Nº 1136 -  23 / V / 2013 
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Marcello

OPINIÓN

Maruja Torres desnuda a Cebrián

Marcello
 

Menudo bofetón en los morros le ha atizado Maruja Torres a Juan Luis Cebrián desde su columna de contraportada de los jueves del diario El País, esta vez titulada “Los pobres”, en referencia al que ha sido un infame discurso de Cebrián para, desde su opulencia, justificar el ERE, jubilaciones y el despido de 150 trabajadores del diario El País. El que por ahora simula que dirige un tal Javier Moreno y sus muñecos, los de los “bonus” con algoritmo, que son en definitiva la guardia pretoriana de capo millonario de Prisa.

Maruja es la mejor columnista de El País y grande de España, aunque no tenga título como el conde de Godó, a quien el Rey debería quitarle “la grandeza”  por su alta traición a España y connivencia con el independentismo de la burguesía de Cataluña. Otros “pobres”, como diría Maruja, que lloran con la mano en la cartera mientras suena Els Segadors, para ver si entre todos y con la ayuda de los “sans culottes” logran convertir su Autonomía en un Principado monegasco con paraíso fiscal y a Oriol Pujol -en el papel de Alberto de Mónaco-, como cabeza de la nueva dinastía a la que sirve con devoción el President Artur Mas.

Una de las pocas ventajas que tiene esta crisis es el desnudo. La gran y perversa movida internacional y española ha dejado a todo el mundo en “pelota picada”. El Rey desnudo -ante el NYT-, el presidente Rajoy como Dios lo trajo al mundo, enseñando sus carencias, el líder de la oposición, Rubalcaba, peludo y veloz cual “homo sapiens” o mandril, Gallardón posando como el discóbolo, a Esperanza Aguirre de Lady Godiva cabalgando por la Gran Vía de Madrid, a Cospedal cual Gracia de Rubens, a Pujol como un sátiro saltarín, y a Cebrián en bolas y pidiendo en la Academia el cambio de letra de su sillón porque prefiere la “X” de “clitorix” y Pedro J., desnudo y con correajes al estilo del Marqués de Sade, como le dijo un día Paco Umbral. Eso si el que dará el cante va a ser Rouco, en la portada de Interviú (como su sobrina) y con el que hay gran expectación es con Botín, vista su exhibición de las bermudas rojas de Ferrari ante el Rey.

En la mascarada nacional del poder español, el club privadísimo de “los caballeros de la cama redonda”, donde brillan puñales, y brillantes, y monedas de oro en los salones dorados del atardecer, empieza a apreciarse una cierta inquietud, porque como por arte de magia a muchos de estos prebostes se les ha caído la careta o el disfraz -Matías Cortes iba vestido de Menina-, y ahora todos ellos los poderosos están en bolas, Ana Patricia y la Doncausa también, mientras el pueblo ruge y adora furioso a la estatua de Neptuno, que se ha pasado de ser el Rey de los Mares, a líder del Atlético de Madrid de Cerezo y de Falcao, y también a capitán general de los indignados que ya han prometido regresar a las inmediaciones del Congreso de los Diputados. Para que se divierta la Cifuentes -a esa le gustaría posar de “Maja desnuda”- y desvaríe el ministro de Interior, ahora que Alberto/Discóbolo acaba de endurecer el Código Penal con la cadena perpetua, y mientras Sorayita, un querubín rollizo de Murillo, estudia la posibilidad de suspender, puede que también a perpetuidad, el derecho de manifestación.

La España del poder está en bolas. Al desnudo. Sin un clavel y tiesa como la mojama. Pero en ella todavía cabe un resquicio de libertad hasta en los más angostos caminos. Maruja Torres nos lo acaba de demostrar.

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