De nuevo la educación sirve como arma política que arrojar a la cabeza de los rivales. El Estado hace aguas. La Sociedad, también. Y que el sistema educativo ande completamente perdido entre planes muy sencillitos y teorías psicopedagógicas sin fundamento tan solo sirve para potenciar las muchas crisis que sufrimos en España, especialmente grave la de valores.
Al mismo tiempo que el ministro de Educación ha puesto su cabeza en bandeja de plata ante los independentistas con su deseo de “españolizar” a los alumnos catalanes, varios medios de comunicación han vuelto a hablar del milagro educativo finlandés. Pero quizás sus virtudes sean demasiado obvias para un país plagado de ciegos adscritos a sinecuras.
Por lo que sé, las grandes virtudes del sistema educativo finés son las siguientes:
- La enseñanza en inglés es tan importante como la del finlandés, o la del sueco. Quizás más.
- Ser maestro es una carrera dura a la que solo acceden los mejores. Aunque no esté bien pagado, para un finlandés supone todo un honor convertirse en profesor. Allá los maestros tienen prestigio social.
- Durante el aprendizaje del chaval los padres son parte esencial. Aunque haya menos horas lectivas, los progenitores lo compensan pasando mucho tiempo con sus hijos, llevándoles asiduamente a las espléndidas bibliotecas municipales y apoyándoles en esas cosas que no se pueden aprender en la escuela.
- Aparte, el sistema finlandés promueve que cada alumno es un individuo completamente diferente que tiene una manera distinta de aprender. A cada niño hay que educarle según sean sus necesidades y querencias.
Sin embargo, esto no cala en España, donde lo que se resalta del sistema finlandés es lo del menor número de horas lectivas, el descanso entre clases y la escolarización a partir de los 7 años. Nada de esto sería posible sin el apoyo familiar, sin la presencia constante y responsable de los padres, sin un entorno social propicio al conocimiento.
Aparte, si Finlandia siempre comanda los resultados del informe PISA se debe a su trato individualizado del alumno, algo a lo que ayuda el que sea un país pequeño con una natalidad baja. En cualquier caso, a la postre todo se reduce a la dedicación de maestros y padres para potenciar los rasgos personales de cada alumno para construir individuos que sepan pensar y, así, puedan convertirse en buenos ciudadanos, a su vez dispuestos a educar a sus hijos como seres humanos únicos en su individualidad.
Por eso, de nada sirve hablar de mochila digital, de reválidas, etc. Si no cambia el clima social hacia la educación, si no se potencia el individuo desde el rigor y la excelencia, ningún cambio en el sistema educativo servirá de nada. Aquí, por el contrario, seguimos dando pésimos ejemplos hablando de “catalanizar” o “españolizar”… cuando lo que necesitamos son individuos plenamente desarrollados para ser buenos y ejemplares ciudadanos, capaces de pensar por sí mismos y decidir lo que quieren ser y cómo desean serlo.

Pablo Sebastián
José Oneto
Fernando Glez. Urbaneja
José Luis Manzanares
José Javaloyes
Primo González
Juan Fco. Martín Seco
Alberto Piris
Daniel Martín
Ignacio Sebastián de Erice
Fernando Fernández Román
Julián García Candau
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