Zapatero, a la tercera regional.

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