Nº 1137 -  24 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Doña Elena ‘castigada’ e invitados de segunda

Marcello
 

Desfile austero del 12 de Octubre pero brillante parada militar en el corazón de Madrid, en la plaza del Rey Neptuno, mismo lugar donde se dan cita los indignados contra la clase política en sus recientes convocatorias para rodear el Congreso de los Diputados. En el desfile sólo una nota discordante y grave error de protocolo de la Casa Real: la impresentable marginación de la Infanta Doña Elena, su exclusión nunca vista del palco real y su ubicación en una segunda tribuna de autoridades, por detrás del Gobierno, y junto al líder de la Oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Y otro grave error de Protocolo, nunca visto en las recepciones oficiales del Jefe del Estado, el Rey don Juan Carlos, en el Palacio Real: la segregación de los invitados en dos grupos o dos clases: los invitados oficiales del gobierno e instituciones, pasados por el salón del trono para saludar a la Familia Real; y los representantes de la Sociedad Civil (periodistas, editores, artistas , escritores y también militares y embajadores) pasados directamente a la sala de tomar copas (a esos “que les vayan dando un refrigerio” debió decir Rafael Spottorno), sin saludar a los Reyes y conducidos por la puerta de atrás y los pasillos y salas próximas a las cocinas. Es decir por la zona “de servicio”.

Vamos por partes. Para tapar la ausencia en la Fiesta Nacional y en el desfile de la segunda infanta, Doña Cristina, por causa del escándalo de su esposo Iñaki Urdangarín, a algún imbécil del palacio de La Zarzuela se le debió ocurrir que si no iba doña Cristina –por sobrados motivos porque aunque no declare ante el juez sí esta afectada en el caso Noos-, mejor era que doña Elena tampoco estuviera en el palco real donde habitualmente estaba toda la Familia Real. Con lo que al final se ha castigado a doña Elena que, dicho sea de paso fue la dama mas elegante del desfile y en la posterior recepción en el Palacio Real. Y al final con esta marginación se convirtió en noticia y consiguió lo contrario de lo que se pretendía: que todo el mundo hablara del caso Urgandarín.

Y ahora vamos a la recepción en el Palacio Real. Un evento en el que ¡otra vez! el Protocolo de la Casa Real volvió a meter la pata hasta el corvejón discriminando a escritores, artistas, embajadores, periodistas y militares a los que metieron en una sala del Palacio Real por la puerta de ‘la cocina’, evitando su paso por el saludo oficial al Jefe del Estado, como siempre se hizo. Saludo reservado este año (el pasado se suspendió por la cojera del Rey) sólo para la tan denostada ‘!clase política!’, el gobierno, otras autoridades y representantes de instituciones públicas. Los que, precisamente, deberían de ejercer de coanfitriones del Rey y quienes debieron  ceder el paso prioritario a la Sociedad Civil, y especialmente a los militares, primeros protagonistas de la fiesta nacional en este día tan especial.

Desde luego, si seguimos así esta monarquía durará muy poco, y a lo mejor hemos asistido a la última, o a una de las ultimas, recepciones oficiales de los Reyes en el Palacio Real (que, por cierto, pertenece al Patrimonio Nacional y no a la Casa Real). Porque sólo faltaba ver la pérdida de las más elementales formas de la cortesía Real, para entender el deterioro creciente de La Corona. Un Rey que: pide perdón a sus súbditos; que renuncia a la solemnidad de sus discursos en un asunto tan grave como el de Cataluña, para reducirlos a una breve carta en su página web; que se deja sentar en un autobús junto a Artur Mas, en el mismo día que el parlamento catalán aprueba un referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña; y que consiente que se margine a la infanta doña Elena, y se organicen listas de invitados de primera y segunda clase en Palacio Real, un Rey así, o está mal aconsejado o ha perdido el sentido su función y de la realidad nacional.

Le preguntaron una vez al ilustre pintor Antonio López sobre el retrato de la Familia Real que lleva ¡años! pintando y sobre los distintos miembros de la Familia vistos desde la óptica del pintor. A lo que el artista respondió: “lo que más me ha impresionado ha sido la fuerza, la elegancia y el carácter que transmite la Infanta doña Elena”. Pues bien, en vez de reforzar el palco real del 12 de Octubre con esta gran dama, a un genio o a una malvada se le ha ocurrido ‘castigarla’. Lo que ella ha asumido con gran prestancia y dignidad.

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